Hace ya tiempo, y así nos jactamos en Gente de Paz de recordarlo cada vez que la ocasión lo propicia, que el nombre de Edwin González ocupa, por derecho propio, un lugar de privilegio enraizado en la esencia de la imaginería cordobesa contemporánea. Su obra lleva años diseminándose, con indiscutible reconocimiento, por toda la geografía cofrade, evidenciando que nos encontramos ante uno de los artistas con un presente más rotundo y un futuro más brillante de cuantos extienden la semilla de su innegable capacidad artística por los cuatro puntos cardinales.
Una verdad indiscutible que se revela en todas y cada una de las obras con las que González va asombrando al mundo con una personalísima manera de concebir la imaginería dotando a sus imágenes de un sello propio, perfectamente reconocible, más allá de las lógicas influencias de quienes han sido sus maestros. Una realidad constatable que ha vuelto a quedar de manifiesto con la nueva imagen nacida de sus manos, la talla de un imponente crucificado vivo, que representa el instante en el que el Hijo de Dios se dirige al más amado de sus discípulos San Juan, y pronuncia una de las frases más simbólicas de cuantas contienen el Evangelio, Acce Mater Tua «Ahí está tu Madre”, por cuanto sitúa a la Virgen María como Madre de toda la humanidad a través de la que obtener la intercesión y alcanzar el paraíso de su Hijo. Un crucificado de tamaño académico labrado en madera de cedro policromado con oleos extremadamente simbólico e inspirado en la imaginería del siglo XVII, destinado a una colección particular en California, Estados Unidos.
No es la primera vez que en este medio nos hacemos eco de la incontestable maestría de González a la hora de plasmar su arte a través de la gubia. El pasado mes de noviembre, sin ir más lejos, fue notica la culminación de un conjunto escultórico gubiado para la hermandad de la Entrada de Jesús en Jerusalén y Nuestra Señora de la Paz, de la localidad onubense de Trigueros, que, al igual que ocurre con este espectacular crucificado, asombra y emociona al mismo tiempo, por la impresionante capacidad del imaginero para ser capaz de representar la figura de Jesús, dotada de una serenidad y una dulzura incalculables y, simultáneamente, de la fuerza inabarcable de Aquél que vino a revolucionar el universo, como Edwin González viene revolucionando la imaginería en los últimos tiempos.
Así ocurrió igualmente con la imagen de San Juan Bosco que concibió para Córdoba así como con otros trabajos precedentes con los que puso sobre la mesa su especial sensibilidad, la calidad de su obra y la innegable creatividad que emana de su manejo de la gubia. Cabe recordar otras tallas con las que el excelente imaginero ha dejado su sello en múltiples obras repartidas por todo el universo Cofrade, como el maravilloso Cristo de la Luz para la Sagrada Cena, el Santísimo Cristo de la Conversión para le hermandad del Císter o el Cristo de la Divina Misericordia para Alcalá de Guadaira, entre otras muchas imponentes maravillas.



































