El andar del palio, que estrenaba faroles de cola, fue una auténtica delicia, lo que sirvió para engrandecer, aun más, el fervor que despierta la joya que es la imagen mariana
La jornada del Jueves Santo en Córdoba tuvo varios momentos de brillo, en torno al mundo del costal. Y dos de los mismos tuvieron lugar con dos imágenes señeras de la Semana Santa de la ciudad de San Rafael.
El primero tuvo que ver con el caminar del palio de la Nazarena. Con Francisco Luis Castaño, Sony, como capataz general, la cofradía hospitalaria ha dado un indudable salto de calidad, que tuvo su máximo reflejo con la cuadrilla de María Santísima Nazarena.
El andar del palio, que estrenaba faroles de cola, fue una auténtica delicia, lo que sirvió para engrandecer, aun más, el fervor que despierta la joya que es la imagen mariana. Acompañado por Ángel Muñoz y Antoñín, Sony dejó en evidencia que es uno de los mejores capataces de la capital.
El otro gran momento se vivió con la Virgen del Mayor Dolor en su Soledad. La titular mariana de la Hermandad del Caído, ponía de largo en las calles de Córdoba la reforma integral de su paso de palio, que supuso toda una bocanada de aire fresco para una de las cofradías históricas.

Y si ya el palio de San Cayetano andaba bien, este Jueves Santo lo hizo aun mejor, gracias a la magnífica labor de su capataz, Rafa Giraldo. Y no era sencillo porque, aunque el día anterior se vio su buen hacer al frente del palio de la Paz y Esperanza (donde otros fracasaron), la rotura del farol cuando la cofradía aceleraba por la lluvia hacia Capuchinos, bien podría haber sido una losa anímica para el capataz. No lo fue y, de hecho, Giraldo dio toda una lección de buen hacer.





