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La Crónica | Córdoba recupera su Cabalgata de Reyes

No era tan difícil lograr que la Cabalgata de Reyes de la ciudad de Córdoba volviese a ser lo que debe ser: una cabalgata de Reyes. No una versión anticipada del Carnaval. Ni eran necesarios grandes dispendios, ni medidas arriesgadas, ni propiciar una revolución estética, ni que las carrozas se presentasen a los ciudadanos de Córdoba envueltas en banderas rojigualdas. Simplemente se trataba de aplicar el sentido común, de respetar la tradición heredada, y de no olvidar la esencia religiosa que es seña de identidad de la Navidad y en concreto del día de la ilusión. Pretender modificar eso, como intentó hacer el anterior equipo de gobierno de la ciudad, suponía profundizar en esa extraña e inquietante ingeniería social que lleva aplicando la izquierda desde hace cuatro décadas con el objetivo de eliminar cualquier reminiscencia que, aunque sea por el forro, recuerde a la religión católica. 

Conviene recordar, en este sentido, las palabras de la Teniente de Alcalde de Promoción del Ayuntamiento, Marián Aguilar, quien subrayó en la presentación de la cabalgata que «lo que venimos a representar esa noche que no es otra cosa que la Adoración de los Reyes Magos al Niño Jesús». Aplicado el sentido común del que les hablaba, la Cabalgata de Reyes de Córdoba ha vuelto a ser una Cabalgata de Reyes, ni más ni menos, por extraño e irritante que a algunos les pueda parecer. Catorce carrozas entre las que, además de las esenciales con Melchor Gaspar y Baltasar -lo único que otros no se atrevieron a erradicar-, han figurado las escenas bíblicas de la Anunciación, la Visitación y el Portal de Belén, para sorpresa de los más recalcitrantes que habrán echado de menos la insoportable batucada. 

Dos bandas procesionales, la de cornetas y tambores de Nuestro Padre Jesús Humilde en su Coronación de Espinas, de la Hermandad de La Merced, y la Banda de Música del Cristo del Amor, que, como cada año, con un repertorio perfectamente adaptado para la ocasión, conformado esencialmente por villancicos populares, han hecho las delicias de los miles de niños y mayores que se han agolpado a lo largo de todo el itinerario para recibir a sus Majestades de Oriente en su entrada triunfal, este año sí, en Córdoba. 

Un cortejo, en el que no han faltado personajes infantiles como los protagonistas de la saga Toy Story o Mascotas y Alicia en el País de las Maravillas, conformado por unas 700 personas -200 de ellas, niños- que han llevado la ilusión a más de 150.000 cordobeses, según cifras estimativas del consistorio. Carrozas a las que se han sumado la del Hospital Universitario Reina Sofía y la de Pidetaxi, para engrosar una comitiva a la que por primera vez se han incorporado personas con diversidad funcional, en concreto «70 personas de la federación provincial de minusválidos» y en la que la guinda ha sido la colaboración de los dos equipos deportivos de élite de la ciudad, el Córdoba Club de Fútbol y el Córdoba Patrimonio de la Humanidad de Fútbol Sala. 

Tras la recepción que tuvo lugar a las 16 horas en el Ayuntamiento de la capital, donde se escenificó la ofrenda de los tres Reyes Magos al Niño Jesús, (no quiero imaginar la cara de Pedro y los chicos del circulito morado), Sus Majestades se desplazaron a la plaza de Santa Teresa, en el Campo de la Verdad, para dar comienzo a una Cabalgata en la que se han repartido 203.500 bolsas de gusanitos, 1.026 de conguitos, 60.000 de cacahuetes y pipas peladas, 950 kg de chocolatinas, 1.050 de esponjitas y 2.500 de gominolas, que se han sumado a los 9.000 kilos de caramelos y 160.000 unidades de productos infantiles. 

Respecto a la seguridad, el cortejo ha discurrido por el tradicional itinerario por el que lo viene haciendo en los últimos tiempos en el que se han implementado tres tramos con vallado elástico, en la Avenida del Campo de la Verdad, hasta la plaza de Andalucía, en el Paseo de la Victoria hasta la Plaza de Colón y desde la Puerta del Colodro hasta el final de la Avenida Agrupación Córdoba, en previsión de mayor afluencia de público en esos enclaves. 

Todo ello para componer una entrañable tarde noche, preámbulo de la madrugada más hermosa del año, cuajada de sonrisas, brillo en las miradas e ilusión latente en aras de recuperar una Cabalgata que algunos pretendieron convertir en otra cosa -seguirán intentándolo si recuperar el poder, no lo olviden- y que, más allá de los pequeños ajustes y mejoras que se puedan ir introduciendo con el paso de los años, vuelve a ser la Cabalgata de Reyes de la ciudad de Córdoba, la de siempre, la tradicional, la genuina, la que fuimos a ver de la mano de nuestros padres y nuestros abuelos y la que queremos dejar de herencia a nuestros hijos. 

Sean buenos y que sus majestades les traigan lo que merecen que para darnos malos ratos ya están Pedro, Pablo y sus amigos.

 

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