El imaginero egabrense Adrián Valverde Cantero vuelve a situarse en el foco artístico con la presentación de dos nuevas figuras que formarán parte de la primera fase del futuro grupo escultórico del Señor de la Crucifixión de Torrent (Valencia). Se trata de dos sayones —«Lucio» y «Máximo»— concebidos con una fuerza expresiva singular y un tratamiento técnico que confirma la madurez creativa del autor.
En esta nueva interpretación del pasaje evangélico, Valverde introduce un recurso compositivo inédito: las cuerdas tensadas entre ambas figuras se cruzan formando una “X”, gesto que no solo refleja la pugna física en torno al suplicio, sino que alude simbólicamente a la advocación de la hermandad a la que van destinadas. En la escena, Lucio, con el semblante desencajado, increpa a Máximo para que redoble el esfuerzo. Este último se arroja al suelo con la intención de compensar el desnivel del patíbulo y facilitar la tensión de las amarras, generando una composición dinámica y rotunda.
Las dos tallas han sido ejecutadas en madera de cedro real, a tamaño natural —alrededor de 185 centímetros— y policromadas mediante veladuras al óleo que aportan una rica gama cromática, matices lumínicos y pátinas de envejecimiento cuidadosamente aplicadas. Ambas figuras visten corazas artesanales en cuero, elaboradas por la firma lucentina MARPI a partir de diseños del propio Valverde, completando así un conjunto que combina rigor histórico y estética cofrade.
Una trayectoria construida desde la vocación
La sensibilidad artística de Adrián Valverde se gestó desde la infancia en su ciudad natal, Cabra (Córdoba), donde nació el 11 de junio de 1987. Su inclinación natural hacia el arte fue alentada por sus padres, aunque sería su abuelo, Manuel Cantero Polo, quien lo conduciría hacia el taller del reconocido imaginero y restaurador Salvador Guzmán Moral, primer maestro que le permitió entrar en contacto con el modelado en arcilla y las técnicas de restauración.
Tras finalizar sus estudios de la ESO en el instituto Felipe Solís, ingresó en la Escuela de Artes y Oficios Mateo Inurria de Córdoba, donde cursó el Ciclo de Grado Medio de Talla Artística en Madera. Aquella etapa le brindó la oportunidad de conocer a destacados imagineros cordobeses y de trabajar como aprendiz en el taller de José Antonio Cabello, donde desarrolló un aprendizaje intensivo durante más de dos años.
En 2007 su actividad profesional experimentó un impulso significativo. En mayo participó en labores de restauración en el crucero de la Catedral-Mezquita de Córdoba, y en octubre inauguró en Cabra su primera exposición individual. En ella presentó varias obras de gran relevancia para su trayectoria: un Ecce Homo en terracota policromada, un busto de Jesús del Prendimiento —realizado en 2006 durante sus estudios— y la maqueta del que sería su primer gran proyecto procesional: el paso del Santísimo Cristo de la Caridad en su Sentencia para la Cofradía de la Sagrada Resurrección (Badajoz).
Desde entonces fijó su primer taller en Cabra y continuó desarrollando aquel encargo monumental. El 17 de enero de 2009 fue bendecida la imagen titular, realizando su primera estación de penitencia en 2010 acompañada de los dos Soldados Romanos y Poncio Pilatos. El misterio quedó completado en 2012.
Crecimiento constante y expansión por España
A partir de esos años comenzaron a llegar numerosos encargos de restauración, piezas secundarias y participaciones en ferias cofrades como Salón Cofrade (Córdoba), Arcoan (Jaén), la Bienal Sebastián Santos Rojas (Huelva) o exposiciones en Rojales y Elche, entre muchas otras.
Un punto de inflexión llegó en 2015, cuando recibió el encargo de su primera Dolorosa: María Santísima del Dulce Nombre, conocida por él como “Mi Niña”, para la Hermandad de Jesús Obrero (Badajoz), bendecida el 9 de mayo.
Desde entonces, su producción se ha extendido por numerosos lugares de la geografía española: Cabra, Lucena, Benamejí, Alcalá la Real (su Dolorosa de la Amargura), Adra, Ceutí, Benidorm (un Centurión Romano), Logroño (un busto retrato), Malagón, Alhaurín el Grande, entre otros. A esto se suma su presencia continuada en ferias especializadas como Doña Mencía, Ciudad Real, Granada, Pizarra, Plasencia, Motril, Jaén o la gran muestra Esencia Cofrade de Almería.
Un taller con alma propia
Actualmente, Valverde desarrolla su labor artística en su estudio-taller radicado en Lucena, donde continúa trabajando cada día con la convicción de seguir creciendo como imaginero. Consciente de que la formación es un proceso inagotable, afronta cada obra con entrega y con la aspiración de encontrar, con el paso del tiempo, ese lugar que —como él mismo afirma— “solo el tiempo reserva a los elegidos”.




















































