La crónica | Triana navegó a Sevilla con su Esperanza

Miles de personas arroparon a la dolorosa de la calle Pureza en su.traslado a la catedral

Faltaban diez minutos para las cuatro de la tarde cuando el deslumbrante palio bordado en oro cruzaba el dintel de la capilla entre una nube de incienso.

Los costaleros mecían las caídas con su característico son, el cual resonaba con ímpetu en la Calle Pureza mientras el público guardaba un sepulcral silencio.

La emoción contenida no duraría mucho, y justo cuando el último varal superaba la puerta del templo trianero emergía una alabanza espontánea a la Señora del arrabal.

La Esperanza estaba en la calle tras un año de ausencia, y la ocasión era especial: La Magna de Sevilla.

La calle lucía engalanada con gallardetes verdes adornados con el ancla, símbolo de la advocación de la imagen, junto a flores de papel y banderolas con los colores azul y blanco de la Inmaculada Concepción que celebra mañana su onomástica.

La dolorosa de la Capilla de los Marineros recorrió Pureza durante cincuenta minutos para salir después a la Plaza del Altozano.

Esperanza de Triana, Triana de Esperanza, Rosario de Montesión o Siempre la Esperanza fueron algunas de las marchas que sonaron en las primeras horas del itinerario.

Miles de personas acompañaron a la Bendita Imagen desde el inicio de la procesión, y junto a ella cruzaron el Guadalquivir para encontrarse con una Sevilla expectante a la otra orilla del puente.

Justo en ese momento, cuando la Virgen navegaba sobre las aguas del río, los cohetes la despidieron de su barrio con todos los honores.

El sol se perdía en el horizonte mientras caía la tarde y el paso de la Esperanza acariciaba la calle Reyes Católicos para continuar el trayecto hasta la Santa Iglesia Catedral.

Bellísima fue la revirá en Pastor y Landero, y magistral la llegada a la Capilla del Baratillo, endulzada con la marcha Pasan los Campanilleros, interpretada por la Banda de Música María Santísima de la Victoria de la Hermandad de las Cigarreras.

El público estalló en aplausos con el característico andar del paso de la Virgen, que se encaminaba con un paso más acelerado hacia el templo mayor hispalense.

A las ocho y veinte minutos alcanzaba la reja de la catedral en la Plaza Virgen de los Reyes, entrando unos instantes después y sin apenas retraso.

Culminaba el traslado de la Esperanza con la mayor brillantez a la espera de la solemne salida grupal de todas las imágenes que presidirán el acto mañana en el Paseo Colón.