¿Sobra tarde de Jueves Santo en Córdoba o falta Madrugá?
La historia está para que camine deprisa, evolucione y se adapte al contexto de cada época. Una cultura pasada no se puede analizar desde la óptica contemporánea. Hasta ahí, de acuerdo. Por eso, precisamente, no se puede incurrir en el oxímoron.
Y eso es lo que sucede con aquellos defensores de Pedro Antonio de Trevilla (el obispo que prohibió las procesiones) y de la procesión oficial del Santo Entierro que, a la par, han cambiado el orden de la cofradía del Santo Sepulcro (de última a primera) y han propiciado que tras el palio de la Virgen del Desconsuelo (que en su variedad cromática actual recuerda a la Virgen de las Angustias de Los Gitanos) no haya representación oficial.
Eso ha sucedido el Viernes Santo de 2026 en Córdoba con la hermandad de La Compañía, que eso sí ha visto realzado su esplendor cromático con la proyección de los rayos del sol sobre el paso de la urna. También sobre el palio del Desconsuelo y sobre las túnicas de sus nazarenos. Eso sí, horarios cumplidos y los pasos han salido y entrado.
Tras ellos, La Soledad ha vuelto a poner sobre la mesa que es una cofradía en pleno crecimiento, humano y estético, que va desde la maestría de Carlos Lara (probablemente el mejor capataz de esta Semana Santa y los hay muy buenos) al frente del paso, hasta la Banda de La Estrella de Córdoba, que vive un momento dulce, impecable y que pone una solemnidad que se conjuga a la perfección con el buen hacer de la cuadrilla de costaleros.Y a todo esto, los dos cortejos sabiendo andar y saliendo con diez minutos de antelación de carrera oficial.
Luego ha venido la Expiración, una cofradía con un gusto exquisito, gourmet que se dice ahora y que lo manifiesta en cada detalle de su patrimonio y de su soberbia puesta en escena. Sin alardes, pero eficaz en las formas y la elegancia. Y, como decíamos ayer, Ángel Carrero es el equivalente en capataz a Romario, lo difícil lo hace muy sencillo, tanto que cualquiera pensaría que puede ser capataz, pero lo de Carrero está al alcance de muy pocos (Lara, Arce, Garrido y Giraldo).
Y hablando de los elegidos, David Arce lo ha vuelto a demostrar con los dos pasos de la Hermandad del Descendimiento. Si el estilo del misterio ya venía estupendamente definido durante los últimos años, al palio del Buen Fin le está dando un aire sublime. De camino, la cofradía solventó con eficacia y sin estridencias un pequeño corte antes de entrar en carrera oficial. Detalles que dan la medida de la impronta cuidada que está adoptando la cofradía del Campo de la Verdad.
Con esas, el Viernes Santo ha llegado a La Conversión (el Señor iba reviviendo tras pasar la urna). La corporación de Electromécanicas demuestra su buen hacer cada Viernes Santo, completando un itinerario muy extenso y resuelto con la solvencia propia de una cofradía de barrio. Un apunte, su puesto en carrera oficial es el que al menos debería ocupar Palmeras el Miércoles Santo, y sobre todo el de antes de que el Sepulcro se pusiera en pole position. Y, para seguir, irrefutable la labor de Enrique Garrido con el misterio. Lo decíamos antes, uno de los elegidos.
Con el Sepulcro entrando casi antes de hora en La Compañía, con cierta o aparente prisa, Los Dolores se llevó el premio de llevar tras la Virgen a la representación oficial del Santo Entierro. Paradojas tiene la vida. Mientras la institución penitencial de San Jacinto mantiene su estética y ha contado con Esencia tras el Cristo de la Clemencia y con el trabajo de José Rodríguez Alarcón al frente de la Virgen servita.
Las cosas han cambiado decía Coronado en el anuncio de una marca de telefonía y también lo han hecho para el Viernes Santo. Para bien o para mal, como reza el himno del Córdoba, el de 2026 ha cambiado de rumbo. Queda por ver si se perseverará en el intento o se volverá a la lógica anterior. Decimos lógica anterior, porque la actual la poseen quienes han dado el giro de timón que son los que saben.

























































































