La Hermandad del Carmen ha alzado públicamente su voz en defensa de la figura del nazareno, frente a los ataques y críticas que, en los últimos tiempos, determinados medios de comunicación y opiniones públicas vienen vertiendo contra su papel en la Semana Santa de Sevilla. La corporación carmelita lamenta que se esté señalando a los nazarenos como los principales responsables de los problemas derivados de la masificación, hasta el punto de querer reducir su presencia en las procesiones, desdibujando así el verdadero sentido de las Estaciones de Penitencia.
En un comunicado cargado de firmeza y hondura, la hermandad sostiene que, en tiempos de creciente secularización, la participación masiva de nazarenos debería ser motivo de «profunda satisfacción» para la Iglesia y para la sociedad en general. Frente a quienes propugnan limitar su número como supuesta solución a los retos de organización y fluidez de los cortejos, el Carmen recuerda que tales planteamientos no solo desconocen la historia sino que ignoran el sentido auténtico de lo que significa realizar una Estación de Penitencia.
La Hermandad subraya que el Señor y la Virgen son, indudablemente, el eje central de la Semana Santa, pero que el nazareno es su actor principal, su testigo visible ante el mundo. «Si no se comprende —afirman— que lo esencial es su testimonio público, reforzado por la catequesis visual que ofrecen las imágenes que le acompañan, y no al revés, como muchos erróneamente piensan, se termina pervirtiendo el sentido mismo de este acto de fe».
El comunicado advierte contra la creciente tendencia a percibir la Semana Santa exclusivamente como un espectáculo y a considerar al nazareno como un obstáculo que dificulta o ralentiza el discurrir de los pasos. «Mirar la Semana Santa como un simple entretenimiento, y al nazareno como un elemento molesto que entorpece o aburre, es un signo alarmante de superficialidad«, sentencia la hermandad.
Finalmente, el Carmen concluye con una reflexión que invita a toda la sociedad sevillana a una revisión profunda: «Defender la dignidad del nazareno es, hoy más que nunca, defender el alma misma de nuestra Semana Santa«. Un mensaje claro, que pone en el centro de la discusión no solo la defensa de una tradición multisecular, sino el recordatorio de que, sin el testimonio público de fe que encarna cada nazareno, la Semana Santa perdería una parte esencial de su verdadero espíritu.





