El cielo de la ciudad califal tronaba anunciando que los rocieros cordobeses iniciaban la Misa de Romeros. La tormenta se entremezclaban con los repiques de la Real Iglesia de San Pablo y los sones del tamborilero, que hacía sonreír a los más pequeños que jugaban entre volantes y mantoncillos de sus madres.
A las 16:30 horas, en el templo no cogía un alfiler. La Misa, oficiada por el Capellán de Camino, D. Tomás Pajuelo, preparó a los romeros para este camino de nueve días. Nueve días de convivencia, reflexión y oración en torno a la Virgen y su Bendito Hijo. Al finalizar se cumplió el primer sueño. Ahora era el momento de entronizar al Simpecado Blanco y Oro en la carreta de plata. Esa carreta señorial que es inconfundible en la aldea marismeña. La carreta esperaba impaciente, elegantemente exornada con orquídeas, clavel bicolor en tonos buganvilla y morado, rosa de jardín naranja, proteas, cártamo y hipericum, rodeada de un buen número de personas que aguardaban impacientes la salida del Simpecado.
Entre repiques, la flauta y el tambor, palmas, vivas y sevillanas, el Simpecado atravesó el arco de San Pablo y las camaristas se encargaron de colocarlo y pasar a los más pequeños por él para pedirle, a la que es Madre de Dios y madre nuestra, su bendición. La lluvia, incesante , seguía haciendo acto de presencia. Chubasqueros, paraguas se veían por doquier. Aún así, nada podía con la alegría y la fe de los rocieros de Córdoba. Sin embargo, la lluvia abandonó a los primeros metros de recorrido.
Córdoba «abre los caminos», es la primera filial que parte hasta los pies de la Blanca Paloma, la que hace el camino más largo. Rocío Jarabo, la Alcalde de Carretas, mandaba avanzar a la comitiva. Caballistas y devotos que van andando avanzaban con buen paso por Capitulares para llegar hasta San Fernando, donde la Hermandad del Huerto hizo entrega de una medalla de su corporación a la filial rociera. De allí, a Cardenal González, donde el Simpecado recibió una hermosa petalada, ofrenda del grupo joven, y Magistral González Francés, hasta llegar ante la Puerta de Santa Catalina de la Catedral de Córdoba, al filo de las 19:00 horas.
Una vez en el templo principal de la Diócesis ha sido el obispo de Córdoba, Demetrio Fernández quien, en el altar mayor, ha bendecido al Simpecado que, acompañado de los romeros, ha salido de nuevo a la calle Magistral González Francés, pasando después por la calle Cardenal González, la Cruz del Rastro y el Puente de Miraflores, para llegar, sobre las 20:30 horas a los Jardines Virgen del Rocío, donde se ha orado y cantado ante el monumento de la Virgen del Rocío, para salir luego de la ciudad por la plaza de Santa Teresa y la avenida de Cádiz, hacia la Finca el Cañuelo, donde la hermandad hará noche.








































































































































































































