La crónica | La Divina Pastora de las Almas vuelve a dar luz a la mañana del Campo de la Verdad

Con la nostalgia indisimulada de lo que pudo ser y no fue el pasado fin de semana, a consecuencia de la siempre inoportuna lluvia, hablando en términos de cofradías, en las calles del Campo de la Verdad se ha instalado, este domingo, el ambiente del otoño primerizo, materializado en una de esas mañanas en las que el sol gobierna pero no pica y la temperatura no se eleva con crudeza, como lo hacía hace tan solo unas semanas.

En contraste, -bendita sea la imaginación de los priostes- en torno a la Divina Pastora de las Almas todo eran flores de primavera y una campiña en su esplendor, conformando un elegante exorno floral, compuesto por astromelias, claveles, alhelíes, mini gerberas, brezo y lentisco.

A hombros de la cuadrilla costalera que mandaba con destreza Rafael Salado, la imagen letífica de la archicofradía de la Vera-Cruz de Córdoba ha sido protagonista este domingo por obra y gracia de su anual procesión, que ha vuelto a inundar las calles de su barrio en el ya tradicional horario matinal. De su mano, la parte sur del río ha mutado en un vergel de colores cuando la Virgen que talló Miguel Ángel González Jurado ha pisado el Paseo Cristo del Descendimiento.

La Virgen ha estrenado sobre su pecho, pendientes donados por la familia Álvarez Caparrós. Se han restaurado los pendientes para la ocasión por Lezque Córdoba. Unas piezas antiguas, de oro amarillo y zafiros de tres facetas, cuya restauración ha consistido en el arreglo y reposición de algunos elementos, la restitución de piedras que se habían perdido, la limpieza, el pulido y la adaptación de los cierres para el uso. A su vez, se han enriquecido y alargado con diez perlas naturales de aguadulce.

El repertorio, alegre y desenfadado, perfectamente escogido para la ocasión por la banda de música de la Estrella, que ha vuelto a demostrar que se encuentra a un nivel excepcional, ha puesto el magnífico contrapunto al aroma que siempre destila esta procesión que, paulatinamente, ha ido adquiriendo un lugar de privilegio en el calendario de glorias de la ciudad de San Rafael. Un repertorio en el que han brillado con luz propia piezas como «Siempre la Esperanza», a la salida del templo, «Coronación de la Macarena», «Como Tú ninguna», «La Estrella sublime» o «Aniversario macareno». Marchas, todas ellas, que han encajado como un guante en una salida procesional de estas características, en la que los niños han adquirido una relevancia sobresaliente.

Especialmente brillante ha sido el discurrir por lugares como las calles Infante Don Juan Manuel, Obispo Rojas Sandoval y Fray Pedro de Córdoba, así como el paso por Doña Aldonza, Tenerife y Adalid, donde el sabor de barrio, esencia imperecedera de este enclave insustituible de la ciudad, se ha entremezclado a la perfección con el aroma del incienso y de las flores que adornaban el paso de la Virgen.

Los vecinos, cofrades y devotos de este barrio de naranjos y casas bajas que parece tan apropiado para ver procesionar a la Virgen gloriosa de la Vera-Cruz han acompañado su discurrir por el entramado de callejuelas que lo componen. Al llegar a la calle que lleva su nombre, la imagen pastoreña visitó el retablo cerámico que la homenajea y desde allí, regresó gloriosa a su templo, poniendo el punto final a una nueva jornada para almacenar en el recuerdo de vivencias eternas de la Córdoba Cofrade, el mismo que se nutre de esos pequeños detalles que siempre gozan de un valor incalculable.

La Divina Pastora Vera Cruz a los sones de Siempre la Esperanza  por la Banda de la Estrella