Ya, sinceramente y con los años no es fácil que me quiten el sueño, o los sueños, ni las ilusiones, ni se me escandaliza especialmente por nada, ni se me sorprende prácticamente con nada, aunque he de reconocer que me apena a veces la distancia con algunas personas, su camino que se separa del mío, aunque mejor, cada uno por su ladera.
Los mitos, ¡qué recuerdos nos dejaron!.
Dejaron, si, en pasado, pues algunos han desaparecido públicamente, o están haciendo todo lo posible por dejar de ser eso que fueron.
Admirados, seguidos, idolatrados por sus adláteres incondicionales, ¿total, para qué? Si en activo y ultimando sus pasos en las Cofradías se empeñan en enseñar su cara más oscura, que al final acabará por ensombrecer ese destello que lo llevaba a ser tan único como amado, respetado, o simplemente una estampa que era necesaria.
Músicos que desaparecieron y siguen desapareciendo del panorama cofrade, otros que tragan contra lo que tanto lucharon, y ese «estilo» que ellos no compartían, ahora parece les viene como anillo al dedo.
Costaleros que siempre defendieron el sello del paso de sus Hermandades. Verdaderas instituciones en las trabajaderas que aunque algún que otro capataz puso en el alambre, siguieron al pie del cañón para pese a todo, ser los pies de sus Titulares, con más o menos ilusión por circunstancias de cambios inexplicables en el andar o la música, pero que ahora, ya cabizbajos aceptan nocilla por jamón ibérico. Ellos, a la tostada y poco más.
Podría darles nombres y hablaríamos de mitos, pero para mí ya no lo son, y no merecen ser nombrados.
Ese hombre, cual estela desaparece paulatinamente, que parece que quiere que así sea y manda los pasos de igual forma y manera, pero sin ese toque, ¿cómo lo diría? No hay recuerdo u cariño a los tiempos pasados, a la amistad y a los que ahí de una forma u otra estuvimos.
Todos sabemos de quién estoy hablando, todos los comentan, aunque en bajito, que sigue teniendo poder y fuelle.
Todos se reúnen y piensan que su retiro no será tan dorado.
Unos lo comentan, algunos se extrañan, unos se apenan y otros se sorprenden, la única sombra que queda ya, es la del traje negro en su andar, no hay estela de grandeza pues se ha perdido lo humano, todos los saben, aunque nadie lo diga.





