La Chicotá de Nandel | Se sobran y se bastan

Hay dos tipos de personas, unas se sobran y se bastan en el poder.

Encantados de la vida, tienen el timón, su cuello se alarga como la mayor de las jirafas africanas dejando a los mortales, números en una nómina de hermanos que, ¿a quién le importa? Ellos son el summum de la grandeza en un líder, aunque sea un vocalucho, no lleguen ni a presidente de la comunidad, con menos inoperancia que el amigo Juan Cuesta en aquella mítica frase con la que tanto reímos.

Se llega al poder y comienza a sonar el teléfono, organiza esto, hay que hacer aquello, me prometiste esto, no has hecho tal o cual cosa, y no te desafía la preocupación por las demandas, prometiste hasta que lo conseguiste, y ya, eres el poder, el que maneja el cotarro.

Si vienen malas hay muchos donde repartir la crítica. Es que yo dije, pero al final no se me tuvo en cuenta. También me encanta la frase de «yo fui, como siempre, el único que apoyó esto, el único que estuvo en contra». Pues amigo, si eres el único que siempre va a favor con todos en contra, en contra con todos a favor, deja esa Junta de Gobierno, ese grupo. Ellos no van de la mano contigo, solo que no tienes necesidad y menos la intención de soltarte, te sobras y te bastas con el poder.

Luego tenemos al otro grupo. 

Hemos salido tras tantos años de una monotonía casi necesaria que lo mismo no hemos pisado una Hermandad en nuestra vida, pero estuvimos cinco minutos de su historia en el poder, nos sobraba y nos bastaba, ya lo decía el viejo costal en una frase que tanto repetía, «ni tú podías aspirar a más, ni la Hermandad a menos».

Ahora echamos en falta ser el summum de algo, de lo que sea, aún, siendo líder de la crítica por esa inoperancia, torpeza, invisibilidad en trabajo o soluciones, éxitos personales siquiera que aportar en solitario a la causa. Pero lo echamos en falta.

Ya no nos suena el teléfono, quizá algún trasnochado como tú, que también necesita el poder cual agua que beber, te llama, inventa una revolución que comienza esa tarde y termina esa misma noche, pues al día siguiente todo ha quedado sofocado, la madrugada es sabia, ve que todo ha sido un arrebato, un ascua que ha saltado del picón de lo que tuvimos, que añoramos recuperar, pero es ya tan difícil… Ahora es de otros, y para que ocurra lo que decía el viejo costal, tienen que alinearse nuevamente los planetas para un milagro que no hará más que retomar el retroceso de la Hermandad.

Unos con el poder, ¿y nosotros? Hay que reunirse, organizarse, seremos la oposición feroz, buscaremos botarates arduos en perfiles falsos en redes que critiquen, que insulten, que estén a la mínima, dispuestos. Si hay que ir por lo personal dañando a personas por su condición, la que sea, adelante, el ascua aún arde, que sepan que seguimos vivos, que no nos mató nuestro fracaso, pues somos unos fracasados y lo excepcional ha sido el ratito de éxito, el que duró nuestro nombramiento, los catorce que aplaudieron y poco más. Fue escaso el minuto y medio de éxito, 1.460 días en el calendario, «casi ná», con el poder nos sobra y nos basta.

Desde dentro unos, aceptando donaciones de los que están fuera, haciéndolo los primeros estreno suyo, trabajo exquisito en el engrandecimiento de la Hermandad, pecho de palomo, exaltación de una gestión envidiable. La poca vergüenza y la nula dignidad personal.

Desde fuera otros, criticando hasta que la Imagen ya no sonríe igual, falto yo a su lado, y ese, «cuando yo estaba, cuando yo decidía», pues todo iba mejor, hasta el Titular era más Cristo y su Madre sonreía aún en su pena.

¡Qué mundo este más complejo!

Con el tiempo, te basta con estar en medio. Te intentas acercar sin que te confundan los del poder con los que quieren usurpar su mandato, llamas, intentas ayudar, pero si se sobran y se bastan, te marchas por donde has venido, que ver a los Titulares cuando la Iglesia anda vacía, (casi siempre) te sobra y te basta.

Cuando con el tiempo, ves a unos y a otros, unos te comentan de su liderazgo, de los cambios, olvidándose de que hay cambios de enseres pero no se ve la recuperación humana de personas que como tú, eres del grupo que no aspira a nada, que nunca aspiró a nada, y siguen en su casa, pues lo echaron de su segunda casa, su Hermandad.

Los otros te dicen que tras más de 700 días de poder, ahora es cuando van a recuperar al material humano que ellos mismos apretaron a más no poder, hasta que se pasó la rosca, y rotos se fueron a sus casas, con su verdadera familia, la que ahora ven su única casa, y desde allí, admiran y rezan con amor a sus Titulares, que se puede, y a veces hasta se debe, y tiene que ser así.

Unos con el poder, otros intentando recuperar el poder. ¿Y la dignidad? Sin desempolvar, como siempre. ¿Y las promesas? En el olvido, como siempre. ¿Y los de el grupo sin grupo que intentan seguir ayudando sin pedir ni querer nada, y son vapuleados? No aprenden, como casi siempre.

Las hermandades, esa sociedad limitada en su ochenta por ciento, donde a algunos, cuando llegan al poder, ya con eso, les sobra y les basta.