La crónica | Una procesión del Corpus entre la historia y el amago para no caer en la intrascendencia

Tras la pandemia, la salida está dejando brotes verdes, gracias a algunos cambios como la participación del misterio de la Cena

La procesión del Corpus de Córdoba no puede compararse con las de Sevilla, Granada y Toledo por muchos factores. Desde el día (en esos tres lugares es en su jornada, el jueves, mientras en la ciudad califal es el domingo), el horario (en la capital de San Rafael la tarde se antoja un axioma), el cortejo y el menor número de fieles en las calles.

Sin embargo, los tres últimos años la solemnidad ha ido progresando a paso demasiado tímido para lo que el acontecimiento requiere y supone. Unos brotes verdes que se iniciaron con la inclusión en el cortejo del misterio de la Sagrada Cena, que sin duda -y pese a las reticencias- ha dotado a la procesión de un empaque mucho mayor. 

Y no solo a la salida en sí, sino que la cofradía del Jueves Santo ha aportado un prólogo y un epílogo (con los dos traslados), que al menos generan un cierto ambiente de lo que se celebra que, sin ir más lejos, se supone una de las celebraciones centrales de los católicos.

Música

Otro de esos brotes -o amagos de cambio para no sumirse en la intrascendencia- ha sido a consecuencia de la inclusión de bandas. Así, la de cornetas y tambores de La Salud de Córdoba ha ejercido de heraldo abriendo un cortejo y anunciando, con la potencia de sus sones, que el cambio está en marcha, como la Iglesia en salida, la procesión en camino para evangelizar con su protestación pública.

La banda de La Salud abre la procesión del Corpus de Córdoba

La Salud, como decíamos, es un alarde de potencia, pero también de calidad y ha dejado en evidencia que es la formación del escalón superior en la ciudad. Pero sin olvidar a La Estrella, que en cuanto a bandas de plantilla completa ha dado -estos últimos años- el salto para ponerse en cabeza y el reconocimiento, aunque no ha llegado aun en otros actos ‘institucionales’, ha sido el formar parte de un Corpus que ha crecido, en parte, gracias a la formación. 

Y todo eso sin dejar atrás a Tubamirum, que sonó exquisita tras el misterio de la Cena, en esa mezcla tan de moda y tan del Cachorro de acompañar con bandas de música a Cristos o a misterios, si hace falta.

Detalles que faltan

Y la tradición se proyecta no solo en la joya de la corona, que es la custodia de Arfe, sino en el segundo apellido de su capataz, David Simón Pinto Sáez, que es el valedor de una saga mítica que camina hacia el siglo de historia dirigiendo el paso.

Ya solo falta que, como han hecho en Sevilla, los costaleros estén bajo la custodia, dotando de mayor prestancia aun su caminar; que la procesión se adelante a la mañana del domingo o al jueves, aunque no sea festivo en Córdoba; que se incluyan en el cortejo a San Rafael y a la Virgen de la Fuensanta; y que no se vuelva a cambiar el recorrido para limitarlo -como se hizo- a una vuelta a la Catedral. Detalles que no son baladíes y que dejan a la procesión cordobesa del Corpus a mitad de camino entre su historia, su futuro y la intención de no recaer en la intrascendencia.