La normalidad ha reinado a excepción del accidente fortuito en la calle Parras
Había ganas, muchas ganas de vivirla, y Sevilla ha sabido disfrutar con toda intensidad de su Madrugá.
El rito se iniciaba con puntualidad inglesa a las doce de la noche del Viernes Santo, con la salida de la Hermandad de La Macarena.
Renovado el acto de concordia con los nazarenos negros del Gran Poder, se procedía a renunciar una vez más al segundo puesto de la jornada en favor de los hermanos de San Lorenzo.
Minutos más tarde, la Cruz de Guía se alzaba como antesala de un amplísimo cortejo de más de 2 horas de duración.
La salida y tránsito del misterio de la Sentencia fue sencillamente apoteósico gracias en parte al momento dulce que vive la Banda de la Centuria Romana Macarena, que ha vuelto a colarse entre las formaciones musicales más atractivas de la semana grande.
La Esperanza, por su parte, tenía una invitada de honor para tocar el martillo en la primera levantá dentro del templo, la Reina Emérita Doña Sofía.
La monarca visitó la tarde del Jueves Santo a las hermandades de la Esperanza de Triana y los Gitanos, y ya de madrugada estuvo presente en la basílica para la salida de la Reina de San Gil.
Todo discurría con normalidad hasta que la corporación llegaba con sus nazarenos a la altura de la calle Feria con Relator, momento en el que un estruendo seguido de unas momentáneas carreras provocando un efecto rebote en la Alameda de Hércules.
Fueron tan solo unos segundos, pero suficientes en una población muy sensible. Afortunadamente todo quedó en una deflagración en un registro eléctrico.
Solventado rápidamente este problema, el resto de la noche estuvo marcada por la tranquilidad, y como es costumbre en esta Semana Santa también un notable retraso de las hermandades en Carrera Oficial.
Estos minutos de demora han dado lugar por ejemplo a que la Esperanza de Triana entrase en Campana con la luz del día, algo que no había ocurrido antes.
Precisamente Triana presentaba el gran reestreno de la jornada con el manto diseñado por Juan Borrero y bordado por el taller de los sobrinos de Esperanza Elena Caro, y que ahora por fin luce en la calle tras el pasado del soporte a terciopelo color buganvilla, un trabajo ejecutado por el taller de Charo Bernardino.
También era novedad la túnica del Cristo de las Tres Caídas, datada en el siglo XIX y adquirida recientemente por la hermandad, habiendo sido utilizada en épocas anteriores por el Señor.
Y por completar los piezas textiles, cabe destacar la reproducción de la toca de las rosas de la Macarena que lucía la Esperanza por vez primera en su paso de palio, colocada sobre el manto de tisú.
Pero no solo destacó el patrimonio material en la Madrugá sevillana, sino también el inmaterial. Tanto es así que el Nuncio Apostólico en España, Bernardino Auza, estuvo presente en el palquilo de autoridades de la Campana junto al Arzobispo Saiz Meneses y representantes del consejo de cofradías.
Allí daba las venías al Silencio y el Gran Poder, las dos primeras corporaciones en pasar por este punto.
De la majestuosidad y rigor de los nazarenos de la primitiva hermandad pasamos al silencio sepulcral del Señor de Sevilla, porque el Dios de San Lorenzo nos habla siempre desde el corazón pero sus hermanos nazarenos prefieren guardar silencio y dejarle todo el protagonismo a la bendita imagen.
Asimismo la Hermandad del Calvario impresionaba con la belleza y naturalidad de su fabuloso crucificado, al igual que la belleza delicada de la Virgen de la Presentación en la gubia de Juan de Astorga.
Finalmente, la Madrugá se estremecía con los sones de la saeta de Serrat entre las mecías del Señor de la Salud, o lo que es lo mismo, “Er Manué” de Los Gitanos.
Demostraba una vez más el arte y la dulzura de su cuadrilla junto a la de la Virgen de las Angustias Coronada, que se exhibía esplendorosa con el manto azul pavo bordado en oro y la mantilla blanca a modo de toca.
Se cumplía así una tradición no escrita que reúne cada noche del Viernes Santo a miles de sevillanos y extranjeros en torno a las devociones más amadas de nuestra tierra.



























