La crónica: La ilusión de los niños hebreos vence a la incertidumbre

Se desperezaba a la orilla de la torre fernandina de San Lorenzo mientras Córdoba entera esperaba a las puertas de la Gloria, que el Divino Rey de los Cielos atravesase el umbral de nuestros sueños, para convertir en realidad tantos meses descontando el calendario. La bulla que se había configurado a las puertas del templo fernandino, se abrió paulatinamente como las aguas del Mar Rojo, cuando la cruz de guía se abrió paso entre el gentío, al compás del latido de nuestras ilusiones materializadas. Una imagen miles de veces soñada que confirmó a los presentes que todo había comenzado.

La cruz de guía comenzó a avanzar buscando Puerta Nueva, seguida de un multicolor elenco de nazarenitos de distintas cofradías y un nutrido grupo de pequeños hebreos que, con palma en mano, querían recibir a Jesús Triunfante a lomos de su borriquita. Incienso, marchas, cambios y paso al frente… y el Rey de Reyes enfiló el sendero que lo conduce al corazón sentimental de una Córdoba que lo esperaba con los brazos abiertos, en la seguridad y la tranquilidad recuperada, tras el triste recuerdo del pasado y tormentoso Domingo de Palmas. Especialmente emotiva fue la venia pedida por dos niños hebreos en el palquillo de entrada de la Carrera Oficial.

El Señor avanzaba poderosamente en su nuevo paso, en incipiente fase de carpintería, al compás aun más poderoso de la banda de cornetas y tambores Caído y Fuensanta que, por increíble que parezca parece superarse año tras año. Mención aparte merece el derroche de elegancia y brillantez demostrado por la cuadrilla costalera que gestiona con maestría el tándem de capataces conformado por Juan Horacio de la Rosa y Jesús Ortigosa. Palabras mayores. Sones trianeros de Caído y Fuensanta a la salida de Carrera Oficial para provocar una sonora ovación en Cardenal González.

Tras el Hijo del hombre, la Virgen de la Palma, radiante bajo el plomizo desagradable del cielo, para compensar con su magia el lamento que se adivina en la desesperanza de los cofrades cordobeses por culpa de la maldita lluvia, elegantemente vestida con una flamante saya concebida por su vestidor Antonio Villar Moreno, que pisó las piedras de la Plaza de San Lorenzo al compás de la Sinfónica de Dos Torres, que un año más ha dejado tras de sí un excelente sabor de boca, derramando su categoría al son elegante que le ha imprimido al andar del paso de palio el capataz Luis Miguel Carrión, símbolo inequívoco de lo que Ella hace cada primavera al inundar las almas de los que la buscamos en la mañana en la que Córdoba estrena sonrisa. Alegre, magnífica, reinando como la auténtica elegida en la mañana en la que Córdoba estrena sonrisa y acompañada por los sones de «Al Cielo la Reina de Triana» y «Coronación de la Macarena» comenzó su glorioso caminar para sumergirse en el sendero por el que las cofradías peregrinan rumbo a la Santa Iglesia Catedral. 

La Semana Santa ha comenzado y, como decía un amigo, empieza a terminar lentamente. Es momento de aprovechar cada instante que nos regala para atesorarlo y rememorarlo cuando todo haya concluido y volvamos a descontar los días. El tiempo, nunca mejor dicho, dirá cuántos serán los momentos que nos permitirá disfrutar el caprichoso destino. La Esperanza es lo último que se pierde.