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El Capirote, Opinión

La manía de cargárnoslo todo

Como saben, ayer se trasladó la imagen de la Virgen del Rosario hasta el Convento del Espíritu Santo. No hace falta recordar cómo uno ha de comportarse en el interior de un templo ni tampoco cómo ha de actuar si acude a un lugar regido por unas novicias. Pero parece que al final van a tener que tejer toda una serie de carteles para recordar cuestiones mínimas de comportamiento porque el norte parece que definitivamente lo estamos perdiendo.

Y es triste cuando además se hace con tradiciones de siglos que han pasado por capítulos mucho más difíciles que los actuales, pero parece que la mala educación puede ser la herramienta más eficaz si lo que se pretende es hacer caso omiso de las indicaciones y actuar como a uno le venga en gana.

Para ponernos en situación hay que recordar el cuidado traslado de la Virgen del Rosario, así como su llegada al citado cenobio. Tras ser colocada y rezar tres avemarías y el canto de la salve, el sacerdote pide que los allí presentes vayan abandonando el templo para dejar que la priostría pueda acondicionar mejor el espacio donde estará durante más de una semana la imagen. Pero pocos hacen caso omiso de las palabras del religioso y continúan con sus móviles tomando fotografías. Y el cura vuelve a recordar el lugar en el que nos encontramos procurando que se guarde silencio en un lugar de tales características. Pero el público continúa haciendo caso omiso, e incluso hay personas que desean acceder al interior.

Poco a poco los fotógrafos abandonan el templo, pero se quedan en la puerta sacando fotos nuevamente. Y los que están fuera siguen queriendo entrar y los de dentro no tienen todavía intención de abandonar el espacio. Y el sacerdote se ve obligado por segunda vez a recordar que tienen que salir de las inmediaciones. Llega hasta tal punto la cuestión que hermanos de Monte-Sión se ven obligados a tener que cerrar las vetustas puertas que estaban de par en par y abrir las más pequeñas porque ya se llega a un punto insostenible. Y, quien conozca el interior del templo sabrá que el espacio no es demasiado grande como para acoger una multitud que en líneas generales hizo caso omiso de las indicaciones.

¿Hasta cuándo la falta de respeto va a seguir imperando en el mundo de las cofradías? Preocupante es que hasta en un traslado tengan que vivirse momentos de empujones o rifirrafes máxime cuando un sacerdote tiene que aseverar por segunda vez que se abandone el templo. ¿Por qué hicieron falta más de una intervención, cerrar incluso las puertas para que nos diésemos cuenta de que había que abandonar un lugar donde además reina el silencio? ¿Somos personas adultas? ¿En qué se nota? Antes de salir, uno podría hacer examen de conciencia y pensar en si realmente está preparado para acudir a ciertos actos o de lo contrario quedarse en casa para no deslucir momentos que podrían dejar un mejor recuerdo sin su presencia.

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