Córdoba, ⭐ Portada

La Crónica | Domingo de Ramos, la Semana Santa de los niños

La hora que nos han quitado esta noche hace mella en los ojos de Rafalito Cuaresma, pero no en su ánimo. Cuando ha entrado por la ventana la luz del sol, del mismo sol que recibiera a Jesús en las puertas de Jerusalén, ha dado un salto con la ilusión del niño que se viste por primera vez de hebreo para acompañar al Señor de los Reyes en su Entrada Triunfal.

Nuestro cofrade cordobés, como todos los cofrades del mundo, siente hoy un cosquilleo especial, el mismo que le ha impedido recibir el sueño con la facilidad acostumbrada. Como niño en la noche de los Reyes Magos, el nerviosismo por lo que comenzaba hoy le mantuvo inquieto, rememorando lo vivido estos dos últimos días de la Cuaresma y trayendo a su memoria imágenes de Semana Santa de años pasados. Semana Santa a la que espera volver pronto.

Hoy es día de Realejo y Axerquía. Día del arrabal más allá del río. Día de Santiago y de Trinitarios.

Sabedor de que éste va a ser el comienzo de unos días distintos a los que ha vivido en sus años de cofrade, se dispone a dar buena cuenta de estas jornadas con el mejor de sus ánimos; con el consuelo de, al menos, poder visitar iglesias, altares y pasos.

Su madre, doña Dolores Santacruz, le recordó el dicho popular propio de este día. Y dado que quien no estrena en Domingo de Ramos, no tiene manos, nuestro amigo se ha colocado los calcetines con nazarenos que le regaló otro amigo amante de este mundo, su camisa con motivos taurinos bordados en el pecho y esa corbata alegre que hubiera llevado a la cena de su caseta de la Feria, si hubiera habido tal ocasión.

Y como es una Semana Santa diferente, ha decidido que no va a seguir las costumbres y los itinerarios marcados año tras año por las cofradías de cada día, sino que va a disfrutar de una nueva libertad. Y así, ha tomado una decisión que va a dejar reflejada en estas líneas: recorrer las calles de Córdoba sin ir a buscar cortejos, sino encontrándose en estos paseos a las hermandades que tengan su sede por donde transite.

Sin embargo, este propósito lo va a dejar a un lado momentáneamente pues ¿cómo comenzar todo Domingo de Ramos sin pasear por San Lorenzo?

Y en San Lorenzo… la primera sorpresa. Aunque llamarlo sorpresa es como decir que nuestro cofrade es un iluso pues ¿cómo sorprenderse al encontrar una cola de devotos/cofrades/público en general que espera un largo rato para poder entrar al templo mandado edificar por el Rey Santo?

Cuando por fin ha logrado sortear la calle de María Auxiliadora y ha rodeado el jardín que antecede a la arcada de San Lorenzo… El Señor de los Reyes en veneración junto a la Virgen de la Palma en el Altar Mayor. Una iglesia hoy de niños con palmas y ramas de olivo, abriendo la Semana Santa en una mañana de alegría y vítores.

Esta alegría contrasta en el mismo templo con la visión de esa misma Persona en el transcurrir de unos pocos días en aquella Jerusalén. De ser alabado como rey a portar una cruz en sus hombros y verlo crucificado y muerto en ella.

Al salir por la puerta de la calle Jesús del Calvario, el paseo le lleva a la plaza del Alpargate, donde el Rescatado, ya en su paso, y su Madre, la Virgen de la Amargura, muestran, ahora sí, una imagen difícilmente repetible. Los dos pasos montados dentro de la Iglesia de los Padres Trinitarios. Pero para eso habrá que tener paciencia pues son muchas las personas que quieren venerar al Señor y a la Virgen.

Si el pasado viernes, el Cautivo trinitario te esperaba cercano, mirándote a los ojos, bajado a los pies de sus hijos, hoy está ya en su trono de Hijo de Dios, flanqueado por los dos faroles dorados que, las noches como ésta, dan luz a la Luz.

Es mediodía y ha llegado la hora de comer. Momento para un descanso y un pensamiento que comienza a instalarse en la mente de nuestro protagonista: si esto ha sido por la mañana… ¿qué me esperará durante la tarde?

Vamos a organizar el paseo y a llegar a los templos por el camino más corto. Así es que a San Andrés. A visitar al Señor de las Penas, el del torso moreno, y a la Esperanza, la Virgen de los ojos claros.

Uno junto a otro, el Hijo junto a la Madre; ambos en el Altar Mayor de la Iglesia. Y la Cruz en el centro. Esplendoroso altar bajo dosel.

Al salir se dirige hacia la calle Agustín Moreno, dejando atrás la cada vez más concurrida plaza y los jardines dedicados a la familia Sáez.

La cola de devotos esperando a entrar a la iglesia de Santiago comienza a ser más larga de lo visto hasta ahora. Y nuestro amigo tiene que apostarse a la altura de la Escuela Dionisio Ortiz, armarse de paciencia y soportar la temperatura que, a esta hora cambiada, empieza a apretar.

Pero todo esfuerzo tiene su recompensa: entrar al frescor de la Iglesia del Apóstol Peregrino y contemplar al Stmo. Cristo de las Penas con su Madre y el discípulo amado a sus pies, a un lado del Altar Mayor. Y al otro lado el palio que cubre a María Santísima de la Concepción, la Virgen llorosa de mirada perdida.

Los dos pasos están colocados a una altura que no es la habitual a la que siempre los hemos contemplado en la calle. Todo es más cercano, más directo. La contemplación de las Imágenes es desde un ángulo distinto al acostumbrado. Y son nuevas imágenes que se quedan en la mente de quien las venera.

No es mucho el tiempo que se puede permanecer en el interior de las iglesias, pues es mucha la gente que espera, y porque aún le quedan templos que visitar. Y comienza a tener la certeza más arraigada de que le quedan nuevas esperas.

En el barrio de la Axerquía… San Francisco. Y en el interior del templo… Nuestro Padre Jesús de la Oración en el Huerto sobre un Getsemaní dorado y bajo el crucero barroco. Esta noche, la mirada del Señor no encontrará las estrellas del cielo cordobés; aunque sí encuentra el consuelo en todas las personas que se ponen a sus plantas para venerarle.

Y el Señor amarrado a la columna en un altar con un dosel rematado con corona real y flanqueado por sus faroles y el mismo Calvario que hoy recorrería las calles.

Y toda la luz para María Santísima de la Candelaria. En un altar en el que Ella es la propia Luz, la que hace palidecer a toda la candelería que sólo la acompaña, que no la alumbra.

Empieza a notarse que el día es más largo que el de ayer. El sol tarda más en marcharse. Cansado, pero sabedor de que es el último esfuerzo de este Domingo de Ramos tan distinto, Rafalito ha tomado la calle de la Feria abajo, hasta la Cruz del Rastro, la de aquella otra Semana Santa tan distinta de la ya lejana Edad Media de nuestra ciudad.

El ambiente en el Campo de la Verdad es de bullicio. El propio de cualquier domingo primero de la Semana Santa. Y es tentado de acudir a visitar las hermandades con sede en San José y Espíritu Santo. Mas oliéndose una nueva espera en fila, con poca batería ya en el móvil tras todo un día escuchando por sus auriculares su playlist titulada “Vámonos de frente”, decide finalmente eso… irse de frente, a paso de mudá hasta la Iglesia del Cerro.

Y al llegar a los aledaños de la iglesia alta del barrio más allá del río se da cuenta de una certeza: la batería va a morir aquí, porque la espera sí que va a ser larga.

Han sido largos los minutos sin poder darle otra vuelta a las marchas procesionales reescuchadas varias veces hoy antes de poder encarar la entrada a Jesús Divino Obrero. Para el resto de la semana hay que aprovisionarse de baterías y ampliar el repertorio de marchas de la lista.

El Stmo. Cristo del Amor preside el altar que la hermandad ha conformado para hoy, con María Santísima de la Encarnación a sus pies y… el propio Jesús del Silencio.

En un precioso altar que propicia el rezo recogido, las tres Imágenes Titulares de la Hermandad del Amor sirven de broche a este primer día de la semana en que recordamos la Pasión, Muerte y Resurrección de Nuestro Señor.

Nuestro amigo, con los pies cansados, como tiene que ser en un Domingo de Ramos, marcha a su casa dándole vueltas a algunas cosas que ha presenciado hoy.

¡Cómo la gente se ha volcado en la calle con las hermandades! ¡Cómo todo el mundo ha querido participar en esta forma distinta de presenciar las Imágenes!. Pero también le da vueltas a algunos otros aspectos que quizás merezcan una pensada para los próximos días: horarios de apertura, distancias entre personas en las colas, tiempos de espera en las colas.

Llega a su casa tras pasar una última vez por donde comenzó el día, para contemplar la nueva disposición que los hermanos de La Borriquita han dado a sus Titulares para el resto de la semana. Y con la esperanza de que lo vivido hoy sea también culpa de que era el primer día y era festivo. Ya veremos mañana.

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