La Hermandad de la Estrella de Huelva capital vio materializado el pasado lunes el proyecto del nuevo paso de palio para su titular mariana. El mismo correrá a cargo del prestigioso orfebre Ramón León quien, junto a miembros de la Cofradía, descubrió el proyecto en la Parroquia del Carmen. Un proyecto que ilusiona tanto a la Hermandad como al artista, quien asegura que le llena de ilusión. Ramón León describe el proyecto de la siguiente forma:
Realizando un breve resumen de esta advocación de Virgen de la Estrella contaremos que desde el siglo III antes de Cristo, el Monte Carmelo, ya servía como refugio de ermitaños que se retiraban del mundo en vida penitencial, a la espera de la llegada del Mesías. El profeta, junto a su comunidad, habitaba en este monte, en el que oraba por su pueblo, expectante de la llegada del Salvador. La orden carmelita, inspirada por la vida del profeta Elías, se ubica originalmente sobre ese monte, en un paraje abierto al Mediterráneo, en Israel.
El Monte Carmelo, viñedo, o mejor dicho, jardín de Dios, es llamado de esta forma, por la riqueza y fertilidad de sus tierras. Los carmelitas, llevan unas vidas austeras, sobrias, de entrega plena a la oración y a la piedad donde María es nombrada Madre y protectora. San Alberto, patriarca de Jerusalén, en los principios del siglo XIII, aprueba la regla ermitaña, dando total norma eclesial a los carmelitas. Como he dicho anteriormente, esta orden, toman como madre protectora a La Virgen, a la que hacen llamar: “Santa María del Monte Carmelo” o “Flos carmelis” lo que se podría traducir como, Flor del jardín de Dios.
Cuenta una leyenda carmelita, que en los años treinta del siglo XIII, poco después de haber sido aprobada la regla, los frailes, se ven obligados abandonar Tierra Santa, bajo la espada persecutoria de los Sarracenos. La geografía del terreno y la situación de los invasores, los obligan a embarcar, e huir por el mar. Es entonces, cuando en medio de la desesperación, y del desconocimiento en la lectura de los astros que guiaban a los marinos, María, se aparece y se hace presente ante ellos para dar consuelo, convertirse en faro y guía diciéndoles: No temáis hijos míos, yo seré para vosotros, la “Estella Maris” yo seré vuestra Estrella de los Mares. María, se convierte en guía y capitana de estos hombres que acabarían desembarcando en puertos como Sicilia, Chipre, Marsella, Inglaterra, Barcelona, Mallorca, Valencia…
Todos los puertos que los carmelitas pisaban, fueron conociendo el milagro de la Virgen que guiaba a los navegantes como Estrella de los Mares. Este acontecimiento histórico, hace que a la Virgen del Monte Carmelo, se la reconozca como Estrella de los Mares, que es como le canta su Salve. Naciendo también de esta forma, la advocación de Virgen de la Estrella, protectora y guía de los hombres de la mar.
Como sabemos, desde el 15 de septiembre de 1989 están aprobadas las reglas de la hermandad por la Autoridad eclesiástica, quedando erigida canónicamente en la Parroquia de Ntra. Señora del Carmen de la villa de Huelva, como hermandad de penitencia con el título de “Carmelita Hdad. y Cofradía de Penitencia de Nuestro Padre Jesús del Prendimiento traicionado por Judas; y María Santísima de la Estrella”. Esta Hdad. está agregada desde la misma fecha a la orden del Monte Carmelo según documento emitido por el Prior General de la Orden, D. John Malley. Cuando llega a la corporación la imagen de la Sagrada Titular María Santísima de la Estrella, fue bendecida el 15 de diciembre de 2001, en dicho acto la imagen fue amadrinada por la Hermandad de la Estrella de Sevilla y por la Armada de la República Argentina representada por su agregado naval en España el capitán de navío D. Cristian Pérez Colman.
Es por este apadrinamiento la vinculación con la armada argentina que tiene a la Virgen Stella Maris como patrona. Por decreto oficial firmado por el presidente Agustín P. Justo, fechado en Buenos Aires el 18 de agosto de 1937, la Virgen María, bajo la advocación de “Stella Maris” (Estrella del Mar), ha sido declarada Patrona de la Armada Argentina. Las primeras imágenes de Nuestra Señora “Stella Maris” debieron llegar al Río de la Plata con los descubridores; pero más allá de la devoción a ella, no comenzaría a difundirse sino mucho después, al iniciarse la actividad pesquera en la costa atlántica. El culto se extendió a los hombres que compusieron las dotaciones de las primeras naves de guerra argentinas, en la lucha por la independencia.
Estas ideas son las que nos han guiado en la realización de este proyecto que hoy presentamos a todos los hermanos de la hermandad y público en general. Como los antiguos marineros, que leían las estrellas para marcar su rumbo en el océano, María como estrella del mar, nos guía por las aguas difíciles del mundo, hacia el puerto seguro que es Cristo. Por ello nuestra idea es que su paso, altar itinerante, sea un faro de luz que guie a las almas errantes a un puerto seguro. Todo debe ser luz en su paso, refulgente, luminoso. El palio es una gran barca que va recogiendo almas errantes por medio de arcángeles supervisados por santos carmelitas. La Virgen tripula, preside esta nave sobre una barca que recuerda la vinculación con la armada argentina. Es una barca que surca las olas en cuyo mascaron va un arcángel que sustenta la cruz naval a los servicios distinguidos en el grado de cruz naval laureada que le fue otorgada por dicha armada en 2005. Dicha barca es amparada por dos faroles que se inspiran en los antiguos de buque y se asienta sobre una peana donde van inscritas estrofas de la salve marinera. Esta vinculación a la armada también se recoge en los candelabros de cola donde arcángeles sustentas salvavidas y anclas de esperanza a la vez que la bandera argentina ondea tras ellos. Se componen de doce luces cada uno. Faroles de barco dan luz a este trono refulgente en los laterales, luz de fe. Todo debe ser un ascua de luz, radiante y refulgente como una estrella. De ahí el uso de la malla en el palio y el color crema tan carmelita a su vez en los faldones.
El oro, la plata brillante con los tubos del varal donde zonas lisas reflejen más la luz. La candelaria, los candelabros de cola, las estrellas que rematan el varal. Todo debe rezumar luz. En los faldones van estrellas que son los católicos que a ejemplo de María tenemos que dar luz al mundo. Con una cenefa baja que va reproduciendo un perfil de oleaje. En los respiraderos bordados sobre mallas que representan redes de pescadores van almas errantes que piden auxilio e intermediación a la virgen. Ella a través de arcángeles los va rescatando y subiendo a la barca que es su palio bajo la mirada de santos carmelitas como San Juan y Santa Teresa de la Cruz en el frente y otros como San Alberto de Jerusalén, Maria Magdalena de Pazzi, Pedro Tomas, Santa Joaquina de Vedruna, Ángel de Sicilia, etc…en los laterales.
En el centro del frontal la representación de la Virgen del Carmen también titular de la hermandad rodeada de ángeles sobre un sol de rayos dorados se eleva al igual que los santos carmelitas sobre la línea del moldurón hasta quedar prácticamente al nivel de la entrecalle de la candelería. Como maniguetas se han elegido figuras de delfines marinos, símbolo de la resurrección. Algo que también se ve reflejado en las asas de las cuatro jarras que lleva el palio en los laterales.
Casi todo está ya explicado, los varales se han pensado con basamento redondo sobre los cuales una corona real corpórea en dorado remarca la condición de reina de los cielos de la sagrada imagen de María. Cielo que van representado en la parte superior de las bambalinas por medio de nubes y cabezas de ángeles y en cuyo centro superior de cada una va representado el lucero de la mañana que queda entre las perillas en forma de estrellas. Ambos referentes de guía para los marinos desde la antigüedad.
En la bambalina frontal se representa el escudo de la hermandad.
Para resumir la idea de este paso, se potencia en él a Maria como el ejemplo mas admirable de la Iglesia y, como Madre y Estrella, la guía en el III Milenio, como la definió S.S. Juan Pablo II, Ella se alza y resalta en el paso de palio, y su pureza, entrega a Dios y caridad llenan de gloria a la misma.












