La Hermandad del Amor a finales de los 60 y principios de los 70

Como hemos podido conocer en anteriores ocasiones y aunque actualmente la tendencia y las circunstancias son considerablemente distintas, muchas de las hermandades más sólidas y de extensa historia en la Córdoba Cofrade se constituyeron en su día en torno a antiguas imágenes que ya en tiempos pretéritos habían gozado de un gran protagonismo en sus respectivos barrios, siendo incluso unas de esas grandes devociones a las que el paso de los años no siempre respetó en todo momento. Desaparecieron, como sabemos, las hermandades que, años ha, rindieran culto a imágenes tan devotas como las del Santísimo Cristo de la Expiración, el Santísimo Cristo de la Misericordia y Nuestra Señora de las Lágrimas en su Desamparo que, por fortuna, volvieron a recuperar su aletargada relevancia con la fundación de sus respectivas y actuales hermandades.

Algo parecido ocurrió con la venerada talla del Santísimo Cristo del Amor, de autor anónimo y fechada en el año 1550 al igual que las fieles imágenes de la Santísima Virgen y San Juan que, junto a Él, conforman la emotiva escena del Calvario. Todas ellas, pertenecían durante el siglo XVI, según las crónicas halladas, a una vieja cofradía de la que ya habíamos hablado en anteriores ocasiones e integrada en su mayoría por la alta aristocracia cordobesa. Esta realizaba su estación de penitencia en la jornada del Viernes Santo de acuerdo con los cánones de las clásicas procesiones de disciplinantes.

Durante largo tiempo, la imagen del Santísimo Cristo del Amor se dio por desaparecida aunque sí se tenía como referencia su antigua sede en la ermita de la Calle Crucifijo en el corazón del popular barrio de la Magdalena a la que acabó por dar nombre el querido crucificado. No fue hasta épocas recientes, concretamente en el año 1955 cuando el que fuera obispo de la ciudad, el recordado fray Albino González y Menéndez-Raigada, organizó el traslado de la talla a la Parroquia de Jesús Divino Obrero, donde fue acogida con gran cariño por los vecinos del Cerro. Fue además el propio fray Albino el que fomentó y dio impulso a la creación de la actual corporación, lo cual motivó que la cofradía luciese el estandarte con el escudo del entonces obispo y decidiese implantar las túnicas blancas para su cortejo de nazarenos en recuerdo de los hábitos de la Orden Dominica.

Ya por el año 1970, la Junta de Gobierno de la cofradía, con Manuel Manosalvas Delgado al frente, al margen de la preparación y el desarrollo de los cultos cuaresmales, se hallaba completamente inmersa en su labor social, ocupados en las tareas caritativas, especialmente enfocadas en prestar su ayuda en casos de enfermedad, pagos necesarios de colegios, medicinas, campañas de Navidad y repartos de ropa entre otras muchas cosas. Con ello, la Hermandad del Amor se sumaba a la productiva actividad asistencial de la que Córdoba se convertía en escenario de solidaridad, entrega y ayuda a los más desfavorecidos.

Enormemente significativo resulta el detalle de que, a comienzos de la mencionada década, el consiliario de la corporación no fuese otro que Pelayo González Álvarez, sobrino del fundador de Jesús Divino Obrero, fray Albino González, y párroco de la sede de la hermandad.

El año de 1968 supuso la fecha del estreno del antiguo paso del Santísimo Cristo del Amor que ya hemos analizado en publicaciones anteriores, tallado de acuerdo al estilo barroco más puro, con cuatro escudos en sus laterales con representaciones de fray Albino, de la cofradía, de Córdoba y de la propia parroquia. Las esquinas, por su parte, llevaban como ornamentaciones el tallado en piedra de los cuatro evangelistas.

Un año más tarde, la Hermandad del Amor estrenada la cruz de guía realizada en plata cincelada, dando lugar a una fotografía que se convirtió en el primer premio del concurso organizado por la Agrupación de Cofradías, siendo esta misma instantánea la que apareciera en el cartel anunciador de la Semana Santa de Córdoba correspondiente al año 1970.

Como curiosidad, cabe destacar que en 1967, los entonces príncipes de España, Juan Carlos y Sofía, aceptaron respectivamente los cargos de Hermano Mayor y Camarera Mayor de Honor de la corporación. Precisamente por esta razón, el desfile procesional de la hermandad incorporó una vara más de Hermano Mayor, una correspondiente al hermano mayor al efecto y otra al joven príncipe Juan Carlos.

También recayó el título de Hermano Mayor de Honor de la Hermandad del Amor sobre el Gobernador Militar de Córdoba debido a la aceptación en su momento por parte de quien también fuera general Gobernador Militar, Francisco López del Pecho.

Como muestra de la dinámica actividad de la cofradía, la célebre corporación del Cerro contaba con el inestimable trabajo y los desvelos de la denominada Agrupación de Mujeres, formada por la respetable cifra de trescientas hermanas que se empleaban a fondo – física y económicamente – en optimizar y embellecer el altar del Santo Cristo del Amor así como las valiosas piezas patrimoniales, entre las que llamaban especialmente la atención los clavos que mantienen al crucificado pendiendo del madero.