Una tradición que simboliza la ocultación de la divinidad de Jesucristo durante su Pasión y muerte
Hoy, V domingo de Cuaresma, la comunidad católica ha presenciado un momento emotivo y simbólico en la Catedral: la cobertura de la Cruz del Altar Mayor con un velo morado, color litúrgico que caracteriza a la Cuaresma. Esta cruz permanecerá velada hasta el final del Viernes Santo, cuando se celebre la Pasión del Señor y se descubra su verdadera significación.
La ceremonia de descubrimiento de la Cruz, que tendrá lugar en el Viernes Santo, es un momento culmen de la liturgia cuaresmal. En ese instante, el sacerdote o diácono proclamará tres veces, mientras descubre la Cruz: «ECCE LIGNVM CRVCIS IN QVO SALVS MVNDI PEPENDIT» (He aquí el leño de la Cruz, en la que colgó la Salvación del mundo). Esta oración, llena de significado y emoción, no tendría sentido si la cruz no hubiera estado velada previamente.
La tradición de cubrir crucifijos, cruces e imágenes durante las dos últimas semanas de Cuaresma se remonta a la ocultación de la divinidad de Jesucristo durante su Pasión y muerte. Al igual que Jesús se ocultó a la gente durante este tiempo, la Iglesia católica simboliza esta ocultación cubriendo los símbolos de la fe. De esta manera, la comunidad católica se prepara para celebrar la resurrección de Jesucristo en la Pascua.
La cobertura de la Cruz del Altar Mayor de la Catedral es un recordatorio de la importancia de la Cuaresma como un tiempo de reflexión, oración y preparación para la Pascua. La comunidad católica se une en esta celebración para recordar la Pasión y muerte de Jesucristo y para prepararse para la alegría de la resurrección.





