Dieciséis cofradías han desatado la emoción en Málaga, donde se han citado cofrades a lo largo y ancho de nuestra geografía para disfrutar de un día que quedará grabado a fuego en el imaginario colectivo
Málaga ha vivido este 30 de octubre una jornada para la historia no solo de la ciudad, sino de Andalucía, habida cuenta de que implica el retorno de un gran evento cofrade a las calles tras la crisis pandémica. La Magna con motivo del Centenario fundacional de la Agrupación de Cofradías de Málaga llevaba por lema «Camino a la Gloria«, un lema especialmente simbólico, toda vez que tal y como quedó demostrado, el camino a la Gloria pasaba, pasa y pasará por Málaga. Afortunadamente, la lluvia que venía amenazando el magno evento durante toda la semana no hizo acto de presencia, permitiendo a la Andalucía cofrade acudir a la capital malagueña a disfrutar de algo tan arraigado a su esencia como lo son las hermandades.
A las 13:30h se ponía en la calle el primero de los tronos, el de la Hermandad del Rescate, que hacía estallar en júbilo al público congregado en la calle Agua, ávido de la presencia de cofradías por las calles de la capital de la Costa del Sol, acompañada por la Agrupación Musical San Lorenzo Mártir de Málaga, que interpretaba la marcha «Al Compás de la Calle Agua». Desde entonces fueron sucediéndose las salidas de las demás hermandades, que fueron acogidas con la calidez esperada de los asistentes. Un público muy numeroso que se repartió por los distintos rincones de la ciudad malagueña para esperar a las cofradías.
Destacaba de sobremanera la salida de la Hermandad de la Sentencia, sonando por parte de la Agrupación Musical Virgen de los Reyes de Sevilla «A la Gloria» desde el interior de la casa hermandad de la corporación, engarzándose posteriormente con el Himno Nacional y la marcha «Y al Tercer Día», El imponente trono de la Sagrada Cena se convertía en un verdadero destello de luz en la salida, deparando una explosión de alegría, emoción y alabanzas a sones de la Agrupación Musical Redención de Córdoba, que interpretaba «En la Cena del Señor» y volvió a mostrar un nivel altísimo. A destacar el paso por la calle Pintor Nogales, donde la conjunción entre el trono y la banda deparó momentos incomparables. La Hermandad de los Gitanos volvía a llevar a la Columna a la calle, cumpliendo los anhelos de la fervorosa feligresía de la imagen sagrada, acompañada por la banda de cornetas de la propia hermandad, que muestra que la línea ascendente que venía experimentando desde antes de la pandemia sigue su curso.
En el apartado de tronos de Vírgenes, el majestuoso que cobija a la Virgen de la Consolación y Lágrimas de la Archicofradía de la Sangre volvía a deleitar a la Málaga cofrade, que se tiñó, una vez más, de malva y oro, acompañado por una de las formaciones musicales más destacadas del panorama actual, la Banda de Música de la Paz de Málaga, que volvió a dar razones para pensar que está al más alto nivel en su género musical, con una sonoridad inigualable. El mayestático trono de la Archicofradía de la Esperanza devolvía a la capital de la Costa del Sol a la Reina del Perchel, que hizo las delicias del cofrade malagueño que durante todo este tiempo se ha aferrado a su mirada. Se mecía la Esperanza a los inconfundibles sones de su propia banda. Hablando de música, resultó exquisito el repertorio preparado por la Hermandad de los Dolores de San Juan de la mano del Liceo de Moguer, otra de las mejores formaciones musicales de nuestra tierra. A destacar el paso por las Hermanas de la Cruz, que entonaron salves a la Virgen. El elegantísimo trono de la Virgen de los Dolores de la Archicofradía de la Expiración lucía su ajuar completo salido de los talleres de Esperanza Elena Caro: el manto de terciopelo negro bordado en oro en 1955, la saya de raso blanco, bordada en oro y sedas en 1972 y la toca de sobremanto bordada en 1958. Acompañaba musicalmente la Banda de Música del Maestro Eloy García y Expiración, perteneciente a la propia corporación, que ofrecía una actuación más que notable.
En la casa hermandad de las Reales Cofradías Fusionadas se vivían momentos muy emotivos, siendo la salida triplemente especial. En primer lugar, por ser la primera vez que un trono de la corporación sale desde la nueva casa hermandad. Por otro lado, el más que digno retorno de la Banda de Cornetas y Tambores de las Fusionadas, perteneciente a la propia hermandad, tras el trono de la Exaltación. Luego, tomaría el relevo la Banda de Cornetas y Tambores de la Coronación de Campillos, ofreciendo un nivel altísimo. Finalmente, la composición del misterio también resultaba innovadora, merced a la inclusión de la Virgen del Mayor Dolor y San Juan en el trono. Se recreaba, de esta manera, lo que el fallecido imaginero Antonio Dubé de Luque había ideado para la cofradía malagueña.
El Cristo de la Esperanza en su Gran Amor salía a la calle desde San Pablo, portado sobre su excepcional trono ornamentado con un maravilloso exorno floral dispuesto para la ocasión. El contrapunto sonoro corría a cargo de una de las formaciones musicales más consolidadas en la Semana Santa malagueña, la Agrupación Musical Vera-Cruz de Campillos, que volvía a dar razones de peso para ser considerada una de las más destacadas de la geografía. La Hermandad de Mena recuperaba algo tan intrínseco de la ciudad como lo es el Cristo de la Buena Muerte acompañado por la Legión y su eterno «Novio de la Muerte«, si bien llevaba el acompañamiento musical de la Banda de Música de la Soledad, de la propia cofradía, que pese a su juventud muestra la solidez del proyecto.
La Hermandad del Descendimiento volvía a hacer gala de su habitual elegancia y sobriedad en su retorno a las calles, acompañada por un excelso y cuidado acompañamiento musical interpretado por la Banda de Música Cruz del Humilladero. Todo para mayor gloria de la espléndida imagen de Ortega Brú, acompañada por imágenes secundarias que, para la ocasión y de forma excepcional, vestían ropajes bordados. El Santísimo Cristo Resucitado lleva una rosa roja a sus pies para simbolizar la fuerza y el poder de la vida que permite a la capital malagueña disfrutar de esta Magna «Camino de la Gloria» después de la crisis sanitaria que ha afectado a todo el mundo. El acompañamiento musical corría a cargo de la Banda de Cornetas y Tambores del Carmen del malagueño barrio del Perchel.
Por su parte, la Hermandad de Jesús el Rico recuperaba una estampa histórica, portando una cruz peculiar y distinta a la que carga la imagen cristífera en Semana Santa. Además, precediendo a la cruz de guía en el recorrido oficial, destacaba la escolta de una escuadra de policía a caballo. Acompañaba musicalmente la Trinidad Sinfónica de Málaga. El Sepulcro de Málaga volvía a hacer gala de la más estricta sobriedad, aderezada elegantemente por las marchas cuidadosamente seleccionadas por la corporación, e interpretadas por la Banda Municipal de Málaga.
En el recorrido oficial, abría cortejo la legendaria Banda de Cornetas y Tambores de los Bomberos de Málaga, madre y maestra de este subgénero musical cofrade de la mano del músico Alberto Escámez, encabezada por la bandera de la ciudad de Málaga. Precedía, así a la llegada de la Hermandad de la Pollinica, acompañada magistralmente por la Agrupación Musical de la Redención de Sevilla capital, que hizo sonar de manera exquisita la marcha «Entrando en Jerusalén» a la salida, y tantas otras a lo largo del itinerario.
En definitiva, Málaga volvió a convertirse en epicentro de la religiosidad popular de nuestra geografía, un lugar que, si bien le pertenece por derecho propio merced a criterios de estética, historia, repercusión y tirón popular, en ocasiones se olvida, toda vez que los focos mediáticos suelen centrarse en otros puntos de nuestra geografía. Málaga fue, es y será, un punto clave en el Camino a la Gloria según Andalucía. La normalidad cada vez está más presente, también en lo que a hermandades se refiere. Gracias a Dios.


































