Las noches de verano en la geografía andaluza se llena de procesiones patronales. Son los días grandes de muchos pueblos de Andalucía. Días de fiesta. El día del santo de muchos de sus vecinos, el día en el que nuestros abuelos se conocieron y el día que desde pequeño nuestros padres intentaron hacer hueco en nuestro calendario y nuestro corazón para dejárselo al día de la patrona.
Siempre he escuchado con añoranza como era aquel día antiguamente. No se quedaba en un solo día de fiesta, sino que duraba días. Las calles se engalanaban con un ímpetu y pomposidad admirable, mientras en la novena no cabía ningún alfiler.
Sé que los tiempos han cambiado. Y con él las fiestas patronales. A peor, no nos dejemos engañar. Aunque siempre quede ese grupo de fieles que con esmero intenta mantener o ensalzar más sus fiestas.
Hace unos días en una plaza de un pequeño pueblo que acaba de celebrar sus fiestas patronales escuché una conversación que refleja la difícil posición en la que se encuentran estos días grandes. “Oye qué pasó el otro día en el pueblo que escuché como que tiraban fuegos artificiales”. “Era la procesión del Patrón”. “Ah, no tenía ni idea. ¿Tú fuiste a verla?” “Qué va. Me quedé en el local con mis amigas. El paso pasó por la puerta, pero no salimos a verlo”. “Yo no sabía ni que día salía”. “A mí esas cosas ni me van ni me vienen. “Igual que a mí”.
Unos comentarios que me llenaron de tristeza. Por muchas cosas que no vamos a desarrollar ahora. No sentí solo tristeza por la procesión del Patrón o por el pueblo. Sino por ellas y por mí. Por vivir en una generación que no presta atención a los días grandes para no salir de la monotonía de siempre.
Recuerdo como mis abuelos contaban que el día del patrón era el día que esperaban con más ansias en el año. Que como sus padres le dejaban quedarse hasta tarde y como semanas antes iban a la ciudad para comprarse aquellos vestidos que soñaban con pasearlos por la calle principal del pueblo durante la procesión.
Un tiempo que hemos perdido y nos queda librar una batalla dura en el que nos está tocando vivir. Costará que muchos pueblos de Andalucía recuperen el esplendor de sus fiestas patronales. Pero si lo hacemos, recuperaremos una parte de nosotros, una esencia que vive dentro de quien ha tenido la suerte de nacer una placita de un pequeño pueblo de nuestra geografía.
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