Córdoba, El Rincón de la Memoria, Internacional

La historia tras la Virgen de las Tristezas

Tal vez sean el halo de misticismo que envuelve eternamente al Santísimo Cristo del Remedio de Ánimas, la esencia de años pretéritos que parece haber besado a la clásica hermandad de San Lorenzo o la propia discreción de la Virgen de las Tristezas los factores que tanto han presionado a la titular de la cofradía a estar indefinidamente en un segundo plano que Ella misma parece haber elegido con la intención de no robar un solo ápice de protagonismo a su amado Hijo.

Sin embargo, la dulce dolorosa cuenta asimismo con una larga historia a menudo eclipsada por la fascinación que el crucificado suscita año tras año a propios y extraños, pues no fue hasta el día 25 de junio de 1975 cuando la talla de Nuestra Señora Madre de Dios en sus Tristezas llegó a la célebre hermandad de Ánimas procedente de un anticuario ecijano. Fue una visita por parte del entonces Hermano Mayor de la cofradía la que propició hallar la imagen de la Santísima Virgen en esta localidad a la que había acudido con la intención de adquirir un templete destinado a la reliquia de la Santa Espina ubicada en el frontal del paso del Señor. Sin embargo, dicha visita obtuvo como fruto el hallazgo de la talla fechada en el siglo XVII, que tanto encajaba con el guión procesional de la corporación y que hasta ese momento había obrado en poder de un particular.

Tan solo una semana después del descubrimiento, la Virgen de las Tristezas era aceptada en el seno de la hermandad previa celebración de un cabildo general. Con su llegada se pudo conocer que la titular mariana de la cofradía tan solo tenía tallados el rostro y las manos, motivo por el cual se aprovechó el proceso de restauración confiado a Miguel Arjona y Miguel del Moral para ejecutarle el candelero del que carecía. Tras ello, se celebraría la emotiva y pertinente ceremonia de bendición de la dolorosa en la fecha del 10 de noviembre de 1975.

Fotografía Hermandad de Ánimas

No obstante, su primera salida procesional se produciría dos años más tarde, ocasión para la que la Virgen de las Tristezas fue portada de forma excepcional e histórica por costaleros, sobre un paso elaborado por Manuel de los Ríos que más tarde sería vendido a la Hermandad del Resucitado de Puente Genil. A pesar de lo llamativo del relato teniendo en cuenta el estilo por el que siempre se ha caracterizado la corporación del Lunes Santo, la jornada no resultó ser del agrado de los hermanos, lo cual motivó una nueva espera que se prolongaría hasta 1983, año en el que definitivamente la conmovedora imagen pudo salir a ruedas.

Así y todo, durante sus primeros años como parte de la Hermandad del Remedio de Ánimas, la Santísima Virgen comenzó a estar muy presente tanto en la vida como en los actos programados por la cofradía, tal y como demuestra la fotografía con la que se abre este artículo. Como cabe suponer, la imagen debió tomarse en los últimos años de la década de los 70, acompañando entonces al Santísimo Cristo del Remedio de Ánimas en uno de sus besapiés en la inconfundible Parroquia de San Lorenzo. En ella, resulta especialmente llamativa la manera en que aparece ataviada la enternecedora dolorosa, con una sobriedad incluso más imponente que de la que hace gala habitualmente en sus vestiduras actuales, pues al rostrillo y riguroso luto hay que añadir la absoluta ausencia de bordados.

Aunque Nuestra Señora Madre de Dios en sus Tristezas siempre ha pertenecido a ese numeroso grupo de imágenes de cuya autoría no se ha sabido nada, recientemente un artículo del historiador Agustín Camargo reveló que la talla de la Virgen podría ser obra del escultor y también clérigo antequerano Antonio del Castillo tras realizar un estudio riguroso con el que se trazó unas pautas comunes entre los rasgos de una serie de imágenes del artista – tales como la forma de las cejas, los ojos grandes e hinchados y la nariz y boca pequeñas – y entre los que cabe incluir la Virgen del Mayor Dolor de Cabra o la Virgen de las Lágrimas de Melilla amén de otras.

Esta teoría vino sin duda respaldada por la restauración de la titular de Ánimas que llevó a cabo Ana Infante, en la cual se consiguió sacar una policromía primitiva que puso de manifiesto grandes semejanzas con imágenes como la “Priorísima” de las Descalzas de Antequera, cuya autoría, perteneciente a Antonio del Castillo sí está documentada.