En una tarde de invierno, en la que el agua parecía que haría una tregua para que Córdoba se volviera a enamorar del Beato Cristóbal de Santa Catalina y su vida, todo apuntaba que su presencia en las calles convertiría la jornada de hoy en un día único y cálido. Numerosos balcones, y de manera especial todas las ventanas de la Residencia de Jesús Nazareno, estaban engalanados con girasoles para recibir al Beato Hospitalario.

El reloj marcaba las 17 horas cuando las puertas de la Iglesia Hospital, ubicado en la antigua calle Carchenilla, se abrieron para que asomase la Cruz Parroquial de San Andrés que abría el cortejo, como muestra de unión entre la Casa Nazarena y la Parroquia. Así se daba paso a un gran número de alumnos del Colegio Jesús Nazareno, todos ellos ataviados con su uniforme escolar. Tras ellos, las representaciones de las Hermandades vinculadas a la Congregación de Hermanas Hospitalarias de Jesús Nazareno e hileras de cirios de devotos, cofrades y Hermanas Hospitalarias. En la Plaza que lleva su nombre los cofrades, devotos y numerosos curiosos vieron recompensada su espera y aguardaron con expectación la salida del cortejo procesional.
El recorrido de la imagen de Antonio Bernal, comenzó con la marcha real, entonada por la banda del Cristo de Gracia, y a continuación comenzó a sonar “Albores”. Tras la pausa y el sosiego de los primeros metros, llegó el instante en el que el Beato Cristóbal al son de “Nuestro Señor” se presentaba antes sus favoritos, por los que tanto luchó en vida, los ancianos de la Residencia Nazarena, dónde los ancianos cantaron el himno del Padre Cristóbal, un momento emotivo y que quedará para la historia. Alguno de ellos se unieron al cortejo del Beato.
Cuando la imagen del sacerdote emeritense empezaba a enfilar la calle Buen Suceso, una leve llovizna, no impidió que el cortejo siguiera su camino hasta San Lorenzo. Pero cuando el paso del Beato Hospitalario se acercaba a la esquina de la calle Jesús Nazareno, una lluvia con más intensidad, obligó a la Congregación Hospitalaria y a la Cofradía del Nazareno, a volverse para su Templo. El cortejo que ya estaba adentrado en la plaza de Juan Bernier, se volvió por su camino y por la calle Jesús Nazareno se dirigieron hasta su Iglesia Hospital.
Así, el Beato Nazareno llegaba a su plaza, a su Iglesia Hospital, a su casa. Y sus niños del Colegio le cantaron su Himno antes de despedirse de Córdoba. Y el pueblo, a pesar del poco tiempo en la calle, satisfecho por ver qué el Padre Cristóbal visitó un año más a sus favoritos, los ancianos de su Residencia. Y ser testigo de algo que ya ha quedado en el calendario cofrade de Córdoba.
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