La Chicotá de Nandel | Juan, muere lo sagrado

No he tenido tiempo, o ni siquiera he querido subir a mis redes fotos de esta Semana Santa. Esas que te haces con amigos, que rebotan de aquí a allá, y acabas encontrando dentro de unos años y te hacen mucha ilusión, te desempolvan incluso los ojos, y te hacen echar la mirada atrás.

Pienso que cuando pasen unos años a lo mejor, ya ha muerto todo. Tengo yo esa impresión. Nadie pone puertas al campo porque vivimos cada día más libres, porque somos cada día más abiertos, y se está viendo que en esto está quedando todo como un solar, una pista de baile donde hay que ir muy guapo, con brillos, y bailar mucho, mucho, para la puntuación en Tik Tok, para la visualización y seguidores. Cada vez queda menos de lo sagrado, o lo que al menos yo así consideraba como tal.

Yo nací en una Cofradía, viví de primeras manos lo que era una Hermandad hasta que ya muy crecidito y bastante escarmentado, decidieron que mi lugar era el de engrosar una lista de hermanos que quedó muy vacía, enseñaron la puerta a muchos, hicieron la vida imposible a otros, pero los que decidimos quedarnos al menos, habíamos vivido lo que nos enseñaron y sabíamos lo que debíamos predicar y enseñar.

En dos días te ha cambiado la nomina de «hermanos activos». Sí, esos que están en la Hermandad ahora todo el día y tú no conoces, pero es que a ti tampoco te conocen, y si la persona en cuestión tiene educación pues lo mismo hasta te habla con respeto o se interesa por preguntar quién eres, qué haces allí. Por lo demás, no pueden enseñarte nada, pues no han vivido más que la «new age», o sea, nada.

Hay quien no ha sufrido trabajando en la Cofradía, ni sabe lo que es sufrir debajo de un paso, ni ha tenido el dolor de la pérdida de algún abuelo o padre cofrade, más que nada porque son ellos los que han comenzado su historia, vienen con lo puesto, y si me preguntan, no, no quieren saber, porque no lo saben, ni lo que costó aquello, ni cómo se hizo. Lo importante es usarlo ahora para irnos «a la calle», como diría el gran angelito, y echar el día como si de un fin de año fuera la cosa, mejores galas, y a enamorar a Córdoba, o eso exclaman. Seguramente Córdoba ya está manida y como la forman los «lobbies de la new age», ‘palante, y echa más pólvora en el caldero, quieren jarana hasta que se escuchen los fuegos de artificio.

Y los fuegos de artificio este año pues se han mojado. Pólvora mojada que ha dejado muestras de que todo está muriendo poco a poco.

Vivimos en una tiranía total en nuestro mayor estamento. Se trata al personal como si fuéramos de Cuenca, como si hubiera que pedir permiso por respirar, ya no se tienen en cuenta ni las formas ni los sentimientos. Todo al traste en segundos por las decisiones de los que ocupan la corte.

¡Qué falta ha hecho la salida de Sentencia y Vía Crucis por las calles! 

Ha hecho falta para ver al mejor cortejo en cuanto a organización, para ver lo que es una COFRADÍA SIN «K», para observar que entre el incienso venía Cristo, ya muerto, por las callejas donde no caben los pasos y sus coreografías, ni aplausos, solo lo sagrado que agoniza, como una Semana Santa de la que ya poco queda, y el traspaso de generación en generación ha quedado interrumpido por la generación venidera que no ha aceptado este traspaso, pues todo lo están reescribiendo. Hay una new age, una nueva Semana Santa, y hay que irse despidiendo de la otra que va muriéndose por las callejas vacías de Kofrades, y donde los Cofrades van a observar el ritual de como la Córdoba Cofrade acompaña a Cristo muerto.

No se cuida un detalle, pero de los importantes. No se concibe un paso que no traiga un espectáculo que agrade a los cuatro niñatos de mierda que van a ver si circo, que ¡oiga, esto tiene que moverse más! 

Tampoco se respeta nada. Viví, tras muchísimos años, la entronización, desde la puerta lo hice, del Remedio de Animas en San Lorenzo.

Es mejor que el año que viene aua hermanos cierren la puerta a Córdoba, ellos sigan con sus ritos de la antigua era, no la «new age», pues aquello era una feria de chiflidos, de paso de personas voceantes, y se ha perdido ese momento místico que Cordoba te regala gracias a esta gran Hermandad. También muere poco a poco este momento, que son los que si llueve, pues ha llovido, pero has vivido lo poquito que podías, intentando volver a tu niñez, a tu juventud, cuando todo te decías, ¡ya está aquí!, ya habían llegado los momentos de la Semana Santa.

Viene mayo, y viene como viene, con mayúsculas en la cartelera. Viene, y llegará como todo lo que hemos conseguido con la «new age». A las 2:00 te irás para un pub, para una disco con los colegas, y a buscar a Susana que te dio ayer su Telegram o su Instagram, porque eso de estar con los amigos, un cajón, guitarra, y cerrar una cruz como a muchos he visto hacer, es la melancolía de lo pasado, eso ya no volverá, y menos hasta casi la amanecida, que a los vecinos les sobra un tambor, un cajón, y en verdad es el latido de Córdoba a lo que llaman ruido y les molesta.

Ahora todo es un río de orina desde Capuchinos a Santa Marina, donde se tambalean los de la «new age», en busca ya de Susana buscando no quedarse sin batería. Los «bro», no han tarareado una sola de las Sevillanas porque no tenían autotune, y para ellos «Los Romeros de la Puebla», son una venta que hay saliendo para la Carlota ya en desuso y medio caída en su fachada.

Vendrá la feria y tendremos que usar una linterna para ver al de al lado, la oscuridad en antros que simbolizan la muerte de lo sagrado, oscuro, como el presente, que ya no futuro, ya presente, consentido por los que mandan en el consistorio hace miles de años, los de ahora ya solo siguen rodando la rueda, nadie va a ponerle freno, hasta que todo se muera.

Juan Serrano, salvando a Arancha. Intentando enseñarle a un maleducado, un fantoche, un gilipollas de tomó y lomo, que su lengua viperina no debe manchar el noble arte del toreo, que para eso ya está la Córdoba de la «new age». 

«Tabernero» queda ya en el recuerdo, aquel toro indultado, donde la clase, la pureza del toreo, la estética cuidada al mínimo detalle, no ha cambiado, pues cuando ves a Juan, nada a cambiado, se mantiene igual, de mente y cuerpo, pero él, ya sabrá de lo que les hablo, la «new age» quiere artificios, ruido y jarana, y Juan, no es invitado a la fiesta de unos que no conocen el aroma ni de nuestra plaza, ni del toreo que ya con Juan muere, con olor a incienso de nuestra semana santa, que ya muere, con lo sagrado, que ya muere, ¿nadie va a hacer una ralla en el suelo y parar todo para volver a lo nuestro? ¿A lo puro? ¿A echar a estos payasos de la «new age» o reconvertirlos?

Tristemente no, la rueda sigue, Córdoba languidece, así que otro año más Juan, muere lo sagrado.