Santiago Padilla, Presidente de la Hermandad Matriz de Almonte, y Antonio Ramos, Delegado de Formación, han entregado el cartel de la Venida de la Virgen a la Asociación Cultural El Traslado, representada por Antonia García y Pilar Arangüete. La entrega de la obra debió celebrarse en 2019, pero se ha realizado hoy, horas antes del inicio de la Feria de San Pedro, Patrón de la localidad. El cartel, obra del contrastado artista Fernando Vaquero, fue presentado en el Santuario de Nuestra Señora del Rocío, meses antes de la marcha de la Virgen a Almonte. Una marcha que ha durado más de 30 meses.

Vaquero la quiso titular “Donde comienza la Venida» y la realizó en óleo sobre lienzo. La pintura ilustra, con la emocionante maestría a la que nos tiene acostumbrados el artista, una calurosa tarde de verano en el Rocío, «pero no una tarde de verano cualquiera, sino la tarde de verano que los almonteños llevan esperando siete largos años«. Tal y como el propio autor explicó, el lienzo muestra a la Virgen que «acaba de abandonar el Santuario y ya se encuentra en el templete del Camino de los Llanos dispuesta a iniciar su Venida a Almonte. Vemos el gentío, las oraciones de sus hijos, los vivas, las salvas de escopetas que pintan con su humo blanco la escena. Y allá a lo lejos la vemos, tras ese sol de Agosto que pronto se pondrá. Un rayo de sol atraviesa las ráfagas de la Virgen que portan entre el gentío las abuelas almonteñas y al fondo a la derecha del espectador, entre el polvo, el calor y su pueblo adivinamos también su corona, y su media luna«.
Un trayecto celestial «de templete a templete, del templete del Rocío al del Chaparral, como si de un barco de luz se tratara, saldrá de un puerto para llegar a otro. Un barco de luz como aquellos de plata que la iluminaron antaño en su Santuario y que ahora la esperan en la iglesia de Almonte para volver a iluminar su cara durante nueve meses«. La espectacular obra muestra a la Virgen del Rocío «ante el sol de la tarde (…) con ese contraluz en el que no sabemos qué nos deslumbra más: si ese sol de agosto o la luz de su mirada». Ese es precisamente el efecto que Vaquero plasmó a través de su creatividad, «el efecto del deslumbramiento cuando miramos de frente a la luz, las dos luces que pronto se pondrán, la del sol que se ocultará por el horizonte y la suya que se ocultará cuando las camaristas suban a ese templete para colocarte el pañito y el capote, hasta que, tras una larga noche, las dos luces volverán a encontrarse, una rompiendo el alba, allá por el horizonte y otra en el Alto del Molinillo cuando le quiten el capote y el velo».
En la pintura, la corona efímera en forma de circular que conforma el templete sirve para conformar una de las dos “O” que componen la palabra Rocío, «y sobre tu nombre, he pintado tu otro nombre, la Blanca Paloma, esa que corona tu retablo , la que corona el techo de tu palio y tienes bordada en el manto y el simpecado de todas tus Hermandades». Un cartel que es capaz de trasladar el sentimiento hasta lograr situarlo a flor de piel y que el autor ha querido dedicar con un revelador brillo en la mirada, «al hombre que introdujo en mi familia la pintura, al que pintaba el primer cuadro que yo vi en mi vida, al que me contó que con colores también se pueden contar historias. Un hombre que te pintó decenas de veces, de Reina, de Pastora, que pintó a tus abuelas y que incluso modeló tu cara para que allá en París también te rezaran, Francisco Maireles». Una obra impactante para un acontecimiento único, que ya forma parte de la historia del Rocío.





