Avanza inexorable esta inolvidable Semana Santa cuajando memorables escenas para el recuerdo que permiten hacer volar la imaginación y cerrar los ojos en busca del sueño perdido. Seis cofradías han inundado las calles de mágica poesía para los sentidos. Perdón, Palmeras, Calvario, Misericordia, Pasión y Paz y Esperanza. Seis maneras diversas de entender la religiosidad popular que alcanza toda su dimensión en la heterogeneidad de sus propuestas, metáfora perfecta de la propia Semana Santa, en la que se funden la elegancia, la sobriedad y el derroche para conformar una de las jornadas más completas de todo el ciclo. El único elemento destacable, el retraso que se propició en Carrera Oficial por una emergencia sanitaria que obligó al parte del cortejo de la Paz a echarse a un lado en la calle de la Feria para que una ambulancia pudiese acceder al lugar para atender a una señora. Una intervención sin mayores consecuencias.
La Hermandad del Perdón es una corporación que ha experimentado en los últimos años una evolución espectacular, impresionante, fruto del trabajo bien hecho desarrollado por el equipo humano que la dirige. La Cofradía del Buen Pastor ha ido dando pasos de gigante en pos de una definición estética y artística, cuyo mayor exponente es el flamante proyecto de palio, en fase de realización, obra del granadino Álvaro Abril, bandera indiscutible del proyecto.
Y esta evolución se evidencia igualmente con la presencia de la cofradía en la calle, potenciada por la excelente gestión de las redes sociales este Miércoles Santo, que tiene en la aportación musical de dos bandas excepcionales uno de sus valores añadidos más trascendentes. La banda de cornetas y tambores Coronación de Espinas, es toda una garantía de éxito. Su interpretación exquisita, extremadamente rica en matices, óptima para paladares exigentes, es el contrapunto perfecto para el caminar comedido y elegante de la cuadrilla de la Bofetá, con la que ha logrado alcanzar una simbiosis prácticamente perfecta. Exquisita fue la interpretación de la marcha «Prendido» para acceder a la Plaza del Triunfo.
Por su parte, la presencia tras el paso de palio de Tubamirum, de la que ya hemos hablado pormenorizadamente a lo largo de esta Semana Santa, pero de la que no nos cansamos de repetir que se ha convertido, por derecho propio, en toda una referencia de la música procesional de la provincia de Córdoba, es un acierto indiscutible. El finísimo transcurrir por la Puerta del Puente, así lo confirma. El bellísimo exorno floral, que ha presentado el paso de palio ha sido la guinda perfecta para una magnífica puesta en escena que ha merecido el beneplácito generalizado.
Auténticos héroes son los hermanos de la Cofradía de Palmeras, ellos y ellas. Muy jóvenes, en su mayoría, los miembros de un cortejo que soporta una distancia que, pese a quedar reducido sólo a la ida de la Catedral, para muchos sería inasumible. Toda una odisea multiplicada por el hecho de ser una hermandad que, en sí misma, es una muestra irrefutable del esfuerzo y la ilusión de un barrio humilde cuyo sueño de cofradía continúa inalterable, pese a todas las trabas y vicisitudes que se encuentran año tras año en el camino.
Un esfuerzo encomiable menospreciado por cofrades de rancio abolengo incapaces de ver más allá de su propia prepotencia, de una fecha de fundación centenaria o un techo de palio bordado en talleres de apellido ilustre. Un empeño titánico vilipendiado por profesionales en mirar por encima del hombro a sus semejantes que nos ha vuelto a dar una lección a todos de lo que significa ser cofrade de verdad. La llegada de la Hermandad de Palmeras a Carrera Oficial este año, adicionalmente, ha tenido connotaciones históricas por ser la vez primera que la corporación claretiana ha materializado el sueño de procesionar a su nuevo crucificado, una auténtica maravilla nacida de la gubia del imaginero Antonio Bernal; uno de los mejores crucificados de Córdoba, a juicio de quien les habla.
Los sones de la Agrupación Musical Santísimo Cristo de la Bondad de Alcalá de Guadaira se entremezclaron, apenas a unos metros del palquillo de entrada, con los aplausos emocionados del medio barrio que acompaña el devenir de la cofradía, camino del corazón de Córdoba. Una emoción que sentimos muchos de los presentes, en las inmediaciones de la Puerta del Puente, cuando constatamos el caminar elegante y comedido del paso de misterio mandado por Luis Maya, andando con paso muy corto, fundido por un elegante repertorio, conformando una magnífica puesta en escena como culminación del sueño de llevar el alma de uno de los barrios más humildes de Córdoba al centro neurálgico de su religiosidad popular.
La Hermandad de Palmeras es un ejemplo de esfuerzo y de superación, materializados en los estrenos que año tras año, con el sudor de la frente de todos sus hermanos, es capaz de realizar, algo de lo que otros no pueden presumir. Un ejemplo que merece el respeto y la admiración de toda la Córdoba Cofrade, y el que no lo vea de este modo, que se siente un instante y reflexione… que buena falta le hace.
Resulta indiscutible que la Hermandad del Calvario ha logrado alcanzar la estabilidad fruto de la perseverancia del equipo de gobierno que ha dirigido y dirige la corporación en los últimos años a la que han contribuido de manera decisiva el trabajo del capataz de la cofradía, Jesús Ortigosa, propiciando una puesta en escena en la que la sobriedad es la seña de identidad. Una mano que se ha dejado notar con nitidez desde el preciso momento en que se hizo cargo de las respectivas cuadrillas costaleras que tiene la responsabilidad de dirigir.
El Nazareno de San Lorenzo, con su andar valiente y comedido, ha mantenido ese genuino sabor ancestral que su antecesor, Carlos Lara, supo imprimir, recuperando el sello que precisa el caminar de Jesús del Calvario, pero dotándolo de su propio sello. El magnífico acompañamiento de la Banda de Cornetas y Tambores del Nazareno de Arahal, se erige en el complemento perfecto, porque proporciona un punto de brillantez que contrasta a la perfección con la soberbia sobriedad de la cuadrilla, logrando un contrapunto muy notable.
Por su parte, el paso de palio de la Virgen del Mayor Dolor camina de manera deliciosa. Sin estridencias de cara a la galería, la cuadrilla que manda también Jesús Ortigosa desarrolla una manera de entender el oficio de costalero que, en cierto modo recupera el concepto de cuadrilla profesional, pero proporcionando personalidad propia a cada paso que tiene el privilegio de llevar sobre sus hombros, como ocurre con el palio del Mayor Dolor al que Ortigosa y sus hombres han incorporado un sabor genuino que se paladea en cada chicotá.
Con el incuestionable sabor de barrio que siempre atesora, se presentó la Hermandad de Pasión este Miércoles Santo al pueblo de Córdoba. Una cofradía con una identidad propia, que desde el punto de vista estético está cosechando los frutos del excelente trabajo desarrollado por parte de la Junta de Gobierno que ha presidido hasta hace muy poco Manuel Díaz y que continúa trabajando en el objetivo de construir una auténtica joya en forma de palio para María Santísima del Amor. Mientras tanto, la cofradía muestra sus credenciales apoyándose en la profundización de su propia idiosincrasia, personificada de manera especialmente patente en el tradicional caminar del Señor de San Basilio.
A los sones de la Agrupación Musical Santo Tomás de Villanueva de Ciudad Real, que lleva acompañando a Jesús de la Pasión desde que dejó de hacer lo propio con el paso de misterio de la Hermandad de la Paz, junto al que tan gratos recuerdos proporcionó a los hermanos de la corporación capuchina, la entrada en Carrera Oficial del paso del Señor deparó una de las imágenes más bellas de la jornada, con el Señor luciendo la magnífica nueva túnica -concebida por Julio Ferreira y materializada por Jesús Rosado- que se ha convertido, por derecho propio, en una de las joyas patrimoniales de la Córdoba Cofrade.
El paso de palio de María Santísima del Amor, dulcísima, se desenvolvió de un modo especialmente elegante en la Puerta del Puente, sin reservar ni una gota de la esencia que siempre derrama en su regreso al Alcázar Viejo, felizmente acompañada por la magnífica Banda Municipal de Coria y dejando tras de sí un halo de satisfacción generalizada.
Es una auténtica delicia ver discurrir a la Misericordia por cualquier punto de su recorrido. El incalculable patrimonio de la cofradía de la Basílica de San Pedro, unido al buen gusto con el que se distribuye por el cortejo blanco y morado, son elementos que ponen en valor a una de las cofradías con uno de los guiones más completos de Córdoba.
Si a todo ello se añade un cortejo perfectamente organizado, con los nazarenos agrupados a una distancia mínima y guardando una compostura digna de todo elgio y que, lamentablemente, no prolifera entre las cofradías que no son de silencio, el resultado es todo un lujo para los sentidos se presencie por Carrera Oficial o por la estrechez de Lineros.
Camina con solvencia el Crucificado de San Pedro con un andar pausado que permite saborear su presencia con plena intensidad. El acompañamiento de Caído y Fuensanta, es otra de esos binomios que han ido cuajando a lo largo de los años para convertirse en indiscutible. Espectacular fue la imagen del crucificado avanzando por Torrijos, una auténtica gozada.
Lo mismo ocurre con el remozado paso de palio de Nuestra Señora de las Lágrimas en su Desamparo y la Banda de María Santísima de la Esperanza, que viven una relación que se prolonga nada menos que una década y media. No en vano, la Misericordia fue la primera hermandad que tuvo a bien contar con los servicios de la excelente formación musical allá por el año 2008.
Mención especial merece el trabajo que desarrolla el equipo de Enrique Garrido al frente de ambos pasos de la Misericordia. La calidad incuestionable de la cuadrilla que manda Garrido sublima el magnífico conjunto artístico que preside la Virgen y logra lo propio con el paso del imponente crucificado. Un maravilloso regalo para los sentidos que cada Miércoles Santo la Misericordia ofrece a Córdoba, multiplicado por el efecto, magnífico, del palio reformado de su dolorosa, que por fin brilla como merece.
La Virgen de la Paz ha demostrado este Miércoles Santo por qué es una de las Reinas indiscutibles de la Córdoba Cofrade, le pese a quien le pese, incluidos quienes adulan en público lo que menosprecian en privado. Su luz blanca y refulgente ha brillado como nunca a lo largo de todo el itinerario que la ha llevado camino de la Santa Iglesia Catedral y posteriormente de regreso a Capuchinos. Derrochando una alegría contagiosa, el paso de palio de la Reina de Capuchinos, ha despertado la admiración de los miles de cordobeses que han buscado su mirada para reflejarse en sus pupilas y hallar en ellas, la Paz y la Esperanza de la que, en los tiempos que corren, tanto se precisa.
Acompañada de manera sobresaliente por la Banda de Música Municipal de Arahal, espectacular su repertorio y su manera de interpretarlo, que ha dotado su caminar de un inequívoco aroma muy del gusto de quien les habla, la Paloma de Capuchinos ha despertado la admiración por cada calle y cada plaza por las que ha derramado su esencia. Brillante su entrada en Carrera Oficial y espectacular su presencia en los jardines de La Merced, en los que ha entrado con una levantá a pulso a los sones de “Esperanza de Triana Coronada”, demostrando, de manera inequívoca, que tiene un lugar predominante a la hora de hablar de espectacularidad en la Semana Santa de Córdoba. Su llegada a Capuchinos, a compás de “Paz y Esperanza”, de Martín Salas -un auténtico himno-, bajo una petalada, fue otro de los momentos álgidos de la noche.
Respecto al paso de misterio, el diagnóstico es igualmente brillante. Conserva la cuadrilla de Humildad y Paciencia la espectacularidad de antaño, potenciada por la compenetración con la música que lleva detrás. Probablemente porque el estrastosférico nivel que la banda de cornetas y tambores de Nuestra Señora de la Salud atesora es el que necesita un paso de misterio como el de la corporación cordobesa. Se trata de una banda excepcional, acorde con su compromiso y esfuerzo, y con un repertorio perfecto para el paso de misterio de la cofradía capuchina. El transitar por los Jardines de la Merced fue literalmente apoteósico como atestiguan las atronadoras ovaciones que el paso de misterio generó en este enclave. En definitiva, la Cofradía de La Paz volvió a convertirse en la Reina del Miércoles Santo, que es exactamente lo que debe exigirse a una corporación del potencial que atesora la hermandad capuchina.
No quiero concluir sin alabar el modo en el que el cortejo de la cofradía discurrió en las últimas calles de su itinerario, como en Manuel María de Arjona, que sirvieron para endulzar el mal sabor de boca que habían dejado los cortes persistentes en la entrada en la Carrera Oficial. Los nazarenos juntos, como debe ser, y una sensación generalizada de cofradía de bulla que es exactamente lo que es La Paz, demostrando que es innecesario y absurdo llevar a servidores alejando al pueblo y al propio cortejo de los pasos, bajo la excusa de que puedan andar y que lo único que logran es que el misterio y el palio se queden colgados, como le ha ocurrido a esta cofradía en muchas ocasiones pretéritas.
La llegada de la Paloma de Capuchinos a su hogar, a las cuatro menos cuarto de la madrugada puso el punto final a una espectacular jornada, un conglomerado de detalles, tamizados a través de sus cofradías, que han vuelto a demostrar que el Miércoles Santo se ha convertido, desde hace muchos años, en uno de los días grandes de la Semana Santa de Córdoba.





















































































































































































































































































