La crónica | Sevilla calmó su sed con la Reina del Museo

El centro se ha masificado en una procesión apoteósica que quedará en la memoria cofradiera

La Hermandad del Museo ha vivido uno de los días más importantes de su historia con la celebración de la Misa Estacional y la salida extraordinaria de la Virgen de las Aguas por el barrio de San Vicente.

Ambos actos pueden definirse con un adjetivo claro y rotundo: Esplendorosos. Los dos acontecimientos de la cofradía decana del Lunes Santo se ha preparado con un cuidado notable, propiciando que todo resultara perfecto en una noche absolutamente irrepetible.

La jornada se iniciaba sobre las 16:30 horas, cuando el palio de la Dolorosa salía de la capilla para ubicarse en el altar instalado en la Plaza del Museo, con un gran dosel a modo de fondo.

Imágenes del pontifical en la Plaza del Museo. Fotos: Alejandro Sigüenza.

La Eucaristía, presidida por el Arzobispo de Sevilla, Don José Ángel Saiz Meneses, durante algo más de hora y cuarto, estuvo plagada de solemnidad y sentimiento cristiano.

Durante el transcurso de la misma, el Párroco de San Vicente, Don Carlos Coloma, recordaba la importancia del proyecto social “Aguas de vida”, que ha nacido de este 250 aniversario de la hechura de María Santísima de las Aguas, teniendo 6500 beneficiarios directos y 500 indirectos con la construcción de pozos en Zambia para que la población rural pueda acceder a agua potable.

Culminada la Misa de clausura misional, la corporación se organizaba durante 1 hora aproximadamente, para salir a la Plaza del Museo en torno a las 20:45 horas, momento en el que la Banda Municipal de la Puebla del Río, que acompañaba musicalmente el palio en esta ocasión, iniciaba los compases de la inconfundible marcha “Virgen de las Aguas”.

A partir de ese instante se congelaba el minutero en cada chicotá de la cuadrilla de costaleros, en cada levantá del capataz, en cada mirada de satisfacción y emoción contenida de muchos sevillanos.

Destacaron sin lugar a dudas las visitas de la Imagen Mariana a la Parroquia de San Vicente, donde la recibieron las Hermandades de las Penas y las Siete Palabras, siendo a su vez homenajeadas con las composiciones “Jesús de las Penas” y “Pasan los Campanilleros”; la Capilla del Dulce Nombre de Jesús, donde esperaba el estandarte corporativo de la Vera Cruz, y ante la cual sonaron las marchas “Virgen de las Tristezas” y ”Virgen de las Aguas” al paso del palio; o la de Nuestra Señora de las Mercedes de la Puerta Real.

Y poco a poco, la Reina del Museo volvía a casa por calles tan afincadas a su itinerario sentimental como Pedro del Toro o Bailén, entrando en su capilla cerca de las dos y media de la madrugada.

La capital andaluza ha revivido en esas mágicas horas la devoción a una de sus Imágenes más queridas y veneradas en una velada para enmarcar.