Se acaricia ya con la punta de los dedos la materialización de un sueño mil veces soñado en el corazón del barrio del Naranjo. Un sueño que se ha ido convirtiendo en realidad cuenta a cuenta de un rosario mágico que sus habitantes han ido desgranado hasta vislumbrar en el horizonte el día en que la Divina Enfermera regrese triunfante del núcleo espiritual esencial de la ciudad de San Rafael, dulce y elegante, como quiere su cofradía, para sanar los corazones afligidos y calmar el llanto de quienes más la necesitan.
En apenas unas semanas, el Martes Santo brillará con toda intensidad en el centro de nuestro universo y entonces, todas las miradas buscarán sus pupilas, cobijadas bajo el palio de su hermosura, tras la candelería completamente iluminada por los deseos cumplidos de años de espera e ilusión. Y será el momento de la dicha y de la satisfacción incontrolable, con sus bambalinas golpeteen al compás cadencioso de los corazones de sus costaleros y hasta la misma luna busque entretenerse en el bordado de su delantera.
Mientras tanto, el barrio que tantas veces imaginó que el sueño retumbaría con la llegada de Nisán, rotundo y maravilloso, se abandona en el preámbulo del sueño materializado, y comienza a engalanarse para la cita tantas veces diseñada, y los rincones comienzan a cuajarse de la infinitud de su mirada en la que se bañan las promesas y se refugian las oraciones. Ya se anuncia por las calles la llegada de su llegada, por obra y gracia de la fantasía conquistada.





