La Hiniesta repone al culto a Santa María Magdalena

En la tarde del martes 13 de mayo, la Hermandad de la Hiniesta ha restituido al culto la imagen de Santa María Magdalena, una de sus titulares más significativas, que ha permanecido retirada de su capilla desde el pasado Domingo de Ramos a causa de una intervención destinada principalmente a tareas de mantenimiento y limpieza especializada. La talla, obra cumbre de Antonio Castillo Lastrucci ejecutada en 1944, ha sido devuelta a su lugar habitual en el templo parroquial de San Julián, donde puede ser nuevamente contemplada por fieles y devotos en todo su esplendor. Esta recuperación supone una oportunidad para poner en valor tanto su riqueza estética como su profundo simbolismo iconográfico, en el contexto de una de las composiciones pasionistas más singulares de la Semana Santa hispalense.

Una obra maestra del imaginero sevillano

Realizada en madera de cedro estofada y policromada, con una altura de 1,12 metros, la imagen de Santa María Magdalena responde a una interpretación profundamente humana del personaje bíblico, representado en una actitud de dolor recogido y fervor penitente a los pies del Crucificado. Su ejecución fue el fruto de un encargo formalizado por la comisión gestora de la Hermandad en cabildo celebrado el 18 de febrero de 1944, con el objetivo de recuperar el antiguo misterio procesional que representaba a la santa en solitario, arrodillada ante el Cristo de la Buena Muerte, según la narración evangélica:

«Estaban junto a la cruz de Jesús su madre, la hermana de su madre, María la de Cleofás, y María Magdalena» (Juan 19, 25).

Castillo Lastrucci hubo de afrontar la tarea con premura, pues la corporación deseaba estrenar la imagen en la inminente Semana Santa. Tras su aprobación por parte de la autoridad eclesiástica el 23 de marzo de 1944, fue bendecida por el párroco de San Julián y desfiló por primera vez el 2 de abril, Domingo de Ramos. El coste de la escultura ascendió a 7.000 pesetas, una cifra significativa para la época.

Una iconografía única en Sevilla

La escultura de Santa María Magdalena de la Hiniesta destaca no sólo por su delicada expresión de lamento y recogimiento, sino también por su ejecución integral, al tratarse de una imagen de talla completa, lo que la convierte en una pieza singular dentro del panorama de la Semana Santa de Sevilla. A diferencia de otras cofradías que en el transcurso del siglo XX suprimieron esta iconografía del Calvario, la Hiniesta ha mantenido intacta la representación del misterio en que la santa aparece sola y postrada ante el Crucificado, preservando así una lectura teológica y devocional de profunda carga simbólica.

La riqueza del estofado de sus vestiduras, el estudio compositivo de los pliegues y el refinamiento en la talla del rostro han sido elementos largamente destacados por historiadores y críticos del arte sacro, que la consideran como una de las mejores creaciones “secundarias” del propio Castillo Lastrucci. El hecho de conservarse también el boceto en barro original que sirvió de modelo al escultor añade un valor documental excepcional al conjunto patrimonial de la Hermandad.

Una intervención respetuosa con su historia

La reciente intervención ha consistido en una limpieza general y tratamiento de conservación, respetando íntegramente la impronta original de la talla. No es la primera vez que la imagen ha sido objeto de atenciones técnicas: ya en 1991, el restaurador José Pérez Delgado llevó a cabo una reintegración de policromías y la sustitución de la peana, consolidando su estructura y restaurando su integridad formal.

Gracias a esta nueva actuación, Santa María Magdalena regresa con renovado esplendor, invitando a la contemplación y a la veneración, como figura profundamente identificada con la penitencia, el amor fiel y la redención, tan íntimamente vinculados a la espiritualidad cofrade.

Con esta reposición, la Hermandad de la Hiniesta no solo devuelve al culto una imagen de alto valor artístico y devocional, sino que reafirma su compromiso con la conservación de un patrimonio que, más allá de su valor material, constituye una manifestación viva de fe, memoria y tradición en el corazón de Sevilla.