La joya que perdió la Semana Santa de Córdoba

Aunque sin ningún género de duda, el espíritu cofrade cordobés está íntimamente ligado al misticismo de sus tradiciones y a su amor por “lo de siempre” – por mucho que nos llame la atención la moda del paso de misterio y lo que ello suele conllevar – es innegable la influencia que ejerce sobre nosotros esa característica mezcla a la que dan lugar la curiosidad y la impaciencia que, a su vez, nos conduce a la tentadora posibilidad de convertirnos en testigos de los grandes cambios y las novedades que cada cierto tiempo nos trae nuestra Semana Santa.

No tendría sentido negar que uno de esos acontecimientos que parece no querer dejar de hacerse rogar es el de ver, al fin, a María Santísima de la Esperanza del Valle bajo un concluido y suntuoso palio que la cobije en el camino que, algún día – esperemos que ya no muy lejano – recorrerá siguiendo los pasos del que sus devotos han rebautizado como Señor de Poniente.

Sin embargo, aunque la obra de Miguel Ángel González Jurado – perfecto ejemplo de la inconfundible dulzura de la que suele dotar a sus obras – ocupa un lugar protagonista en el seno de la corporación establecida en la Parroquia del Beato Álvaro de Córdoba, lo cierto es que no hace tanto que la Hermandad de la Sagrada Cena contaba, en su lugar, con la presencia de otra hermosísima dolorosa que desapareció de nuestro panorama cofrade para pasar a formar parte del pasado, condenada, tal vez, a terminar cayendo progresivamente en el olvido.

La primitiva titular también bajo la advocación de María Santísima de la Esperanza del Valle, por su parte, formó parte de la historia de la cofradía desde sus comienzos, pues si la fundación de esta se produjo en el año de 1983, constituyéndose canónicamente como cofradía sacramental en 1985, fue precisamente en este último momento cuando la corporación adquiere al fotógrafo sevillano conocido como “Fernand” la bella talla de la Santísimo Virgen, dolorosa anónima fechada en el siglo XIX. Ese mismo año, en la fecha del 12 de mayo, la jovencísima hermandad veía bendecida a su titular a pesar de que no fue hasta el 18 de mayo de 1986 cuando le fue impuesta su corona.

Por su parte, la propia cofradía de la Cena, liga la historia de su primera titular a su ardua búsqueda de sede canónica, momento en el que la corporación de Poniente decide replantearse el ofrecimiento del siempre recordado párroco de la Iglesia de San Juan y Todos los Santos, Antonio Gómez Aguilar. En su ánimo de ayudar en lo posible a la cofradía, el religioso tomó la determinación de cederles la antigua capilla bautismal después de haber visto, por primera vez, la conmovedora imagen de Nuestra Señora de la Esperanza del Valle en el escaparate de una desaparecida tienda de tejidos denominada Vellum, S.A, ubicada junto a la tradicional farmacia “El Globo” entre las céntricas calles Alfonso XIII y Diego León.

Los diversos estudios realizados en la búsqueda de datos acerca de los orígenes de la imagen dieron como fruto las múltiples teorías que apuntaban a la teoría de que María Santísima de la Esperanza del Valle hubiese sido realizada bien por el ilustre imaginero malagueño Juan de Astorga Moyano bien por alguno de los miembros de su taller. Esos mismos estudios concluyeron asimismo que suponía una gran dificultad tanto concretar la fecha de su ejecución como realizar con precisión un análisis estilístico de la Virgen teniendo en cuenta el desconocimiento en lo relativo al estado de la efigie antes su restauración por Juan Ventura en torno al año 1983.

No obstante, a pesar del indiscutible valor artístico de dicha imagen, en la que tantos han visto de forma clara la gubia del anteriormente mencionado escultor, de su indiscutible belleza y de su presencia en los difíciles primeros pasos, el año 2001 trajo consigo unos aires de renovación a la Hermandad de la Cena que pasaban por la sustitución de la antigua titular por la actual del consagrado artista cordobés, la cual sería bendecida en la significativa fecha del 18 de diciembre de ese mismo año, abriéndose camino en una corporación cuyos miembros la recibían con la ilusión que cabe esperar de un hecho de estas características.

Así, la primitiva y por algunos extrañada Esperanza del Valle se desvinculaba al fin de la historia de la hermandad que un día la acogió con los brazos abiertos para encontrar en el pueblo de Santa Eufemia su nuevo destino – donde algunos testimonios aseguran que la Santísima Virgen que pudiera realizar Juan Astorga se encuentra en la Parroquia de la Encarnación – dejando una huella imborrable en la cofradía del Jueves Santo y sembrando en muchos la duda de si no será este uno de esos ejemplos en los que se deja pasar la oportunidad de conservar entre nosotros una gran joya de la imaginería.