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El Capirote, Opinión, Sevilla

La hermandad rota

Con la aprobación de la reforma del paso del Cristo de la Expiración, la hermandad del Cachorro vuelve a vivir un capítulo que viene a engrosar la situación por la que están atravesando los hermanos de la corporación. El hecho de que se haya creado una petición en la plataforma change.org para evitar que se lleve a cabo cualquier cambio en el actual paso, pidiendo la declaración de BIC, es un hecho anecdótico al lado de los momentos por los que ha atravesado la hermandad recientemente.

Con 166 votos a favor, 100 en contra y 23 abstenciones, lo que supone contar con el respaldo del 59% de los votos emitidos, se evidencia claramente que hay dos sectores opuestos. Pero todavía hay más porque, si uno de los sectores ha apostado por la reforma a cargo de José María Leal, otro parece escindirse en una serie de subgrupos que, a pesar de las diferencias, parecen tener algo en común: intentar dinamitar la actual junta de gobierno.

Este subgrupo se divide a su vez entre dos principales vertientes. Por un lado, los que piensan que la cuantía de los 223.000 euros debería dedicarse a la obra asistencial y, por otro, los que creen que antes de reformar el paso habría que restaurar otro enseres, como el mediatrix, o el manto de salida de la Virgen del Patrocinio. La junta de gobierno, por lo tanto, ha pasado ya varias pruebas de fuego, donde se ha encontrado con no pocos enemigos que intentan que haya un giro en las actuaciones que toman. Y, para intentar influir en la opinión pública, saben de sobra que los massmedia tienen una importante función.

El que aquí suscribe cuenta con información de primera mano cuando hay un cabildo de esta hermandad. A pesar de no conocer a quienes se esconden tras la cuenta de correo personalmente, intuye que los tentáculos de cierto círculo llegan también a otros compañeros de profesión, e incluso se atreve a afirmarlo porque así le consta a través de terceros.

Surge entonces el debate de publicar o no la información que llega. Y, aunque algunos opten por hacerlo, hay otros que prefieren dejar en cuarentena los correos y fotografías que se adjuntan, no solamente por la dudosa fiabilidad de la fuente ―quienes son periodistas de profesión y conocen el código deontológico me entienden, más allá de esta estricta razón― sino porque hay un único camino que parecen perseguir, que es el de menoscabar cualquier actuación que la junta de gobierno lleve a cabo. Uno desconoce el origen del enfrentamiento, pero todo parece indicar que, en el próximo cabildo, las voces discordantes serán las mismas.

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