La crónica | Cachorro, elegancia medida

El crucificado de Ruiz Gijón protagonizó un exquisito traslado de cinco horas hasta la catedral

Desde primera hora de la tarde se han congregado cientos de sevillanos y visitantes ante la Basílica del Santísimo Cristo de la Expiración.

La portentosa imagen aguardaba el momento de reencontrarse con la ciudad para la procesión Magna tras el frustrado Viernes Santo en el que la lluvia impidió disfrutar del Señor por las calles de la ciudad.

Pasaban veinte minutos de las cuatro de la tarde cuando la imponente imagen salía a los sones de la marcha real seguidos de los característicos tambores destemplados.

Tras ello, sonaba “Cachorro, saeta sevillana” y la imagen de Ruiz Gijón iniciaba su camino hacia la Seo hispalense, acompañado por un nutrido grupo de hermanos que conformaban varios tramos.

Cabe destacar el curioso exorno floral compuesto de un monte silvestre de flores moradas, una estampa inusual en este paso de Cristo que generalmente porta una variedad vegetal de color rojo.

El Señor de la Expiración recorría la calle Castilla para llegar al Altozano en torno a las seis de la tarde, continuando por el Puente de Triana hasta Reyes Católicos.

El repertorio durante todo el traslado ha sido espléndido, con interpretaciones de la Banda Municipal de la Puebla del Río tan extraordinarias como “Macarena” de Emilio Cebrián, “Nuestro Padre Jesús”, “Nuestra Señora del Patrocinio”, dedicada a la dolorosa de la corporación o «Pasa la Virgen Macarena», de Pedro Gámez Laserna, materializando uno de los momentos más especiales de la noche.

El Señor llegaba al Baratillo sobre las ocho de la tarde, y tras un breve saludo a la corporación del Miércoles Santo proseguía su trayecto hacia la catedral, entrando en la misma a las nueve y diecinueve minutos.

Cinco horas de traslado y un reguero infinito de emociones ha dejado el Cachorro, siendo la última dentro del templo mayor sevillano, donde ha saludado a las imágenes marianas de la provincia (Nuestra Señora de Setefilla de Lora del Río, Nuestra Señora de Consolación de Utrera y Nuestra Señora de Valme de Dos Hermanas), y a la Virgen de la Esperanza.

Ése encuentro entre el crucificado y la dolorosa del arrabal trianero ha enmudecido a propios y ajenos, reinando el silencio en las naves catedralicias mientras el Señor y la Virgen se miraban frente a frente.

Tras este momento precioso, el Cristo de la Expiración se ubicaba junto a la Esperanza, poniendo punto y final al solemne traslado.