Las temperaturas dieron un respiro al extenso cortejo eucarístico
Sevilla ha disfrutado de una extraordinaria mañana de Corpus Christi con una procesión ejemplar.
La comitiva partía puntual de la Santa Iglesia Catedral a las 8 de la mañana.
Abriendo el cortejo, como es tradición en este día tan especial, los niños carráncanos, que inundaban de color e inocencia los primeros metros.
El día acompañaba a los participantes y a los espectadores de la procesión, pues el sol no ha hecho acto de presencia, y pese a la sensación de bochorno la temperatura era agradable.
Las representaciones de las hermandades de Gloria antecedieron el primero de los pasos, el de Santa Ángela de la Cruz, portado por los costaleros de la Hermandad de la Amargura.
Tras ella, las santas mártires de la ciudad, Justa y Rufina, continuaban con el desfile del Corpus, en unas andas ataviadas con flores blanca y cuatro velas en las esquinas.
Las santas trianeras dejaban estampas entrañables en su tránsito por las portadas del Corpus en la Plaza de San Francisco.
Además, a medida que la mañana avanzaba las calles del recorrido iban llenándose de fieles y devotos para ver las distintas imágenes.
Los dos pasos siguientes correspondieron a San Isidoro y San Leandro, los obispos sevillanos que llegaron a los altares.
Las andas de San Isidoro eran portadas por los costaleros de la cofradía del mismo nombre, mientras que las de San Leandro las llevaba la cuadrilla de la Macarena.
Llamaba la atención en el Corpus de este año la mayor afluencia de hermanos en las representaciones, y sobre todo de niños con su cirio para acompañar al Santísimo, una costumbre centenaria que se revitaliza con el paso de los años.
Y tanto es así que hasta el paso de San Fernando, rey castellano que conquistó Sevilla y recuperó el Cristianismo en la ciudad, iba comandado por un niño que a su corta edad dirigía con firmeza y prestancia a los costaleros.
La Banda Municipal ponía los sones musicales tras el monarca santo, con marchas clásicas como “Esperanza Macarena” o “Estrella Sublime” a su paso por la Avenida de la Constitución y la Plaza de San Francisco.
Las espectaculares imágenes de la Inmaculada de Alonso García y el Niño Jesús del Sagrario, obra de Martínez Montañés, continuaba el desfile procesional antes del broche de oro con las custodias.
Tras las dos bellísimas tallas, llegaban las representaciones de las basílicas sevillanas con las hermandades de María Auxiliadora, el Cachorro, el Gran Poder y la Macarena.
También no podían faltar los seises, niños bailarines de la catedral que como es costumbre portan su uniforme de gala rojo para el Corpus Christi.
El broche de oro a la comitiva lo cerraba la Custodia Chica, con la reliquia de la Santa Espina, y la Gran Custodia de Juan de Arfe, que volvía a ser portada por costaleros tras décadas procesionando sobre ruedas.
Finalizaba el cortejo con las autoridades religiosas y civiles, así como una representación de la policía local vestida de uniforme de gala, y del ejército.
Se produjeron momentos muy emotivos como el paso de la Custodia de Arfe por la fachada del Ayuntamiento, donde se encontraba el altar de la Virgen de la Hiniesta Gloriosa; o en el Salvador, con la Virgen del Voto de la Hermandad de Pasión.
En torno a las doce y media del mediodía llegaba el Señor Sacramentado a la Catedral, arropado por cientos de sevillanos y el repicar de las campanas de la Giralda.
Con la entrada de la custodia, se ponía punto y final a un Corpus con cumplimiento horario y sin incidentes, en el que Sevilla ha vuelto a reafirmar su amor eucarístico.


























































































