La fuerza sobrenatural de Jesús de Marchena

Leía hace poco en una web de ámbito local una de las sorprendentes historias que acompañan a la venerada imagen de Nuestro Padre Jesús Nazareno de Marchena. Talla anónima obrada a finales del siglo XVI que procesiona en la mañana del Viernes Santo.

La página recogía un suceso ocurrido un Domingo de Resurrección. Un día grande para el pueblo marchenero que celebra la Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo abriendo por la mañana las puertas de los numerosos templos que salpican el trazado urbano de esta localidad de la campiña sevillana. A diferencia de la mayoría de los Domingos de Resurrección, el cielo estaba nublado y llovía. Era una tarde fatigosa y odiosa. El mal tiempo acentuaba el cansancio de este pueblo cofrade que tras una intensa cuaresma empieza su Semana Santa el Domingo de Ramos.

Este era el telón de fondo de un día pesado, aburrido y triste tras acabar la principal fiesta de Marchena. Y sobre el escenario, estaban unos amigos intentando agotar la tarde lluviosa de aquel domingo de 2013 paseando por una de las entradas del pueblo. En ese momento, un coche paró junto a ellos y bajó la ventanilla. Ellos no conocían las caras de los ocupantes del vehículo pero toda desconfianza que podría haber en la ocasión se disipó en cuanto los forasteros enseñaron una imagen en blanco y negro de la imagen de Jesús. No hay casa del término de Marchena que no tenga en un salón, comedor, dormitorio, cajón u otro lugar de la casa una imagen del Nazareno del barrio de San Miguel.

Los ocupantes del vehículo, personas de mediana edad, le preguntaron dónde podían encontrar a la imagen de la estampa. Los chicos respondieron que la talla recibía culto en la iglesia de San Miguel pero en aquel momento se encontraba cerrada. El ánimo de los viajeros que venían de Villaverde del Río no se vino abajo y contaron la historia de por qué se encontraban en Marchena.
Resulta que el marido de este matrimonio había trabajado en Marchena hace muchos años. En este periodo un compañero le regaló la estampa de Jesús Nazareno que acababan de enseñar. El villaverdero la guardó en su cartera y un día se dio cuenta que la perdió. Sin echar muchas cuentas, volvió a aparecer de manera casual. El hombre no dio importancia a lo ocurrido, pero más tarde volvió a perder la estampa y de forma extraordinaria volvió a aparecer. Fue entonces cuando el matrimonio comprendió que eran testigos de algo sobrehumano, sorprendente, sensacional.

Así que decidieron ir a Marchena para ver en vivo a la divina imagen de Jesús Nazareno. Ellos no eran de Marchena y no podían lograr comprender la sobrenaturalidad fuerza de Jesús de Marchena. Sus paisanos sí conocen a la perfección la áurea divina que envuelve esta talla anónima. Las paredes de San Miguel son los testigos más próximos de los milagros del Señor de Marchena. Él hace que cada año en su conocido mandato del Viernes Santo sus fieles se echen a llorar en un diálogo personal y secreto. Es la causa por la que un hombre de Barcelona cuyos padres emigraron a Cataluña recorra numerosos kilómetros cuando tiene un problema para ver al Señor y tras su visita irse sin que nadie sepa nada.

Nadie conoce cómo llegó Jesús Nazareno a Marchena, ni quién lo creó. Lo que sí se sabe es que Él vive en cada corazón marchenero, en cada esquina del pueblo. Conoce todos los problemas de sus fieles y sabe cómo querer a cada uno de ellos porque Él es el Padre de todo un pueblo que vive en el diálogo eterno de su mirada.