En la siguiente entrevista, el capataz del Nazareno de la Compasión da las claves de la gran evolución que ha experimentado su cuadrilla de costaleros
Comenzar como capataz con 8 costaleros, en un barrio periurbano de Córdoba y, en apenas un par de años tener una cuadrilla con 70 miembros y tener que decir a aspirantes que no pueden entrar tiene un mérito como pocos.
Esto es lo que ha conseguido Álvaro Jiménez, el protagonista de esta entrevista, con la cuadrilla del Nazareno de la Compasión de la Hermandad de la Sangre de El Higuerón, donde también pertenece a su junta de gobierno. En las siguientes líneas desvela la fórmula. No se lo pierdan.
-¿Cómo llegas a la hermandad?
Llego aquí en el año 2015, de la mano de mis dos amigos, Rafa y José Arenas, que son los hijos del actual hermana mayor, que en ese momento no era hermana mayor, sólo era una persona allegada a la cofradía que se dedicaba a intentar cumplir los sueños, la locura de sus dos hijos, que era tener una cofradía en su barrio.

Y como eran amigos míos, y aquí se va a donde dicen tus amigos, pues allá que vine. Llegué para formar parte de la cuadrilla, que era muy escasa por cierto, y con un paso muy precario. Estuve ayudando con muy pocas herramientas a montar el paso, decorarlo, se convirtió casi que en un juego, más que en una realidad. Poco a poco, fuimos cogiendo algo de galones, como quien dice, y ayudando cada vez más a la hermandad, tanto en el exorno del paso, a organizar la cofradía, porque cualquier cosa, cuando no hay nada, cuesta muchísimo trabajo hasta que se ve algo de fruto. Y así es como llegué.
-¿Te imaginabas todo lo que iba a venir después?
No, no, en absoluto, porque como ha dicho Mila (la hermana mayor), es muy complicado cuando no tienes un grupo humano importante, ni tampoco tienes patrimonio, ni humano ni económico, hacer cualquier cosa. Tú puedes querer, pero luego la realidad viene sola, no puedes pretender tener algo que no puedes pagar, o no puedes completar ciertas cosas humanas cuando falta el personal. Poco a poco, a través de la misma técnica de hacer amigos, involucrarlos, es decir, lo que se conocería como la vida pastoral de una parroquia, a través de hacer grandes convivencias con tus amigos, involucrarlos en un proyecto, contarles lo que podría llegar a ser, y que te compren ese mensaje. Si esa gente te compra el mensaje, pues poco a poco se va consiguiendo y se puede llegar a lo que ahora mismo hay, que no es la meta, es el principio.

Estos diez años atrás han sido el calentamiento, la preparación para poder dar el primer pasito, que es todo lo que hay proyectado, todo lo que está en nuestra mente.
“Es muy complicado cuando no tienes un grupo humano importante, ni tampoco tienes patrimonio, ni humano ni económico, hacer cualquier cosa”
-¿Qué hay proyectado?
Podríamos decir muchísimas cosas. Lo primero que se hizo, antes de ser erigida como hermandad, fue designar a una persona como director artístico. Una persona que es amiga mía, que dibuja fabulosamente bien, y que, además, estaba dispuesta a dibujar de manera altruista. Y nunca se le pidió que lo hiciera de manera altruista, salió por su parte. Y es César Alcalá, hermano de la cofradía del Huerto, un cofrade de los de verdad, de los que les gusta la historia de las cofradías y sabe lo que quiere representar. Y él fue quien, tras muchos diseños, hizo el dibujo del actual escudo y fue sacando, poco a poco, cada una de las partes de esta cofradía.
Algo muy importante que nosotros queríamos era que siempre tuviésemos el mismo diseño. Aunque no haya actualmente capacidad económica, a lo mejor, para ejecutar todos esos diseños, pero que, cuando la haya, todo esté dibujado por la misma mano. Hay proyectos de candelería de cultos; hay un bacalao que ya está dibujado, que ya se verá cuándo se podrá acometer, aún no está publicado, ni nadie lo ha visto, pero está ahí. Hay un proyecto de paso en mente, ese no está dibujado. Hay un proyecto de apertura de la puerta (de la iglesia). Hay un proyecto de mejora de los cultos. Se ha encargado un juego completo de mesa, de telas, dosel, de todo, absolutamente todo, para engalanar los cultos, que es algo que nosotros creemos que es muy importante porque, al final, probablemente sea el día más importante de una cofradía, el día de la función principal.

Creemos que todos esos apartados de una cofradía, también hay que completarlos. Pero, a priori, podríamos decir que el guión procesional es lo que nos ocuparía el 95% de todos los esfuerzos que va a acometer la cofradía, me atrevería a decir, de aquí a cinco años, o seis. Y luego ya nos embarcaríamos en un proyecto más importante, que sería el paso y algo más. Ese algo más no voy a decir qué es, pero hay algo más.
“El guión procesional es lo que nos ocuparía el 95% de todos los esfuerzos que va a acometer la cofradía, me atrevería a decir, de aquí a cinco años”
-Llegas hace diez años, has salido costalero en condiciones precarias como has dicho, pero ¿cómo es el proceso hasta llegar a ser capataz?
Me lo ofrecieron con anterioridad. Yo, literalmente, lo digo, no me escondo, en ese momento no veía que fuese posible, ni tenía los contactos necesarios, ni tenía lo más importante, el conocimiento necesario para ponerme delante de un paso. Les dije que no varias veces, y ya llegó un momento en el que no había nadie que se hiciera responsable del paso. Y ahí me salió la vena de amigo. Me llamó José Arenas, que actualmente, con el tiempo, resulta que viene en mi equipo. Si no recuerdo mal, fue un 14 o un 15 de enero, porque hace no mucho salió la conversación. Y el día después, casualmente, me llamó Jesús Ortigosa, por si quería formar parte de su equipo.
Y gracias a formar parte de un equipo con un gran capataz he aprendido muchísimas cosas, pero muchísimas cosas que yo en ningún momento me hubiese imaginado que ni siquiera existieran. Menos mal, porque hay tantísimas cosas que pueden llegar a salir mal que, si no es con preparación, no salen bien, o directamente no sabes cómo pueden llegar a salir. El hecho de tenerlo todo dominado, o saber por dónde puede salir mal algo, es importante.

Y llegó así, por amistad, por la misma manera que yo llegué aquí. Llegué, y como hacía falta me lo pidieron mis amigos, pues venga, vamos adelante. Y recuerdo que la primera vez que llegué aquí, había doce personas, doce personas en la igualá. De esas doce, hay que tener en cuenta que cuatro éramos nosotros (risas). Es decir, había ocho costaleros. Gracias a Dios, ahora hay 70. Hay gente que viene y que quiere salir y que no puedo meter porque no hay hueco. Y habrá pasado, o por el buen hacer, o porque la cofradía ya empieza a ser atractiva, o porque la imagen tiene algo de tirón. Prefiero que sea por lo que es, por la imagen.
“Una hermandad sin gente, no es una hermandad. Estamos bastante contentos de la evolución de la cofradía a todos los niveles”
Se han hecho muchísimas cosas para captar la atención de las personas. Porque al final, una hermandad también vive de eso. Una hermandad sin gente, no es una hermandad. Estamos bastante contentos de la evolución de la cofradía a todos los niveles.
-El mismo año ibas a estrenarte en el equipo de Ortigosa y como capataz.
El primer año de capataz ya voy con Jesús Ortigoza en su equipo. Si no recuerdo mal, es el primer año que es el capataz de la Piedad. Coincidió esa misma Cuaresma. Lo que pasa es que vino la pandemia y no salimos a la calle, no salimos a ningún lado.
-¿Cómo viviste ese corte?
Fue algo tan atípico que nadie sabía lo que había qué hacer ni lo que no había qué hacer. Te encuentras con una pandemia, con un grupo de costaleros. Tú también estás involucrado, en este caso, en una cofradía, aunque en ese punto no estaba en la junta de gobierno (luego es que siguió la implicación y, voluntariamente, otra vez por amistad, pues vamos para adelante y encantado de la vida). Pero claro, no sabíamos cómo tratar a la cuadrilla ni qué decirle. Fue algo muy doloroso decir por un grupo, porque además tenía que ser por un grupo, porque en ese punto ya no se podía uno reunir ni citar a las personas, con el trabajo que había costado montar una cuadrilla, decirle que no se iba a salir ese año. Y el problema es que al siguiente tampoco. El problema era ese, que era una hermandad que estaba en sus comienzos reales, porque esos fueron sus comienzos reales -antes se hizo un trabajo, pero luego sobre la base de ese trabajo hubo que reconstruir el 90% de todo-.

Gracias a Dios, a día de hoy la mitad de la cuadrilla, el 40%, ya es de aquí, que es una de las metas personales que tenía. Es decir, que quiero buenos costaleros, pero también quiero que la gente de aquí se convierta en buenos costaleros. Y muchos de los costaleros que hay aquí ya están acudiendo a hermandades del centro y dan buenos resultados.
Eso también para mí es un orgullo, porque coger a un muchacho totalmente novel, enseñarle desde cero, y llevarlo a otra cofradía, que haga amigos, que esos amigos de esta persona vengan aquí, entonces tú ves que la rueda empieza a moverse, ya ves ahí que hay un fruto. Eso es bueno para todos. Y, si encima la persona es hermana de la cofradía, mucho mejor.
“Quiero buenos costaleros, pero también quiero que la gente de aquí se convierta en buenos costaleros”
-¿Cuáles han sido tus referentes en el mundo del martillo?
Jesús Ortigosa. Desde que estoy con él y sigo estando, gracias a Dios, no ha perdido un momento por si te tiene que enseñar cualquier cosa. Cualquier cosa que yo necesite, cualquier duda, incluso aquí. Si tienes una duda, se le pregunta y te responde.
En personalidad, lo que pasa que es un capataz que no era de esa época, era más para esta época, para mí es Francisco Aguayo, anterior capataz del Císter. Me parece una persona con una personalidad arrolladora, arrolladora.

Jesús Ortegosa me parece un capataz con una técnica… increíble, increíble, increíble. Es capaz de ver cosas que, incluso contándotelas, no las consigues ver a primera vista. Luego hay otros capataces, obviamente, qué decir de Curro, de David Arce, nunca es malo verlos para aprender todos los días algo nuevo, porque son grandísimos capataces.
“Muchos de los costaleros que hay aquí ya están acudiendo a hermandades del centro y dan buenos resultados”
He salido con muchísimos, con muchísimos capataces. No sabría decirte exactamente un referente como tal, un referente para mí es mi maestro, el que a mí me enseña cada día. Creo que de todo el mundo se puede aprender algo. Yo soy de esa opinión. Dicen que hasta un reloj parado, hasta dos veces al día lleva razón, pues creo que de todo el mundo se puede aprender. Y yo aprendo de mi equipo, también del equipo de Jesús, de mis otros compañeros. Lo importante es conversar y que cada uno exponga su punto de vista y se llega a un punto, al final. Y al final se aprende y se sabe si quieres aprender. Luego también tienes que tener suerte y dar como una cofradía en la que te permitan exponer tu conocimiento o como tú quieres ver las cosas, porque no siempre es así. Pero, bueno, gracias a Dios me ha servido para mucho el estar en un equipo con un gran capataz. Y estoy muy contento de todo lo que voy aprendiendo y, espero, de lo que me queda por aprender con él.
-Llegó la pandemia y, después, llega la primera salida como capataz ¿Cómo fue?
¡Uf! Fue emocionante, porque piensa que, si no recuerdo mal, fueron tres años en los buscas personas, porque, claro, encima tú eres nuevo, no tienen referencias tuyas. Soy costalero, sé lo que hay en este mundo. Tú vas con un capataz con el que sepas que va a ir todo bien. No vas con un capataz nuevo a jugarte el tipo. Eso es así. Al final tienes que recurrir a amistades, a gente que sí confía en ti. Y el primer año, pues, no fue duro, pero no fue como a mí me hubiese gustado. Pero ni fue como a mí me hubiese gustado tanto por el trabajo o el rendimiento que podía dar la cuadrilla, pero seguramente el trabajo que dio la cuadrilla o el rendimiento es directamente proporcional al rendimiento que podía dar yo en ese momento.

Eso hay que tenerlo claro siempre en la vida. No por ser uno no hay que ser egocéntrico. Es que las cosas son así y todo necesita un aprendizaje. Y cada año te ves y te sientes mejor ¿Por qué? Porque la experiencia es un grado. Cuando ya empiezas a coger experiencia, cada año aprendes más de dónde tienes que aprender. Te fijas en todas las personas que se ponen delante de un paso, en todo, en cualquier cosa. Al final intentas plasmarlo. Ves cómo afrontan los problemas, porque las alegrías las afronta cualquiera muy bien. El problema es cuando vienen mal dadas, cómo te resarces de eso.
Gracias a Dios, a día de hoy se ha transformado en una gran cuadrilla. Con todas las dificultades que tiene, sacar un paso en el barrio de El Higuerón ¿Por qué? Pues porque muchísimos de los costaleros, algunos no tienen carnet, algunos no tienen dinero, no tienen dinero para cogerse un autobús o cogerse un taxi.
-¿Cómo es la cuadrilla?
Hay que mezclar la sabía antigua con la sabía nueva y hay muchas personas muy maduras en la cuadrilla, como es Federico (Jiménez), que es el capataz del Señor de la Oración en el Huerto, hoy está debajo, se encarga de involucrar a muchos chavales, se los trae en el coche. Manuel Romero, en fin, hay muchísima gente, muchísima gente y muchísimos costaleros que se dedican también a hacer que esto sea cada día más familia y es lo importante de una cuadrilla, que ya casi todo el mundo se sabe el nombre de todos y son 70.
“Tú vas con un capataz con el que sepas que va a ir todo bien. No vas con un capataz nuevo a jugarte el tipo”
Eso es bonito y que casi todo el mundo repite al año siguiente, que eso también es importante, eso me valida a mí, porque mi trabajo algo bien se estará haciendo, eso es importante. Lo tienen que decir los demás y mi equipo, porque mi equipo trabaja al mismo nivel que yo, porque es verdad que soy bastante exigente para algunas cosas y le tengo que dar las gracias por aguantarme en muchas ocasiones, porque claro, soy muy intenso, y esa intensidad no siempre la soporta todo el mundo.

Gracias a Dios, la cuadrilla y el equipo están haciendo un trabajo soberbio. Es que no tengo palabras de agradecimiento para la gente que está alrededor y la gente que está debajo, con el trabajo que están haciendo día tras día.
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