La corporación someterá a sus hermanos una propuesta de intervención elaborada por el Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico
La Hermandad del Amor ha anunciado la convocatoria de un Cabildo General Extraordinario que tendrá lugar el próximo mes de junio, después de que la Junta de Gobierno aprobara oficialmente esta decisión durante el Cabildo de Oficiales celebrado en la jornada de este martes 19 de mayo.
El objetivo principal de esta convocatoria será someter a la consideración de los hermanos una propuesta de intervención, conservación, análisis técnico y estudio patrimonial sobre la imagen del Santísimo Cristo del Amor, trabajo que ha sido elaborado por el Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico, organismo de referencia en materia de protección patrimonial, restauración artística y conservación del legado histórico andaluz.
La corporación ha precisado igualmente que en próximas fechas serán comunicados oficialmente todos los detalles relativos a la convocatoria, la celebración y el orden del día de este futuro Cabildo General Extraordinario, una cita de especial trascendencia interna, notable importancia patrimonial y profundo interés para el futuro de una de las imágenes más sobresalientes, emblemáticas y representativas de la imaginería barroca sevillana.
La intervención contempla actuaciones estructurales y una compleja limpieza de la policromía original
El proyecto de conservación plantea en primer lugar distintas actuaciones sobre el soporte estructural de la imagen, entre ellas la recolocación y pegado de fragmentos de la corona, además del relleno y refuerzo de grietas y fendas detectadas en la talla. El criterio establecido para la reintegración del soporte se fundamenta en la restitución únicamente de aquellos volúmenes de los que existan datos fehacientes sobre su morfología original, ya sea mediante documentación gráfica o fotográfica, mientras que, en ausencia de dicha evidencia, las faltas de soporte serán debidamente documentadas pero no reintegradas.
En relación con la policromía, el proyecto contempla una primera fase de limpieza superficial, centrada en la eliminación de polvo, partículas y otros depósitos de suciedad acumulados. De forma paralela, se procederá a la fijación puntual de aquellos estratos policromos que presenten riesgo de desprendimiento, con el fin de garantizar la estabilidad material durante el proceso de intervención conservadora.
Asimismo, se plantea la limpieza integral de la policromía, con la eliminación de intervenciones anteriores, especialmente repintes y barnices oscuros, considerados elementos ajenos a la obra que pueden provocar daños estructurales o dificultar futuros procesos de conservación-restauración. Uno de los objetivos fundamentales de esta fase es la retirada de capas superficiales que impiden la correcta penetración de adhesivos, obstaculizando así las labores de fijación, consolidación y estabilización del conjunto.
Del mismo modo, se persigue la recuperación del valor estético original mediante la eliminación de estratos superpuestos que alteran la correcta lectura visual de la obra. En el caso concreto del Cristo del Amor, las capas de repinte y barnices oscuros son consideradas como aportaciones de otras épocas que han generado una evidente distorsión cromática, motivo por el cual se justifica su eliminación controlada para aproximar la imagen a su concepción original y a la intención del autor.
Antes de proceder a la retirada de estas capas añadidas, se establece la necesidad de realizar pruebas de comportamiento frente a la limpieza, aplicadas directamente sobre la obra mediante ensayos y catas controladas, complementadas con análisis físicos y estudios de laboratorio especializado que permitan evaluar la respuesta de los distintos materiales constitutivos.
En este contexto, se considera fundamental la difusión de resultados del proceso de intervención entre el colectivo vinculado a la contemplación de la imagen, con el fin de favorecer la comprensión y aceptación del nuevo discurso visual derivado de la intervención y de su futura lectura patrimonial compartida.
Los métodos y procedimientos de limpieza deberán ajustarse estrictamente para evitar cualquier alteración de las capas originales, impidiendo fenómenos como el reblandecimiento, el debilitamiento estructural o posibles daños mecánicos sobre la policromía histórica.
En caso de detectarse algún riesgo técnico durante la intervención, la actuación sobre la superficie policroma del Cristo del Amor podrá limitarse exclusivamente a una limpieza superficial básica, restringida a la eliminación de acumulaciones de polvo, hollín, grasas y otros residuos devocionales, así como a la fijación puntual de zonas con posible pérdida de estrato pictórico.
Finalmente, una vez completado el proceso de limpieza conservadora, se procederá a la reintegración de estratos de preparación y policromía, con el objetivo de restituir la necesaria uniformidad formal, facilitando así una correcta interpretación visual, lectura artística y comprensión estética de la obra en su conjunto.
Una de las grandes obras de Juan de Mesa
La historia del Santísimo Cristo del Amor se remonta al año 1618, fecha en la que existe constancia documental del encargo realizado por la entonces fusionada Hermandad de la Sagrada Entrada en Jerusalén y del Amor de Cristo al escultor y arquitecto Juan de Mesa y Velasco, considerado una de las grandes figuras de la imaginería sevillana, del barroco andaluz y de la escultura religiosa española del siglo XVII.
El contrato fue formalizado el día 13 de mayo de 1618 por mediación del entonces mayordomo de la corporación, Juan Francisco de Alvarado, especificándose que la imagen debía medir “de largo dos varas, antes más que menos, medido desde el calcañal del pie hasta la punta del cabello”. El documento recoge además que la talla debía ejecutarse en madera de cedro, mientras que la cruz sería realizada en madera de borne, materiales considerados de enorme calidad y durabilidad dentro de la producción escultórica de la época.
El precio estipulado para la ejecución de la obra quedó fijado en “mil reales, que valen treinta y cuatro mil maravedises”, figurando además en el contrato un extenso compromiso del propio escultor respecto a la realización personalísima de la imagen y a la obligación de concluirla con el máximo grado de perfección artística, fidelidad técnica y excelencia escultórica.
El texto contractual señala literalmente que el escultor se comprometía a realizar la obra “por mi persona sin que en ella pueda entrar official alguno”, añadiendo además que no levantaría la mano de la ejecución “hasta la tener acabada en toda perfesion”, facultando incluso a la hermandad a recurrir a otro maestro escultor si la imagen no resultaba satisfactoria o no era concluida conforme a lo pactado.
Una obra concebida en el taller de la antigua Cañaverería
El primer golpe de gubia sobre la imagen fue dado en el taller que Juan de Mesa y Velasco tenía abierto desde el año anterior en la actual calle Joaquín Costa, antigua Cañaverería, con salida posterior hacia la Alameda de Hércules, enclave fundamental dentro de la producción artística, escultórica y creativa del maestro sevillano.
Posteriormente, el día 4 de junio de 1620, quedó otorgada la correspondiente carta de pago tras la entrega definitiva de las imágenes realizadas por el imaginero, culminando así uno de los episodios más relevantes, influyentes y significativos de la escultura barroca sevillana.
El Cristo del Amor está considerado además como el primer crucificado ejecutado por Juan de Mesa, circunstancia que incrementa extraordinariamente el valor histórico, artístico, devocional, patrimonial y simbólico de la talla dentro de la historia de la imaginería andaluza.
Una de las cumbres de la imaginería barroca sevillana
La imagen, considerada por numerosos especialistas como una de las grandes obras maestras del barroco hispalense, presenta unas dimensiones de 1,81 metros y ha sido definida por la historiografía artística como un auténtico “Laoconte cristiano”, tanto por su monumentalidad escultórica como por la intensidad dramática de su composición y la fuerza expresiva de su anatomía.
El historiador José Hernández Díaz, en su obra Juan de Mesa publicada en 1972, describía la talla como “una de las obras más interesantes e importantes del arte sevillano”, destacando especialmente el dramatismo contenido de la figura, la monumentalidad anatómica y la intensidad espiritual que transmite la representación del Crucificado.
Asimismo, Hernández Díaz subrayaba la inscripción compositiva de la imagen en un triángulo sostenido por tres clavos, así como la influencia del sudario empleado por Juan Martínez Montañés en su Crucificado de la Clemencia, aunque reinterpretado por Mesa mediante un uso más profundo de las gubias y unos efectos de claroscuro que intensifican notablemente el lenguaje barroco de la obra.
El análisis artístico incide igualmente en la capacidad del escultor para representar con enorme fidelidad plástica la anatomía del Dios-Hombre, combinando naturalismo, corporeidad, dramatismo y una intensa dimensión sobrenatural orientada a provocar la contemplación religiosa y la emoción espiritual de los fieles.
Una imagen concebida para el culto interno y la evangelización pública
Los estudios sobre la talla destacan además que no se trata de una imagen concebida exclusivamente para la contemplación en el interior del templo, sino también para salir al encuentro de los fieles en la calle, interpelando espiritualmente tanto a los creyentes como a quienes permanecen alejados o indiferentes ante el mensaje cristiano.
Sus valores escultóricos quedan además reforzados por la encarnadura original de la imagen, en la que son visibles manifestaciones propias de las hipóstasis cadavéricas, conservándose la policromía primitiva salvo pequeños retoques acometidos durante restauraciones puntuales destinadas a corregir deterioros menores surgidos con el paso del tiempo.





