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La jugada maestra de la Pastora de Triana

¡Al cielo con ella, vámonos de frente, reina, guapa, valiente! Estas serán algunas de las expresiones y de los adjetivos con los que los cofrades sevillanos habrá elogiado desde sus casas a la cofradía y a la Virgen tras leer la noticia que publicaba hace tan solo unas horas Gente de Paz: La Hermandad de la Divina Pastora de Triana pospone su procesión anual (que tiene lugar en la segunda quincena de septiembre), al 30 de octubre tal y como permiten sus reglas.

Sevilla tiene ganas de ver un paso en la calle, y los pastoreños del arrabal lo saben; de hecho parecen ser los únicos que tienen constancia. Digo esto porque primeramente ya estábamos hartos, si permiten que este humilde redactor se incluya en el lote, del inmovilismo y el pasotismo de las autoridades eclesiásticas, civiles y cofradieras de la capital andaluza, así como de las propias hermandades; y segundo porque en lugar de hacer el ganso, tal y como han propuesto y ejecutado distintas corporaciones de Penitencia y de Glorias en los últimos meses con experimentos extraños y salidas a la puerta con su Titular Mariana para presidir un concierto de una banda, la Pastora ha tomado una decisión coherente, brillante y muy inteligente. Les explico en las siguientes líneas.

La Pastora, como describía precedentemente, tendría que salir a la calle en la segunda mitad de este mes, que es la fecha en la que tradicionalmente procesiona. Es evidente que esto no va a ocurrir en este septiembre de 2021, al menos no en su paso ni tampoco con sus costaleros a tenor del decreto que impulsó el arzobispo emérito Asenjo antes de marcharse y que prohíbe el culto público en Sevilla hasta nuevo aviso.

Este decreto es el motivo por el que la Hermandad de la Pastora de manera inteligentísima como dije antes, ha cambiado la fecha al 30 de octubre. ¿Y por qué a ese día? ¿Por qué tan solo un mes después?

Es verdad que las reglas de la corporación dan vía libre en ese sentido, determinando que debe ser la junta de gobierno quien concrete la fecha de la salida anual, a diferencia de la procesión que sí está fijada en la normativa de la corporación gloriosa. Pues bien, se ha elegido el día 30 de octubre sencillamente por motivos prácticos, o lo que es lo mismo, para tener posibilidades reales de salir. Sigo concretando.

El arzobispado de Sevilla ha de tomar una decisión en las próximas semanas, y puede que días, sobre el regreso del culto externo, debido a la proximidad del traslado del Gran Poder a los barrios con menos recursos de la ciudad, prevista para mediados de octubre; y que este año, a diferencia del anterior, se antoja ineludible en la atmósfera cofradiera.

Sería ésa la razón por la que la Divina Pastora quiere procesionar con su Virgen acabando el mes de octubre, ya que si Palacio acepta la vuelta del culto en las calles en septiembre y el Señor de Sevilla a su periplo por la ciudad, nada impediría la procesión o al menos una salida (quizás en andas si no se permitieran los costaleros como ocurre en otras provincias andaluzas), de la Pastora trianera.

Hay que quitarse el sombrero ante el arrojo y la creatividad de una junta de gobierno que verdaderamente quiere y sobre todo debe cumplir sus reglas, las cuales como ya se ha indicado estipulan la salida procesional.

La pelota se encuentra ahora en manos del prelado hispalense Saiz Meneses, que esta mañana recibía el palio Arzobispal de manos del nuncio apostólico. Don José Ángel podría dar su primer golpe en la mesa de su nueva diócesis con ese anhelado decreto que pondría fin a las restricciones y permitiría disfrutar, de una vez por todas, de las Imágenes en las calles, evangelizando y repartiendo fe y esperanza a todos los fieles.

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