La Pastora de Santa Marina inicia este domingo los traslados de su coronación canónica: itinerario y horario

La procesión partirá de la calle Amparo a las ocho de la tarde rumbo a San Pedro, en el primero de los actos preparatorios para la coronación que tendrá lugar en septiembre

La Divina Pastora de Santa Marina vivirá este domingo 31 de agosto un acontecimiento señalado dentro de los cultos extraordinarios previos a su coronación canónica, fijada para el último sábado de septiembre en la plaza del Triunfo. La jornada abrirá la serie de traslados que anteceden a tan esperada efeméride.

La comitiva saldrá a las 20:00 horas desde la capilla de la calle Amparo, discurriendo por Madre María de la Purísima, San Juan de la Palma, Gerona y Doña María Coronel, hasta alcanzar la plaza de San Pedro aproximadamente una hora más tarde. Allí permanecerá la imagen para presidir el triduo de la comunidad parroquial y otros actos vinculados a esta preparación espiritual y devocional.

Una hermandad con raíces universales

La historia de esta corporación resulta difícil de condensar, pues acumula una primacía inigualable: fue la primera hermandad en el mundo en venerar a la Virgen como Pastora y también la primera en jurar la defensa del dogma de la Asunción. Entre sus fechas decisivas destacan 1703, año de la fundación en San Gil por el padre Isidoro, pasando al año siguiente a Santa Marina; y 1730, cuando la familia real, instalada en Sevilla por traslado de la corte de Felipe V, se inscribió en la corporación y dotó sus cultos.

Otros hitos esenciales jalonan su devenir: en 1795, la Santa Sede otorgó a los Capuchinos oficio y misa de la Madre del Buen Pastor, lo que facilitó la expansión de la advocación por todo el orbe; en 1823, la hermandad fue recibida personalmente por Fernando VII y su familia; en 1882, Roma extendió el privilegio litúrgico a toda la diócesis; en 1903, se celebró con solemnidad el segundo centenario y el voto asuncionista; en 1936, la pérdida de Santa Marina por un incendio condenó a la corporación a 56 años en sedes provisionales; en 1950, la imagen acudió a la Catedral para la definición dogmática de la Asunción; y en 1992, se estableció definitivamente en la capilla de la calle Amparo, restaurada casi en su totalidad, abriendo una nueva etapa de esplendor. En el año 2000, al cumplirse el 250 aniversario de la muerte del padre Isidoro, los pastoreños de Sevilla se unieron en una conmemoración extraordinaria.

Una obra maestra atribuida a Ruiz Gijón

La imagen de la Divina Pastora posee un valor incalculable tanto en lo devocional como en lo artístico. La tradición la atribuye al insigne Francisco Antonio Ruiz Gijón, autor del Cristo del Cachorro, en torno a 1704-1705. Con 1,20 metros de altura y sedente, ofrece un rostro juvenil de rasgos dulces y sutilmente arrebolados. Fue restaurada entre 1991 y 1992 por el profesor Juan Manuel Miñarro.

El patrimonio de la hermandad incluye también el lienzo fundacional de Alonso Miguel de Tovar, de gran trascendencia para fijar la iconografía de la advocación. La capilla, por su parte, conserva un raro ejemplo de arquitectura manierista en su portada-ventana y un valioso artesonado. Entre sus obras contemporáneas destacan la Santa Marina de Palao Baños, policromada por Berlanga, y el Cristo del Amparo, tallado por Gamero Viñau. Piezas históricas de gran interés completan el ajuar, como el célebre Simpecado del Duque de Osuna, un regio ostensorio de plata, la cruz procesional con querubines y un paso neorrocalla de 1960.

Devoción y curiosidades

Aunque sus vestiduras impidan percibirlo a simple vista, la Pastora es en realidad una escultura de bulto completo, ricamente estofada bajo los tejidos. Su proyección universal queda atestiguada en el azulejo de Puerto Belgrano (Argentina), enviado por la hermandad a petición de unas religiosas que habían conocido su rostro en un cartel del Mayo Mariano. La devoción pastoreña fue respaldada por santos y beatos, entre ellos Santa Ángela de la Cruz, quien la escogió como patrona del Noviciado de las Hermanas de la Cruz. En este 2025, además, se cumple el décimo aniversario de su permanencia en la capilla de la calle Amparo, tras su ejemplar restauración.