Como hemos tenido ocasión de comprobar en anteriores ocasiones, la Córdoba Cofrade que conocemos actualmente no es sino el resultado de múltiples avatares que se fueron sucediendo a lo largo del tiempo y que, por supuesto, fueron modificando el panorama de forma constante, dando lugar a una historia a veces con interrupciones, llena de luces y sombras que, en la práctica, se tradujeron en intensas devociones, desapariciones y reorganizaciones con las que el pueblo se resistía a dejar caer en el olvido a determinadas imágenes y el fervor que estas hubieran suscitado años atrás.
Asimismo hemos podido confirmar recientemente que, de forma contraria a lo que ocurre hoy en día, aquellas hermandades de título mariano eran las que gozaban de mayor popularidad en la ciudad califal, muy por encima de aquellas con las que se pretendía rendir culto a distintos santos y, aún más, de las penitenciales, las cuales constituían una minoría siglos atrás, cargadas de un fuerte dramatismo con el que no solía encontrarse tanto apoyo por parte la sociedad cordobesa.
Sabiendo esto, no es de extrañar que, especialmente en el siglo XVIII con el auge de las hermandades rosarianas, algunas de las cofradías marianas conociesen su máximo esplendor, contando con el completo fervor y cariño de la antigua Córdoba Cofrade. Tales eran las circunstancias para hermandades como la del Socorro de la ermita del mismo nombre o Nuestra Señora de la Luz de Santa Marina.
Del mismo modo, fueron otras muchas imágenes las que pudieron disfrutar de la devoción de sus respectivos barrios tal y como atestiguan diversos archivos históricos, crónicas de prensa y, más tarde, también fotografías. También este fue el caso de Nuestra Señora del Rosario, Nuestra Señora del Carmen – tanto de San Cayetano como de Puerta Nueva – o de la Virgen del Tránsito, no solo de San Basilio sino también de San Agustín – la cual incentivó que la primera adquiriese el sobrenombre de “la Virgen de Acá”, a fin de poder diferenciarlas –, en torno a la que también se organizaban procesiones, según afirman algunos documentos.
Todo ello hace reflexionar sobre el culto a la Santísima Virgen en la Córdoba de otros tiempos, hecho del que el Convento del Santo Ángel tampoco quedó al margen con la veneración a la denominada Divina Pastora de las Almas, titular mariana del Redil Eucarístico de la Divina Pastora y el beato fray Diego José de Cádiz.
La particular devoción de los capuchinos hacia la Divina Pastora nace, nuevamente, en el siglo XVIII, período en el que, según la tradición, Nuestra Señora se apareció bajo un árbol ante fray Isidoro de Sevilla, ataviada al modo de los pastores y rodeada por un rebaño de ovejas. El relato se extendió rápidamente por todo el territorio andaluz, lo cual tuvo su repercusión en los distintos conventos de franciscanos capuchinos en los que, desde ese momento, comenzaron a levantarse altares en honor a la Divina Pastora.
La capital cordobesa no fue ninguna excepción y también aquí tuvo un gran auge desde un lugar tan emblemático como la inmaculada Plaza de Capuchinos. Allí, se dice, fue enormemente venerada la bella imagen de la Pastora – de la que no se conoce su autor aunque sí se pudo fechar su realización en el siglo XVIII, poco después de la mencionada aparición – hasta que ese fervor fue decayendo progresivamente, dejando a la bella talla en un discreto plano desde el que pasar prácticamente desapercibida durante largos años.
No fue hasta la década de los 90 del pasado siglo cuando la imagen de la Divina Pastora recobró su antigua relevancia y, con ella, su perdido protagonismo. Este cambio se produjo, una vez más, gracias a la más que notable influencia de fray Ricardo de Córdoba que, junto a un grupo de devotos, tomó la determinación de devolver el culto y la retirada atención a la que un día fuera nombrada patrona de los capuchinos.
A partir de entonces, la Divina Pastora del Convento del Santo Ángel volvería a estar en el punto de mira no solo con la celebración del Triduo en su honor, tradicionalmente llevado a cabo en torno al domingo del Buen Pastor, sino también con el besamanos en que la Santísima Virgen es expuesta en el interior del templo en la fecha del 6 de enero, festividad de la Epifanía del Señor.
Aunque esta información es la que se ha hecho saber en fechas más recientes, es también tanto cierto como necesario recordar la trascendencia de la Pastora aproximadamente unos 60 años atrás. Esa relevancia queda demostrada con los impresos repartidos en el año 1960 en los que la sonriente imagen aparece sobre unas líneas que anuncian una “Solemne Novena a la Emperatriz de los Cielos y de la Tierra, bajo el tierno título de Pastora Divina de las Almas”.
En el interior del impreso, por otra parte, se escribía lo siguiente:

La Comunidad de P.P. Capuchinos y la Asociación del Redil Eucarístico tienen el gusto de invitarle a la Solemne Novena que en honor de su titular la Divina Pastora de las Almas dedican durante los días 23 de abril al 1 de mayo de 1960.
Orden de los Cultos
Por la mañana – A las nueve, Misa Solemne con Exposición de S.D.M.
Por la tarde – A las siete y media, ante la Real Presencia de Jesús Sacramentado, Santo Rosario, Ejercicio de la Novena, cantos, Misa y Sermón a cargo del convencido y elocuente orador sagrado R. P. Clemente de Palencia, Pratxist del Colegio Teológico de los Padres Capuchinos de Sevilla.
Al final, Bendición y Reserva:
El día 1 de mayo, último de la Novena, a las nueve, misa de Comunión General con plática por el predicador de la Novena.
La parte musical estará a cargo de la Coral “Pastor Angelicus”.
Todas las tardes de la Novena podrán imponerse la medalla de la Asociación las personas que la deseen.
Se suplica a todas las Asociadas asistan a estas funciones con su medalla.
El Padre Director y la Junta Directiva del Redil Eucarístico de la Divina Pastora tienen el gusto de invitar a usted a esta Solemne Novena para sufragar los fastos que estos cultos ocasionan, rogamos entregue al portador de esta invitación sus limosnas, que hará el favor de indicar en el expía adjunto, recortándolo y entregándolo con su nombre.
P. Faustino de Sanlúcar aprovecha esta ocasión para reiterarle su agradecimiento y el testimonio de su más distinguida consideración.
Córdoba, Abril de 1960.
[…] Las personas que deseen ingresar en la Asociación del Redil Eucarístico o recibir en su casa la Capilla de la Divina Pastora, diríjanse al P. Director de Dicha Asociación. Convento de PP. Capuchinos – Córdoba […].
Con ello, queda nuevamente probado el gran peso que la Santísima Virgen – y en este caso en particular, bajo la advocación de Divina Pastora – ha tenido a lo largo de siglos en la Córdoba Cofrade, aun a pesar de los conocidos altibajos a los que un gran número de cofradías y asociaciones han tenido que enfrentarse y a los que, también en numerosas ocasiones, han logrado sobrevivir.






