Suspiros al toque de llamador

Suspira el querubín asfixiado bajo un odioso canto de chicharra que pone nervioso al más pintado y recuerda que algunos costaleros también acabaron así la pasada Semana Santa cuando su capataz les prometió relevos de sobra y poco más que se hacen la estación de penitencia de mármol a mármol arrastrándose porque ya no había quien pudiera con el Señor de Nazaret.

Suspira el alado porque tiene motivos más que fundados para sospechar que, si aquel capataz del que antes se habló, consigue seguir el año que viene tocando el martillo, es más por amistad con los de la junta que por sus méritos acumulados, aunque sobre esto él, que es muy de contar sus cosas por redes sociales, no ha podido sacar pecho al respecto.

Suspira el ángel porque así no hay capataz que desconecte en verano y al final no se va a poder vivir en paz el descanso vacacional.