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La crónica | Y con Madre de Dios del Rosario llegaron las bullas

Triana vivió una intensa jornada con la patrona de capataces y costaleros

El viejo arrabal se vistió de gala en una Día de la Hispanidad que recordó a los anteriores a la pandemia. Numeroso público, calles llenas y sones de la banda de las Tres Caídas abriendo el cortejo. En el interior de la parroquia de Santa Ana esperaba la imagen sobre un paso exornado por claveles, alelíes y astromelias en su mayoría.

Cuando asomó por el dintel del templo la tarde el sol buscaba los hornos de la Cartuja. Cerca de una decena de representaciones antecedían al paso, que fue comandado por Juan Manuel Martín en esta ocasión. Chicotás cortas para una procesión a la que le costó avanzar debido el numeroso público. Y este aprovechaba las paradas para averiguar a qué hermandades correspondían los escudos que circundan el paso, que este año estrenaba el de los Panaderos, ejecutado por Elena Trigo.

Antes de que tomase Rodrigo de Triana ya había gente esperando a las puertas de la capilla de la Estrella. La hermandad del Domingo de Ramos decidía suspender la celebración de la santa misa, prevista para las 20:15 h., por la visita de la corporación letífica. Pero eran las 21:10 cuando Madre de Dios del Rosario asomaba por San Jacinto. A su cita no faltaron caras conocidas, como el vestidor de la imagen, Joaquín Gómez, o Víctor García Rayo, quien cangrejeaba ante el paso como lo hacían decenas de personas.

La banda de las Tres Caídas pudo comprobar por sí misma que las bullas habían vuelto. Delante móviles y flashes que no perdía detalle de las marchas que interpretaron. Y aplausos al finalizar cada marcha. Tal expectación causó que las redes sociales no tardaron en dejar constancia del interés que suscitaba.

Cerraba el cortejo la banda del Maestro Tejera, que al mediodía ofreció un concierto en Santa Ana. Tras visitar la hermandad de la Estrella el cortejo continuó por Pagés del Corro, Antillano Campos, San Jorge, plaza del Altozano y Pureza, donde saludó a los titulares de la Esperanza de Triana. Después prosiguió hasta su sede canónica, siendo «Soleá, dame la mano» una de las últimas marchas interpretadas en un día donde tres corporaciones realizaron su salida procesional. Pasadas las 00:15 la Virgen entraba en su templo. Triana se reencontró a sí misma.

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