La pieza, estrenada en 2001 con motivo de la reapertura del templo, ha sido enriquecida con encaje antiguo de hojilla donado por Francisco Carrera, autor de la intervención
La Hermandad de Nuestra Señora de los Dolores del Cerro del Águila, en Sevilla, ha anunciado la conclusión de la restauración y enriquecimiento del manto de camarín de terciopelo azul que forma parte del patrimonio de la Santísima Virgen, una obra de especial significación devocional y artística que ha sido intervenida en su soporte original por el reconocido bordador Francisco Carrera Iglesias.

El prestigioso taller sevillano, responsable de la restauración, ha llevado a cabo un minucioso proceso de conservación, limpieza y enriquecimiento del tejido, que ha culminado con la incorporación de un encaje antiguo de hojilla dorada, generosamente donado por el propio Carrera como ofrenda personal a la Virgen. Esta aportación, de gran valor artístico e histórico, se ha integrado con exquisita sensibilidad en el conjunto, realzando la belleza y solemnidad de una prenda litúrgica que forma parte del ajuar más íntimo de la dolorosa titular del Cerro.
El manto restaurado fue estrenado por la Santísima Virgen la noche del 24 de diciembre de 2001, en el contexto de una fecha profundamente simbólica para la hermandad: la reapertura de su nuevo templo parroquial, tras las obras de ampliación y renovación. Aquella noche, en la que la corporación celebró con especial júbilo la tradicional Misa del Gallo, marcó un hito en la historia reciente de la devoción a la Virgen de los Dolores, y el estreno de esta pieza textil quedó íntimamente ligado a aquel acontecimiento.
Con esta intervención, la Hermandad del Cerro continúa mostrando un compromiso firme con la conservación de su patrimonio, y al mismo tiempo, con la puesta en valor de los elementos que conforman la expresión cultual cotidiana de su Sagrada Titular, cuya presencia en el camarín preside la vida litúrgica y devocional del barrio.
El manto restaurado podrá contemplarse nuevamente en los próximos días, recobrando su lugar en la capilla de la Virgen, donde el azul intenso del terciopelo y el fulgor de la hojilla dorada volverán a resplandecer ante los ojos de los fieles que acuden diariamente a postrarse a sus plantas.





