Crónica de la Misa Pontifical de Pentecostés ante la marisma del Rocío
El Domingo de Pentecostés ha dejado una de sus imágenes más imponentes y solemnes en la aldea almonteña. La explanada frente al Santuario de la Virgen del Rocío, abierta al horizonte marismeño, ha acogido esta mañana la celebración de la Misa Pontifical del Jubileo, una solemne Eucaristía multitudinaria que ha hecho historia por su amplitud, simbolismo y profundidad espiritual. Una enorme escenario ha acogido la liturgia propiciando una escena colosal que permite aventurar que este ha de ser el futuro a partir de hoy.
En el marco del Año Santo Jubilar Rociero, la Hermandad Matriz de Almonte ha dispuesto un altar extraordinario, evocador del célebre Congreso Mariano y Mariológico de 1992, para recibir a más de 150 simpecados de hermandades filiales y agregadas, entre ellos el de la propia corporación organizadora. El conjunto, diseñado como un gran espacio litúrgico abierto al cielo, ha servido de epicentro espiritual para miles de fieles congregados a orillas del santuario más querido del pueblo andaluz.
En el centro del imponente altar levantado ante la marisma se ha situado el Simpecado de la Hermandad Matriz de Almonte, verdadero corazón devocional de la jornada, flanqueado por los estandartes de las hermandades filiales y presidido por una reproducción de la imagen de la Capilla de la Anunciación de Roma, signo del vínculo profundo entre el misterio de Pentecostés y la maternidad divina de María. Esta disposición ha subrayado el carácter universal y eclesial del Jubileo, colocando a la Virgen del Rocío en diálogo visual y simbólico con el anuncio angélico que inaugura la historia de la salvación.
El Obispo de Huelva: “Profundizad en el misterio de Pentecostés desde María”
Presidió la Eucaristía monseñor Santiago Gómez Sierra, obispo de Huelva, quien en su homilía dirigió a los rocieros una exhortación clara y firme:.“El Rocío no puede disociarse del verdadero misterio de Pentecostés, de la acción del Espíritu y del llamado de Dios, que nos llega a través de su Madre, María Santísima del Rocío”. Con palabras vibrantes, el prelado invitó a no perderse en los fuegos de artificio externos, sino a ahondar en la esencia viva del mensaje evangélico, tan maravillosamente encarnado —dijo— en la devoción a la Blanca Paloma.
En su homilía pronunciada durante la Misa de Pentecostés en El Rocío, el obispo de Huelva, Santiago Gómez Sierra, trazó una profunda meditación sobre la presencia y la acción del Espíritu Santo en la vida del creyente y en el mundo contemporáneo. Subrayó el valor litúrgico y espiritual de la jornada, recordando que “celebramos el Santo Sacrificio de la Misa, la acción más sagrada y sublime que los hombres pueden ofrecer a Dios en la tierra”, coincidiendo con el aniversario de la Coronación Canónica de la Virgen del Rocío.
El prelado evocó las palabras de Cristo en el Evangelio: “Yo le pediré al Padre que os dé otro Paráclito, que esté siempre con vosotros”, y situó simbólicamente a la aldea almonteña como “un nuevo cenáculo”, donde los fieles claman unidos el don del Espíritu. En una dimensión histórica y pastoral, trajo a la memoria las dificultades afrontadas durante la construcción del actual santuario, citando al primer obispo onubense: “La realidad es siempre resistencia”, expresión que enlazó con una reflexión más amplia sobre la resistencia espiritual del hombre al don del Espíritu Santo.
Apoyándose en las epístolas paulinas, advirtió sobre la tensión permanente entre la carne y el espíritu: “los que están en la carne no pueden agradar a Dios”, contrastando las “obras de la carne” —“fornicación, impureza, enemistades, borracheras”— con los frutos del Espíritu: “amor, alegría, paz, paciencia, bondad…”. Esta lucha interior, dijo, “tiene lugar en el corazón de cada persona”, pero también se manifiesta en los males del mundo actual: guerras, pobreza, corrupción o desprecio de la vida. En este sentido, denunció que muchas legislaciones actuales “invocan la libertad no para dar vida, sino para quitarla; no para proteger, sino para herir”, citando al Papa León XIV.
No obstante, el obispo no se detuvo en el diagnóstico del mal, sino que ofreció un horizonte de redención: “El Espíritu Santo se ha revelado, sobre todo, como el que da la vida”, y alude a la promesa de la resurrección: “Aquél que resucitó a Cristo de entre los muertos dará también la vida a vuestros cuerpos mortales”. Invitó a los fieles a dejarse transformar “desde el interior de los corazones y de las conciencias”, participando así en la renovación del mundo.
En el marco del Día de la Acción Católica y del Apostolado Seglar, hizo un llamamiento a los rocieros: “debemos ser fermento de esperanza”, porque esa esperanza “tiene un nombre, Jesús”, el mismo que “María Santísima del Rocío nos ofrece entre sus benditas manos”. Concluyó citando nuevamente al Papa León: “¡Miren a Cristo! ¡Acérquense a Él! ¡Acojan su Palabra que ilumina y consuela!” y elevó su plegaria final: “Virgen Santísima, que el Espíritu Santo descienda sobre nosotros y renueve la faz de la tierra”.
Un altar para la historia, una fe sin fronteras
El montaje del altar, revestido de simbología mariana y naturaleza rociera, fue realizado con una cuidadosa escenografía que remitía tanto a los orígenes del culto como al esplendor de las grandes convocatorias eclesiales. El escenario, orientado hacia las marismas, expresó de forma plástica la vocación de universalidad del Rocío: una devoción que brota de Almonte, pero abraza a toda Andalucía, a España y al mundo.
Una interpretación sublime del Coro de Málaga
Uno de los momentos más celebrados de la mañana fue la excepcional participación musical del Coro de la Hermandad del Rocío de Málaga, cuya interpretación supo armonizar fidelidad litúrgica, hondura devocional y belleza musical. El repertorio, escogido con acierto exquisito, se nutrió ampliamente del patrimonio tradicional del Coro de la Hermandad de Almonte, en un ejercicio de hermandad sonora entre orígenes y caminos. Particularmente espectacular ha sido la obertura que ha servido de comienzo a la misa. Las voces malagueñas elevaron la plegaria colectiva con una delicadeza y una fuerza que, unido a unos arreglos de gran nivel, conmovieron profundamente a los presentes.
La llamada de María a los pueblos de Huelva
Como signo visible de comunión eclesial, también se hizo presente una significativa representación de hermandades de la diócesis de Huelva con imágenes marianas coronadas, invitadas por la Hermandad Matriz para participar en esta jornada jubilar. La cita ha sido, así, un Pentecostés mariano de dimensión diocesana, donde cada simpecado ha sido testigo de la unidad del Pueblo de Dios en torno a la Virgen.
Pentecostés en El Rocío: mística y pueblo, jubileo y esperanza
Con la aldea desbordada de fieles y un cielo límpido como bóveda natural de la celebración, la Misa Pontifical del Domingo de Pentecostés se consagra como una de las más memorables de los últimos tiempos. Una liturgia magníficamente dispuesta, una palabra episcopal que interpela al alma rociera, y una música que abrazó la devoción más honda han sido los tres ejes de una jornada en la que la fe se ha hecho carne sobre la arena del Espíritu.
María Santísima del Rocío, desde el interior del Santuario, ha presidido, como siempre, este Pentecostés de luz, viento y corazón: un Pentecostés que no concluye, sino que continúa en la conversión interior de cada romero y en la fidelidad a la llamada eterna del Dios que, por su Madre, se hace Rocío.

























































































































