Ser de Santiago es tan elegido como rocambolesco a veces. Tan de familia como de barrio. Tan de estirpe, como que pueden rajar o quemar tu apellido, mandarlo al olvido, o simplemente no recordar por lo que estamos todos aqui, ahora, y por lo tanto, que no es poco.
Santiago es la garantía de la alegría, pero hace mucho que se ha utilizado, y desde dentro, para nombrarlo con bufonería.
El payaso, triunfa, realiza su logro, en este caso el payaso, ya hace años que dejo el espectáculo y más aún, las telarañas en la caja fuerte.
Santiago es moreno, como lo puede ser ese Cristo, que es el de mi niñez. O lo puede ser el padre y el hijo, todo a la vez, moreno y no de color sino, de apellido.
Acertados, vilipendiados, desaceleración, obstáculo para la paz, vamos, padre e hijo, que ríase usted de la familia Del Nido.
También he escuchado que esta familia está llena de excesos y todo en una noche, y qué razón llevaban los que lo proclamaban. Es muy excesivo, que Moreno padre, aún reciba los… ¡¡¡Vuelve, único, cómo me acuerdo!!! Moreno hijo, ni aspira, ni va en ese carril.
Sin Junta de Gobierno, al menos apreciable, y que me perdonen mis amigos, se presentó, e intentó convencer a Santiago, de lo que ya sabía Santiago, y es que volveríamos tal y como nos íbamos.
Así fue pasada la tarde, le podríamos llamar noche, y tan pura, limpia, llegaba la Reina de Santiago.
Nadie está realmente, realmente preparado para lo que ocurre en, o, a cada segundo de un día de lluvia, amenazante, o de tormenta.
Yo solo doy gracias, porque aunque la gente de Córdoba, con dos gotas saque un paraguas, aunque la gente de Córdoba, vea esto una falta, o incluso una locura, yo, lo admito. Yo soy de Santiago, y eso, es toda una cura y a la vez, toda una locura.
Vente, te invito, cuando te invada este veneno, ya para ti no habrá cura… Serás ya hijo del crucificado que antes fue nazareno, e hijo de la limpia y pura





