La crónica | La Bondad, lista para entrar en Semana Santa

La prohermandad de la Fuensanta estrena nazarenos y un recorrido, cada vez más cercano a la Catedral

Suena la marcha Discípulos de tu Bondad de Paco Moraza y con ella se llama a la puerta de la Semana Santa. Aún queda prácticamente una semana para el Domingo de Ramos, pero la procesión de Vísperas anuncia la inminencia del tiempo esperado.

Y lo hace en un enclave paradigmático de Córdoba, la plaza del Pocito, en pleno corazón del barrio de la Fuensanta, donde Acisclo y Victoria dieron de beber el agua de la fe que emana de un pueblo devoto que instauró allí la casa de su patrona. 

Ante la mirada atenta de Nuestra Señora de la Fuensanta, desde su santuario, ven partir al misterio de La Bondad, como la barca de los pescadores de hombres. El símbolo materializado de una prohermandad a la que apenas queda tiempo para convertirse en cofradía de primo derecho y lo demuestra con su salida procesional. 

Desde allí hasta la Cuesta de la Pólvora, avanzando por Santiago, para alcanzar San Pedro, el cortejo estrena nazarenos, dando carta de naturaleza a una estación, cada vez más de penitencia, que tiene en la Catedral y, por consiguiente, en la carrera oficial, el objetivo de un futuro cada vez más cercano. 

La canastilla antigua del Prendimiento, el baquetón, la mesa, los respiraderos y los faldones que enriquecen el paso este año son la prueba de un crecimiento paulatino, imparable, decidido. El elevado número de esclavinas y nazarenos, más de medio centenar en cada caso, dan cuenta de la vitalidad emergente decidido la corporación. Los más de cien miembros de la cuadrilla de costaleros refrendan la ilusión por ser parte de un proyecto que, hace poco más de una década nació de un busto y que, ahora, es el presente de las cofradías de Córdoba.  

La vuelta por Alfonso XII para regresar a la Fuensanta, por el camino más corto, es otro ejemplo del que más de uno debería tomar nota. Los casi 300 miembros del cortejo no son símbolo de resistencia, sino de crecimiento. 

En ese tramo final de la procesión, cada paso acerca al cortejo al Pocito, cada mirada tras el cubrerrostro vislumbra más allá, el poco tiempo que les queda para alcanzar la Semana Santa.