La crónica | Suspiros de Estrella

Dice la psiquiatra Marian Rojas que “la felicidad no se define, se experimenta”. Eso es precisamente lo que ha ocurrido hoy en Sevilla, el disfrute de los sentidos elevado a la máxima potencia. 

Los hermanos, devotos y cofrades esperaban ansiosos este 2 de noviembre en el que se celebraría por todo lo alto el 25 aniversario de la Coronación Canónica de la Estrella. 

Y llegó el día soñado. La imagen de autor anónimo presidía imponente su paso, con el palio de Garduño, el manto de la Virgen del Mayor Dolor y Traspaso ideado también por el recordado diseñador y un exorno floral elaborado con nardos. 

Todo estaba dispuesto para la procesión triunfal que llevaría a la dolorosa del Domingo de Ramos desde la Catedral hasta la Parroquia de San Gonzalo, para regresar después a su capilla de la calle San Jacinto. 

Y así ocurrió. Faltaban poco minutos para las cinco de la tarde cuando la Santísima Virgen cruzaba el dintel de San Miguel, dejando atrás momentos de mucha emoción al rezar ante la tumba de Juan Pablo II y presentarse ante la Patrona de la Archidiócesis, Nuestra Señora d ellos Redes, en la Capilla Real. 

Inmediatamente sonaba la Marcha Real y una de las composiciones más interpretadas a la Virgen, la clásica “Estrella Sublime” de Manuel López Farfán a los sones de la Sociedad Filarmónica Nuestra Señora de la Oliva de Salteras. 

Tras este momento de júbilo, las andas procesionales tomaban impulso para ganar velocidad y así cumplir en la medida de lo posible los horarios estipulados. 

El primer lugar en el que la comitiva se detenía era la Capilla del Baratillo, en la torera calle Adriano junto a la Real Maestranza de Caballería. 

La Santísima Virgen saludaba a la cofradía del Miércoles Santo con los compases de “Sevilla” de Isaac Albéniz, haciendo las delicias de los presentes que celebraban con un efusivo aplauso el irrepetible momento. 

Una vez superado este punto, volvía a ganar metros el paso de palio por Pastor y Landero y Reyes Católicos, para llegar al anochecer al Puente de Triana, el cordón umbilical entre la capital andaluza y las calles de su feligresía. 

Allí volvía a pararse en reloj en calles como Evangelista, dónde se interpretaban las marchas “Rocío” y la Salve de la Hermandad del Rocío de Triana a las puertas del templo de la corporación, al tiempo que se iniciaba una espectacular cascada de fuegos artificiales. 

También se vivían instantes muy hermosos en la Parroquia de San Juan Bosco de los Salesianos, cuyo pórtico estaba presidido para la ocasión por María Auxiliadora, conocida popularmente como “La Sentaita de Triana”, que se ubicaba en unas andas preparadas para tal acontecimiento. 

Al filo de la medianoche María Santísima de la Estrella llegaba a la Parroquia de San Gonzalo, el lugar elegido para conmemorar este día histórico con una visita a la hermandad vecina, la misma que cada Lunes Santo saluda dos veces a la dolorosa de San Jacinto, a la ida hacia la catedral y a su regreso a casa. 

La Virgen de la Salud esperaba a su madrina de coronación canónica con manto azul y saya blanca perteneciente   la propia imagen. 

Los minutos pletóricos ante el templo trianero ponían en broche a una noche que recordarán en la cofradía de la Estrella durante generaciones, culminando con la apoteósica vuelta a su capilla donde el Señor de las Penas presidía el altar a la espera del encuentro con su Madre Amantísima, el lucero luminoso de Triana y Sevilla.