El 18 de julio de 1936 fue una jornada en la que el odio irracional acabó con un sin fin de obras de arte y de tesoros devocionales, que forman parte de la memoria colectiva de Sevilla y sus sevillanos. Entre las múltiples joyas que fueron pasto de las llamas, se encontraban multitud de enseres pertenecientes a la Hermandad de la Macarena, que se encontraban en la que entonces era su sede canónica, San Gil, que fue devastada por el fuego. Durante la madrugada se produjo el incendio intencionado de la Parroquia de San Gil Abad y de la Capilla propiedad de la Hermandad. A las doce de la noche, después de un tiroteo intenso, con voces, carreras y golpes, se pudo reconocer que del templo de San Gil se veían salir llamas de todos sus rincones.

Los incendiarios se dirigieron a continuación al almacén de los pasos, situado frente al templo, pero al ser estos descubiertos por vecinos desde los balcones, desistieron realizar otro acto de vandalismo sobre las Imágenes, pasos y objetos que se guardaban allí. Las Imágenes del Señor de la Sentencia y de Nuestra Señora del Rosario fueron depositadas en el almacén de los pasos, frente a San Gil. La Virgen de la Esperanza se trasladó al domicilio particular de un hermano. En el mes de octubre de ese año, la Hermandad se traslada a la Iglesia de la Anunciación. En el atentado fueron destruidos el Cristo de la Salvación, obra de Pedro Nieto en 1630, antiguo titular cristífero de la corporación sevillana y la Virgen del Carmen, que presidía el altar mayor en ese momento para protagonizar sus cultos. Entre las muchas joyas que se perdieron se encontraban numerosas piezas de ajuar pertenecientes a la dolorosa de la Madrugá.
La Basílica de la Macarena ha sido el escenario de la recuperación
de una parte de la historia perdida por aquel sinsentido fratricida ocho décadas después de aquellos terribles sucesos, con la presentación en sociedad y la bendición de la nueva saya para la Virgen de la Esperanza. Una pieza que reproduce la saya original de Rodríguez Ojeda que fue bordada en 1914 y destruída en el mencionado incendio de San Gil de 1936 y que era conocida como la saya “de la urna”. La hechura de la saya original fue adelantada el 13 de febrero de 1914 por el diario «El Liberal», que anunciaba el estreno de una saya color granate para la imagen de María Santísima de la Esperanza Macarena en la madrugada del Viernes Santo -10 de abril- de ese mismo año.
Se ha rescatado el diseño original sobre fotografías de la época del modo más fidedigno posible. En el diseño de esta pieza Juan Manuel Rodríguez Ojeda apostó por la simetría, partiendo de un eje central -a modo de candelieri- se suceden elementos decorativos de los que parten ramificaciones que se extienden por toda la pieza. En esta saya Rodríguez Ojeda utiliza uno de los grafismos característicos de sus diseños, la urna funeraria, que centra algunos de sus dibujos. De ahí que se conozca como la saya “de la urna”.
La composición tiene una base vegetal, seguida de una asociación de tallos unidos por una abrazadera, que genera un pequeño espacio central, cubierto por hojas, análogas a las de las ramificaciones laterales, y soporta una proyección superior en la que se inscribe la urna funeraria. En palabras del profesor Luque Teruel, el planteamiento, simbólico, combina las formas vegetales, alusivas a la nueva vida, con la urna que remite al cuerpo de Cristo que, redimiendo al hombre de los pecados, le proporciona de molde externo a María, en este caso la Virgen de la Esperanza, que asume la condición de tabernáculo del cuerpo de Cristo y se convierte así en una medidora de excepción, en ejemplo ineludible para la salvación.
Para realizar esta obra, el taller elegido es el de Mariano Martín Santonja, quien encargó a su diseñadora, Maravillas Fernández, la reconstrucción gráfica de la saya a partir de las fotografías existentes. El resultado es un diseño fiel hasta el más mínimo detalle posible de la pieza original, respetando escrupulosamente la distribución de los elementos que la componían. Allí donde ha sido imposible conocer el dibujo original se ha utilizado el método comparativo con otras sayas similares existentes (Virgen de la Hiniesta y Virgen del Mayor Dolor y Traspaso), si bien el porcentaje de bordados realizados a través de este procedimiento ha sido mínimo. La saya se ha bordado a realce en oro fino, utilizándose un soporte de color granate, tal como la original.
Las técnicas utilizadas han sido el ladrillo, media onda, muestra armada, puntita, mosqueta, cartulina y hojilla. Las distintas puntadas se han utilizado así: muestra armada en jarrones centrales, perfilado en cordón de torzal, perfilado en lentejuelas, piezas confeccionadas en lentejuelas y otras salpicadas con las mismas. Los hilos han sido muestra, torzal, moteado y hojilla, con los diferentes grosores necesarios según el tipo de textura empleado en cada pieza. La obra ha sido financiada en su totalidad por dos hermanos donantes, que desean mantenerse en el más estricto anonimato, sin que haya supuesto coste alguno para la Hermandad de la Macarena.
En el acto de presentación han participado el Hermano Mayor de la Hermandad de la Macarena, José Antonio Fernández Cabrero, el bordador de la pieza, Mariano Martín Santonja, y el Secretario de la Esperanza, Francisco Castilla. El bordador, Martín Santonja que ha dedicado la saya a su madre que falleció hace apenas dos meses y que «sólo pudo ver el trabajo a medias, un trabajo que ella tenia una una gran ilusión en ver concluída».. Por su parte Fernández Cabrero ha mostrado su eterno agradecimiento tanto al bordador como a los donantes anónimos.


















