Multitudinaria procesión marcada por el calor y la recuperación del manto verde
Rito, tradición y sueño cumplido. Un nuevo quince de agosto ha llegado, y los sevillanos han rendido honores a su patrona, la Virgen de los Reyes.
Fiel a su cita, la bienhechora de la archidiócesis cruzaba la Puerta de Palos de la catedral a las ocho de la mañana, con los primeros rayos de sol iluminando su faz.
Una abarrotada Plaza Virgen de los Reyes la recibía con un silencio sepulcral, propio del respeto y la solemnidad del acto.
Un extenso cortejo antecedía el paso, encabezado por la Banda Sinfónica Municipal de Sevilla y la excelencia musical que la caracteriza, con un repertorio de marchas muy cuidado e interpretado magistralmente.
Tras la formación, los hermanos de la Asociación de fieles Virgen de los Reyes continuaban la comitiva, seguidos de la Archicofradía Sacramental del Sagrario y el Cabildo Catedral.
Finalmente, la bendita imagen se intuía a lo largo del recorrido entre una nube de incienso, portando el bellísimo manto verde bordado en oro donado por la Reina Isabel II en el siglo XIX y restaurado recientemente, reestrenando la pieza en esta ocasión tan especial.
No era la única novedad, ya que la Virgen se cobijaba por vez primera en su salida de agosto bajo el nuevo palio de tumbilla, el cual fuera presentado en las calles el pasado mes de diciembre durante la recordada Magna.
La patrona siguió su itinerario habitual, rodeando la Seo metropolitana por las calles Cardenal Amigo Vallejo, Alemanes, Avenida de la Constitución, Plaza del Triunfo y regreso por la Puerta de Palos en la Plaza Virgen de los Reyes.
En el trayecto, las altas temperaturas, que no darán tregua hasta el próximo martes, y el gentío agolpado a lo largo del recorrido han sido los protagonistas de la jornada.
Una vez finalizado el tránsito de la Virgen, el paso giraba sobre sus pasos antes de entrar y se detenía con la imagen mariana mirando al pueblo.
Segundos después, desfilaba ante la venerada talla la representación del ejército de tierra, el cual era recibido entre aplausos por los sevillanos, en señal de agradecimiento y admiración.
Terminado el paso del ejército, Nuestra Señora de los Reyes se despedía de la ciudad y regresaba a la catedral con el repique de las campanas de la Giralda, las cuales sonaron en varios momentos de la procesión para realzar aún más la belleza de este día de júbilo en la capital andaluza.
































