La Chicotá de Nandel | Acabar sin empezar

Fue tanto tiempo el que te añoré, pero no sé si por convencimiento, por lo poco que te he podido disfrutar en los preliminares al conocernos, saber que ibas a sacar y saciar de mí y en mi, no sé cómo, pero esto se acaba y no me deja regusto a nada.

Mañana, tendremos nuestra cita, quién sabe si la final o habrá alguna sorpresa de ultima hora. Tengo la ropa preparada, los trastos que hacen de mí el perfecto amante, en mi lugar, elegido así hace ya muchos años, pero no sé si tú estarás dispuesta a que pasemos por las calles, que nos perdamos en la noche oscura como parecía, que fuera yo la sombra y tú me iluminases el camino. Yo estaré fiel a la cita, te aseguro que puntual, pero tengo muchas y serias dudas de que tú quieras abrirte a mí.

Abrirte como las puertas gigantes del corazón, y ver cómo se va erigiendo un grupo de fieles amorosos, que te traen, que me anuncian al amor. Abrirte como un cielo que deja ver el azul más puro, que junto a ti, es lo más buscado en esta semana, y quizá uno por otro, otro por uno, no obtenga nada de lo buscado. Qué pena cuando, al menos en esta semana, en la calle, no encuentra uno ninguna señal, ningún atisbo de lo que creía, quería, deseaba o pensaba. No se puede uno adelantar al mañana, tener prisas, aunque la memoria apriete y quiera almacenar más en sus legajos de recuerdos.

Tuviste tanta prisa, que he ido corriendo de un lado a otro sin saborear, y lo más triste, sin quererlo a veces, al menos así tan rápido y veloz, tan impuesto. Tanta ansia en el calendario, las lunas que mandan y esta vez que no aciertan, y esperando estoy que quieran aparecer, pues después de todo, quizá tampoco vengan, sean otra señal de la ausencia y la vivencia.

Como en todo final, habrá que hacer la mudanza con lo que quede del naufragio. Recoger y volver a poner las cosas en su sitio, pero, explícale tú a los más pequeños, que en un final siempre suelen ser los que más sufren y los que menos entienden, el motivo de este adiós sin que nada parezca que haya sucedido. Porque al fin de todo, quedará eso, vacío.

Ahora me iré, a ver si antes de apurar las vísperas de nuestro encuentro, dejo al Córdoba como primero. Luego iré al encuentro de los barrios, e intentaré llenarme la retina con una previa que puede sea, previa y un fin sin comienzo.

Tantas cosas que algunos me dijeron que te tenían que decir, y las que tú y yo hablamos, porque viene tiempo tenebroso con ese pesar que sabes que me acompaña y que posiblemente finalicemos en Mayo para bien o para mal. A ver ahora cómo lo hablamos, si tú, no viene a la cita.

Sin música, sin luz, sin sonidos, sin abrazos, sin llanto, sin risa, sin el tacto y el calor, sin la mirada enamorada, sin Incienso, sin niñez que corretea, sin nervios, sin frío, sin dolor, sin esfuerzo, sin foto para el recuerdo, sin encuentros que te alegran el alma, sin ganas de volver, al menos, hasta que quizá me llames para retomar lo nuestro. 

Será duro, ya nos llaman caballeros en vez de chavales y no somos rocas, pero si más cabales y enteros para aceptar, por mucho que los cuatro entendiditos digan que podemos quedar tú y yo todo el año, esta, era nuestra semana, que no me cuenten rollos, que yo sé cuando quieres lo que tienes y puedes dar, por eso es que me entristece el alma, este acabar sin empezar.