Espectacular, sublime, radiante, majestuosa… todo calificativo se queda corto para describir la presencia de la Virgen de la Merced por las calles de Córdoba este inolvidable sábado que pasará la historia para la Corporación de San Antonio de Padua. Una jornada única e irrepetible en la que el olor de las más de 2000 varas de nardos que lucía el paso del Carmen de San Cayetano, en el que ha caminado entronizada la dolorosa de Francisco Buiza, ha inundado los rincones por los que ha peregrinado el nutridísimo cortejo que ha acompañado a la Reina del Zumbacón de regreso a su hogar mercedario.
Un paso que, adicionalmente a sus magníficos respiraderos de plata de ley, ha sido adornado por los candelabros arbóreos de San Rodrigo, patrón de Cabra, componiendo una imagen insólita para la dolorosa, lo que ha añadido un valor añadido más a una procesión que ya forma parte de la memoria colectiva de los cordobeses. Para la ocasión, el paso ha sido exornado por Rafael Barón con las ya mencionadas varas de nardos regaladas por los hermanos de la corporación que pusieron en marcha la operación “un nardo, un euro”, dando buena cuenta de la inmensa devoción que despierta la Merced.
Magníficamente ataviada, íntegramente de mercedaria, por su vestidor Antonio Villar, como corresponde a esta ocasión única e irrepetible, la Virgen, bellísima, ha lucido la correa de terciopelo negro, realizada por Villar con bordados antiguos que el propio artista le ha regalado y que ya estrenará en el reciente besamanos, y un espectacular y original tocado de tablas que es un guipur francés de oro del siglo XIX, propiedad de fray Ricardo de Córdoba, montado sobre una seda natural, con el característico pellizco en a frente.
Ha vestido un manto blanco de vistas, cedido por La Paz, complementado con el de salida de la propia dolorosa. Además ha llevado en el pecho el fantástico broche realizado por Manuel Valera, donado por la juventud mercedaria, y el escudo ofrendado por la Pastoral penitenciaria que le fue impuesto por Monseñor Demetrio Fernández el pasado 24 de septiembre, que contiene el emblema de la pastoral en el centro y el escudo de la Orden de la Merced. Todo ello para un conformar un magnífico conjunto para esta jornada única.
Desde el punto de vista musical, el cortejo ha sido precedido por la banda de cornetas y tambores Coronación de Espinas, un lujo para los amantes de la música procesional de alto nivel, derrochando, como acostumbra, un gusto exquisito en cada una de las interpretaciones con las que ha deleitado al numeroso público asistente que ha do trufando cada centímetro que separaba la Iglesia de la Merced de San Antonio de Padua. Por su parte, el nivel evidenciado por la Banda de Música Tubamirum de Cañete de las Torres ha sido sencillamente brutal, de auténtica barbaridad, derramando sus notas tras el manto de la dolorosa.
Tras la espectacular salida del templo del Palacio de la Merced, ante el numeroso público que esperaba ansioso la salida de la Virgen, el cortejo se adentró en unos abarrotados Jardines, que este sábado, más que nunca, han sido de la Merced, para dar comienzo al rosario de magia y fantasía que la Merced ha propiciado durante sus estancia en el vergel de la Plaza de Colon, convirtiendo su transitar por los jardines, uno de los momentos más esperados de la procesión, tal y como ya pronosticó para Gente de Paz el hermano mayor de la cofradía, en una auténtica barbaridad, Antonio Ruf. Un enclave en el que Tubamirum no ha dejado de tocar enlazando marchas como «Pasan los Campanilleros», «Esperanza de Triana Coronada» o «Coronación de la Macarena»; un derroche que puesto sobre la mesa el poderío de una de las mejores bandas que pisan la ciudad de San Rafael.
Desde ahí todo fue espectacular, impecable: Santa Marina, Moriscos, el Muro de la Misericordia… cada metro recorrido mereció la pena, cada instante cruzando la mirada con una de las bellezas insustituibles de la Córdoba Cofrade se convirtió en un recuerdo imperecedero… hasta que la blancura infinita de la Virgen de la Merced se apoderó de las inmediaciones de su hogar, en cuya puerta se despidió de todos los presentes, con la promesa de una nueva noche de magia, el próximo Lunes Santo. La procesión extraordinaria de la Virgen de la Merced ya ha concluido, pero el recuerdo, permanecerá inalterable en la memoria para siempre.


















